A poco más de un mes de iniciada, los trabajadores despedidos de Eyelit decidieron ponerle fin a la lucha simbólica que llevaban adelante con un acampe en el ingreso al predio ubicado en Sumalao.
A poco más de un mes de iniciada, los trabajadores despedidos de Eyelit decidieron ponerle fin a la lucha simbólica que llevaban adelante con un acampe en el ingreso al predio ubicado en Sumalao.
El cansancio y la desazón de muchos terminaron por hacer sucumbir el acampe, aunque no la lucha legal para que la firma, que aún trabaja con normalidad en la provincia de Buenos Aires, pague por sus más de 30 años de servicio.
Tras el embargo de la vieja maquinaria que Eyelit dejó en su cierre en la provincia, los ex trabajadores se hicieron de fuerza para abandonar definitivamente el predio que los albergó por años, decididos a emprender un nuevo camino y la búsqueda de un nuevo horizonte laboral.
La decisión fue difícil, pero ya no había más por hacer. Un grupo de trabajadores encaminó por su propia cuenta el reclamo legal, que retrasó a costas de la ilusión de que la firma decidiera dar marcha atrás y recuperar su producción en Catamarca. Algunos lo hicieron por su propia cuenta, otros se mantuvieron con el apoyo gremial de SOIVA y SETIA.
El cierre de Eyelit, tras 35 años de trabajo tomó por sorpresa y formó parte de una novela con idas y vueltas, que quedó en la nada.
El 15 de noviembre, los 58 operarios de la firma se dieron con el predio cerrado. La empresa no dio mayores detalles y levantó su mejor maquinaria y se fue.
En medio de la desazón tras un centenar de pérdidas de fuentes de trabajo con la partida de Alpargatas, la Provincia salió a buscar seducir a la firma porteña para que retomara su producción.
Una segunda oportunidad comenzó a gestarse a los días del cierre. El Ministerio de Producción se entrevistó con la empresa y le propuso una batería de medidas. Subsidio al flete, para paliar la deslocalización geográfica; incorporar los REPRO, para que el costo laboral se reduzca al mínimo; beneficios impositivos nacionales con impacto en Ganancias y demás. Pero no fue insuficiente.
El análisis se extendió por más de una semana y media, y finalmente Eyelit dijo si, pero con condiciones. Pretendía retomar su producción, pero a costas de reducir de 5 a 3 sus jornadas laborales, con lo que el sueldo –costeado en un gran porcentaje por los REPRO-, se reduciría casi a un 60%.
Para el titular del SOIVA, Raúl Rivero, Eyelit iba a trabajar en Catamarca a costo cero. Pero no fue suficiente.
La desconfianza de los trabajadores terminó imponiéndose y de esos 58 operarios, solo 16 manifestaron su deseo de volver a la fábrica. Pero otra vez, fue insuficiente.
Eyelit rechazó toda la propuesta y se fue sin pagar ninguna indemnización.
Un grupo de 8 trabajadoras ya inició un camino legal y lograron el embargo de la maquinaria, saben que es vieja y poco valor, pero se aferran a que al menos algo pueda paliar de la pérdida laboral.
El reloj ya corre y el miércoles próximo finaliza el plazo para que la empresa responda con el pago, caso contrario las maquinas marcharán a remate.
Pero la espera sigue, hasta ahora los trabajadores solo recibieron de desempleo, y ninguna de las otras promesas llegó a plasmarse.