domingo 2 de agosto de 2026

Anarcocapitalismo

En una suerte de continuidad de las entregas anteriores, a cerca de la discusión actual de la economía, está bueno puntualizar algunas cuestiones.



El gobierno de EE.UU. dice estar saliendo de la crisis y a partir de ello está dispuesto a dar los consejos pertinentes a la eurozona, mientras que los líderes europeos dicen que necesitan un nuevo plan Marshall (fue una monumental inyección de dólares luego de la segunda guerra) que mejore la situación de iliquidez que amenaza con prolongar y profundizar la crisis, está claro que no se vislumbra una convergencia entre ambas posiciones a pesar que desde el jueves pasado se lanzó una acción coordinada para inyectar un mayor volumen de fondos en los mercados de crédito. El compromiso abarca al Banco Central Europeo, la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra, el de Japón, de Canadá y el Nacional Suizo. El objetivo es aliviar las tensiones en los mercados financieros y mitigar sus efectos en la oferta de crédito a hogares y empresas, ayudando así a reactivar la actividad económica, explicó el BCE en un comunicado. La medida implica una reducción en los costos de los denominados swap canje de monedas, que ofrecen liquidez en dólares a las bancas centrales, con lo que facilitan la disponibilidad de dinero para las entidades financieras, es decir más de lo mismo.



La cuestión es que no es solo una encrucijada económico financiera de nivel global, sino pasa que las necesidades políticas son contrapuestas, Obama, Sarkozy y Merkel, enfrentarán próximos procesos eleccionarios donde no votan griegos, portugueses o italianos, es decir que cada uno queda librado a su suerte, que está claro no es la misma según el caso.



Creo que en el fondo hay una discusión y es que, según de quien se trate, la cuestión política está por debajo del concepto dominante que se refiere a un capitalismo totalmente libre, donde el mercado es el espacio donde se resuelven no sólo las cuestiones económicas, sino todas aquellas que hacen a la organización social. Desde este punto de vista, los gobiernos deben dejar que el mercado resuelva por sí solo estas cuestiones, ya que cualquier intervención resultaría peor que lo que el mercado logra, léase el anarco-capitalismo.



Se podría rastrear la noción de anarco-capitalismo o anarco-liberalismo a lo que en economía se conoce como la mano invisible de Adam Smith y el laissez-faire, laissez-passer (dejar hacer, dejar pasar) de los economistas franceses de fines del siglo XIX. Este razonamiento (el de Smith) se pregunta cómo es posible que una sociedad de individuos egoístas y libres pueda existir sin colapsar, sin autodestruirse, si cada uno sólo busca su propio interés. La respuesta que nos da es que justamente la existencia del mercado es lo que permite que esto suceda, ya que es el mercado quien resuelve esta multiplicidad de intereses egoístas en una resultante que es colectivamente beneficiosa. Por eso no hay que preocuparse por regular o controlar el comportamiento de las personas salvo en el caso de los monopolios, ya que es el mercado el que mejor lo hace.



Si nos detenemos por un segundo a pensar en nuestra provincia, donde hace diez años la participación del sector gobierno en el producto bruto geográfico (PBG) era del 35% y hoy supera largamente el 50% (ni que hablar si descontáramos el impacto de la minería), es claro que las leyes del mercado excluirían a Catamarca de la economía en el mejor de los casos.



Por ello, es necesario el convencimiento en la opinión pública, que la economía nacional seguirá un curso favorable de crecimiento y estabilidad, sin cambios traumáticos en la producción, el empleo, los precios y los pagos internacionales.



Incluye en nuestro caso provincial, la idea de que aumentará el empleo y habrá oportunidades de aplicar el ahorro y la iniciativa privada, en la creación de nuevos emprendimientos y la ampliación de los existentes. Todo esto, en un marco institucional y político estable, como también, de relaciones positivas con el resto del mundo. Estos componentes fundacionales de la confianza real culminan en la creencia de que los catamarqueños somos capaces de administrar nuestra economía y de trazar nuestro propio camino. En resumen, la convicción en nosotros mismos y en un futuro promisorio y compartido.



Hasta la próxima.
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