13 de junio de 2012 - 00:00
Nadie quiere comprar dólares
El siguiente es un análisis simple y didáctico que intenta echar luz en torno a la polémica vigente acerca de la demanda de dólares.
La Ley original decía que el Banco Central estaba obligado a vender a quien quisiera, un dólar a 10.000 australes. Justo un año después otra ley dijo que 10.000 australes equivalían a un peso. Seguramente si entre 1995 y 1999 se hubiera hecho otra Ley que dijera que para comprar un dólar hacían falta 1.30 pesos, no se habría generado el desbarajuste que se hizo con la devaluación y la pesificación.
¿Para qué servía esto? Para dar seguridad a la gente y al mundo que cualquiera podía comprar dólares libremente. El efecto, luego de un corto período, fue que nadie salió desesperadamente a comprar dólares, y su valor se mantuvo constante por 9 años. El resto de las políticas y efectos de esa época son otro tema que no pretendo discutir en este espacio, porque el resultado final, entre otras cosas, fue que al no estar permitido emitir moneda, la salida fue la de adquirir cada vez más deuda pública.
El ejemplo sólo sirve a efectos de dejar en claro que cuando se permite comprar dólares, no hay mercado paralelo ni corridas, que esto sucede sólo cuando se aplican prohibiciones. Salvo, claro, que las reservas no alcancen...
¿El dólar a 5,10, como dice Aníbal?... Puede ser, sólo hace falta que el Banco Central venda en el mercado paralelo unos pocos millones de dólares (pocos, porque el mercado paralelo es muy reducido respecto del total de transacciones). Pero, como dice un amigo mío, se puede ser policía o delincuente, pero no las dos cosas a la vez, y si el Central interviene en el mercado negro, eso es ilegal.
La convertibilidad sólo explica que permitir comprar un bien, en este caso el dólar, lejos de hacer aumentar su demanda y su precio, lo deprime. Claro que hay un requisito: para que esto sea viable, tiene que obligatoriamente mantenerse la relación razonable del peso con la del dólar. Y esto no pasa si el peso vale cada vez menos. A esta altura del partido, no importa ya si la relación con el dólar debe ser de 4, de 5, de 6 pesos o cual fuere. Lo que importa es impedir que el peso no valga, no sirva, no conserve el poder de reserva de valor.
Por esto, nadie puede decir que esto es sólo una crítica sin ofrecer alternativas, y la prohibición claramente no lo es. Eso sí, hay que entender que la inflación, aunque tenga varios orígenes, no es posible de bajar si el Gasto del Gobierno sigue aumentando a más del 34% anual, y la recaudación, como lo acaba de declarar el Gobierno, va en descenso.
CESAR RODRIGUEZ
ECONOMISTA.
(ARTICULO PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA DEL MARTES 12 DEL DIARIO AMBITO FINANCIERO).
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