la necesidad se mezcla con el negocio y la inacción oficial

Decadencia chacarera: el fruto de la incompetencia

La gestión de Gustavo Jalile agravó los problemas de Valle Viejo y generó otros. Proliferan los asentamientos, que se apoderaron hasta de canales de riego.
sábado, 01 de septiembre de 2018 · 04:12

La ocupación de terrenos fiscales y privados Valle Viejo crece a pasos agigantados es rasgo más característico de la gestión del intendente Gustavo Roque "Gallo" Jalile, bajo la cual se agravaron los problemas históricos del distrito chacarero. Abandonada por un municipio que restringe sus servicios al radio céntrico y los puntos más visbles, Valle Viejo se convirtió en tierra de nadie, donde la usurpación ya es moneda corriente.

El Ancasti se pudo comprobar el la proliferación de asentamientos en un amplio territorio ubicado entre la Circunvalación y la ruta 33, a escasos metros de fincas productivas. 

Varias hectáreas ya fueron usurpadas. Cada uno de los terrenos cuenta con su delimitación y el apellido de las familias  ocupantes. En otros ya se levantaron precarias construcciones a pocos metros de la Circunvalación.

La tarea es diaria y se refleja el desmonte y la apropiación incluso de acequias de riego destinadas durante años a producción en la zona. 

El asentamiento colinda con un basural, donde la presencia de alimañas, los olores nauseabundos y la quema indiscriminada convive con las precarias viviendas en ejecución y pone en riesgo a toda la zona no solo por cuestiones de saluid, sino por la posbilidad de incendios forestales como el que se desató hace una semana.

Pese a la ostensible tarea que llevan adelante los ocupas, a la fecha el municipio no intervino de ninguna manera: ni para evitar la usurpación de terrenos, ni para resguardar el crecimiento de un conglomerado habitacional a metros de la basura, ni para organizar al menos el asentamiento.
La modalidad sin dudas será a futuro un gran problema para el municipio a quien le corresponderá hacer frente a la instalación de los servicios básicos y un gran riesgo de salubridad para la población.
En medio de todo, la picardía de quienes usurpan los terrenos para luego venderlos, algunos de ellos vinculados con sectores de la política.

Este asentamiento es el último registrado en la gestión de Jalile, cuya incompetencia para atender el problema es simultánea a la desidia. Hay movimientos tendientes a avanzar con asentamientos en otros puntos del distrito, pero el municipio permanece indiferente.

La edificación de precarias construcciones no se detuvo antes ni se detiene ahora, ni siquiera cuando es sabido que en muchos casos la usurpación forma parte de un lucrativo comercio, que se perpetra a costa de la necesidad de otras familias.

Sucedió en las zonas de Los Bajos, Los Plateados, ya convertidos en populosos barrios. También en Villa Dolores, en la zona donde se instala el hospital, y en Polcos. La inacción oficial frente a las usurpaciones se fue constituyendo en algo habitual, a sabiendas de la irregularidad.

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