Matteo Salvini, líder de la ultraderechista Liga y flamante ministro del Interior italiano, viajó este domingo a Sicilia para volver a defender el discurso antiinmigración que lo llevó al Gobierno. El dirigente llegó a Sicilia para apoyar a los candidatos de su partido en una serie de elecciones municipales previstas el 10 de junio.
"Respecto a la inmigración, no seguiremos una línea dura, sino una línea del sentido común", dijo. Según datos oficiales, más de 13.500 migrantes llegaron a Italia desde comienzos de año, a pesar de los controvertidos acuerdos entre el ex gobierno de centroizquierda y las autoridades y milicias libias, que permitieron reducir el número de llegadas en más del 75% desde el verano de 2017.
El viernes por la noche, horas antes de que Salvini asumiera su cargo de ministro, 158 personas, entre ellas nueve niños, llegaron a Pozzallo tras ser rescatadas frente a las costas de Libia por un barco humanitario, en una operación coordinada con la guardia costera italiana.
"Se acabaron los buenos tiempos para los clandestinos. Prepárense a hacer la maleta", avisó Salvini el sábado por la noche durante un mitin en Vincenza, en el norte del país. Para acelerar las expulsiones de los inmigrantes, Salvini deberá multiplicar los centros de internamiento de migrantes y los acuerdos con sus países de origen, muchos de los cuales no tienen prisa por que regresen sus ciudadanos. Para conseguir rápidamente los fondos necesarios, Salvini exige "un buen tijeretazo en los 5.000 millones de euros" dedicados cada año a la acogida de demandantes de asilo.
Salvini acudirá el martes a Luxemburgo para una reunión de los ministros del Interior de la Unión Europea, donde se abordará la revisión del acuerdo de Dublín, que obliga a los migrantes a presentar su solicitud de asilo en el primer país europeo al que llegan. Esa norma tiene fuertes consecuencias para Italia, que recibió a más de 700.000 migrantes desde 2013.