12 de abril de 2010 - 00:00
Una salida que beneficia a todos
Si bien el Estado debe disponer la caída de estos subsidios durante el tiempo en que se encuentren trabajando en las cosechas, del mismo modo garantiza que una vez que finalicen vuelven a percibirlos. No obstante, el temor a que esto se retrase o no se cumpla termina siendo un factor decisivo: la gente prefiere no trabajar por miedo a perder su beneficio social.
Por el contrario, los trabajadores estarían dispuestos a ser tomados siempre que la relación se desarrolle en un marco informal, es decir, que se desempeñen en negro, de forma tal de percibir ambos conceptos: el subsidio nacional y el salario como cosecheros.
Pero esta situación representa un verdadero problema para los empleadores, ya que eludirían obligaciones con el fisco, y para el gremio de los trabajadores rurales, que obviamente se negaría a aceptarla.
Tal circunstancia somete a las economías regionales que dependen del trabajo temporal a una crisis muy profunda, debido a que no encuentran mano de obra para levantar sus cosechas y corren el peligro de perderlas definitivamente.
La única forma de romper este círculo vicioso es flexibilizar las normas y llegar a un acuerdo de partes.
La solución sería que el Estado propicie la adecuación de la normativa a los efectos de que los trabajadores sean ocupados en blanco por las empresas durante ese tiempo sin que por ello pierdan el beneficio económico.
Esto daría lugar a una serie de ventajas:- El Estado nacional recibiría los aportes y contribuciones al sistema de seguridad social que corresponden a los trabajadores y también lo que deben aportar las empresas al fisco. De ese modo, compensaría lo que deja de pagar a los beneficiarios de los subsidios sociales mientras trabajan en las cosechas.
- Así, el trabajador contaría con el doble beneficio del subsidio económico y de la retribución por su empleo temporal.
- El empleador, por su parte, se aseguraría la mano de obra y evitaría el riesgo de la ocupación ilegal.
- Y el gremio recibiría los aportes correspondientes. Finalmente, también se podría atenuar de esta forma la constante circulación de trabajadores golondrina por las rutas del país en los meses de cosechas, lo cual como se sabe ocasiona numerosos y diversos problemas.
El razonamiento es sencillo. Con el sistema actual, todos se perjudican; con los cambios propuestos, todos se benefician.
Sólo resta que las autoridades hagan las gestiones correspondientes y se adopten decisiones.
Lo que está en discusión es nada menos que el presente y futuro de estas economías regionales.
Atentamente,Silvestre Zitelli
PRESIDENTE
EDITORIAL CAPAYÁN S.A.
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