13 de julio de 2011 - 00:00
Disputa por la bandera progresista
OPINIÓN
Otro caso llamativo es el de Ecuador. La administración nacionalista liderada por Rafael Correa insiste en autoreferenciarse, entre otras cosas, como defensora de la utilización de los medios de comunicación estatales con fines coherentes a los de la ciudadanía. No obstante, una reciente investigación del director de la organización, Dr. Mauricio Rodas, da cuenta de la al menos recurrente utilización de estos medios para la transmisión de cadenas nacionales. Entre enero de 2007 y mayo de 2011 se emitieron 1.025 cadenas nacionales de televisión y radio, equivalentes a 151 horas o a casi cuatro semanas laborables ininterrumpidas de transmisión, pese a que la Ley de Radio y Televisión de ese país indica que los funcionarios podrán solicitar (la emisión de cadenas) una vez al mes como máximo y sin exceder el límite de 10 minutos. Sin embargo, lo más llamativo es que, pese a que la misma norma sostiene que estas transmisiones serán usadas exclusivamente para la información de las actividades de las respectivas funciones, ministerios u organismos públicos, Correa las ha empleado con fines proselitistas y confrontación, de acuerdo al informe. Por ejemplo, el estudio registró 171 insultos del presidente (que empleó agravios como estúpido, perro, retardado y limitadito) a 80 personas entre las que se encuentran opositores políticos, periodistas, e incluso el mismo Rodas. Es preciso recordar que, por distantes que puedan ser las posturas ideológicas entre Correa y sus agredidos, éstos son, en definitiva, sus mandados y quienes, en última instancia, financian esas transmisiones con sus impuestos.Ética, discurso y ambicionesLos ejemplos expuestos sólo buscan exponer el hecho de que las autoreferencias ideológicas de ciertas políticas no necesariamente son coherentes con el corpus de ideas proclamado y, en ocasiones, pueden ni siquiera responder a determinadas seguridades éticas.
En este sentido, tampoco resulta del todo clara la relación ontológica entre estos cuerpos de ideas y la sustancia ética. Por ejemplo, el caso de la millonaria malversación del Grupo Nule a la alcaldía de Bogotá en materia de licitaciones de obras públicas -maniobras que habrían sido facilitadas por el suspendido alcalde Samuel Moreno (del Polo Democrático) y su hermano Iván-, lejos están de ser una demostración de ética. Y así pueden ofrecerse muchos ejemplos más.
Entonces, ¿cuál es el atractivo que produce que muchos dirigentes se esfuercen por autoidenficarse con la izquierda o el progresismo nacionalista, muchas veces pasando por alto sus pasados -en ciertos casos, recientes- antagonistas? A esta altura, pocas lecturas posibles parecen ofrecer alternativa a la mera necesidad de usufructo electoral de circunstancia, como si se tratara de una simple fórmula que funciona. Distantes de un genuino debate ideológico, la similitud discursiva entre varias de las propuestas que toman parte de las distintas instancias electivas de 2011 es tan llamativa que, en todo caso, sus oponentes tendrían el escaso mérito de diferenciarse.Daniel Lencina, desde Colombia, para El Ancasti Digital.
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