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EN NUEVE DEPARTAMENTOS DE LA PROVINCIA

Sigue la merma de denuncias por delitos contra la propiedad

Según estadísticas judiciales, en 2021 se registraron 5.689 denuncias. En 2020, hubo 5.898 y en 2019, 9.560.

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26 de mayo de 2022 - 00:10

De acuerdo con las estadísticas del Poder Judicial, por segundo año consecutivo, los delitos contra la propiedad registran una merma. Los datos corresponden a la Primera Circunscripción Judicial, que comprende los departamentos Ambato, Ancasti, Capayán, Capital, El Alto, Fray Mamerto Esquiú, Paclín, Santa Rosa y Valle Viejo.

Según se detalló, durante el año pasado se tramitaron 22.422 expedientes, entre denuncias y actuaciones de oficios. El 25% de las actuaciones fue por delitos contra la propiedad. Es decir, de 5.689 denuncias, 3.406 corresponden a “robos”; 323, a “robos en grado de tentativa”; 1.847, a “hurtos” y 113, a “hurtos en grado de tentativa”.

En 2020, año marcado por la pandemia de coronavirus COVID-19, en las 12 Unidades Judiciales que funcionan en el Valle Central se asentaron 22.006 denuncias. En detalle, se anotaron 1.872 denuncias por “hurto” y 117 por “hurto en grado de tentativa”. En tanto que por “robo” –hechos consumados- se registraron 5.541 denuncias y otras 340 por “robo en grado de tentativa”. De esta manera, los delitos contra la propiedad sumaron 5.898 denuncias. Al mismo tiempo, tales representan el 27% de los denunciados.

En 2019 –previo a la pandemia-, en la Primera Circunscripción Judicial se asentaron, en total, 28.827 denuncias. De éstas, el 33% correspondían a delitos contra la propiedad. Es decir, de 9.560 denuncias, solamente 8.815 pertenecían a “robos” y 2.794 a “hurtos”. Este número había sido superior a 2018. En ese año, de 27.422 denuncias registradas, 8.242 correspondían a delitos contra la propiedad. Según se precisó, 7.643 correspondían a “robos” y 2.525 a “hurtos”.

En este contexto, de acuerdo con las estadísticas judiciales, entre 2021 y 2020, las denuncias por delitos contra la propiedad registraron una merma en el orden del 3,5%. Sin embargo, teniéndose en cuenta los datos correspondientes de 2019 –previo a la pandemia-, la merma oscila el 40%.

La ocasión

“La ocasión hace al ladrón”, reza el antiguo refrán popular. Aunque a menudo las palabras “robo” y “hurto” se utilicen como sinónimos, en la práctica se trata de dos delitos diferentes y términos jurídicos con distinto significado. El hurto es un delito doloso contra la propiedad que consiste en tomar cosas muebles ajenas con ánimo de lucro y sin la voluntad de su dueño legítimo. Por lo general, se aprovecha de una situación de “descuido” de la víctima, sin que medie violencia para apoderarse de algo de manera ilegítima.

En tanto que el “robo” consiste en el apoderamiento de cosas muebles con una intención de lucro ilícito. En este tipo de hecho, se suele ejercer algún tipo de fuerza en las cosas o violencia o intimidación en las personas. A la vez, se puede ejercer violencia para ingresar a un inmueble (romper una ventana o una puerta o un candado) o para amedrentar a la víctima. Ambos delitos pueden ser agravados, por distintas situaciones, sea la cantidad de personas que participen en el ilícito, en lugar –lugar poblado o despoblado-, el uso de algún arma; éstos pueden ser distintos elementos pero en el caso de las armas de fuego debe comprobarse la aptitud para el disparo –ello influye en la calificación-.

En ocasiones, los acusados que ocupan el banquillo, tanto en juzgados correccionales como en cámara criminales, responden por la apropiación ilegítima –sea “hurto” o “robo”, en cualquiera de sus matices- de teléfonos celulares, herramientas, electrodomésticos o ciclomotores.

Expediente de vida

En el ámbito judicial se registran varios expedientes que entre líneas cuentan historias de vida. En diciembre de 2019, un joven de 22 años había llegado a debate, en la Cámara de Sentencia en lo Criminal de Primera Nominación, privado de la libertad. El juez Carlos Moreno le remarcó que estaba ocupando el banquillo de los acusados por haber robado “cosas sin valor” –como un paquete de cigarrillos y un encendedor-. Dada las imputaciones con las que llegó a debate, el acusado se enfrentaba a una pena que podía ser de cinco años –la mínima- a 40 años como máximo. “La raíz de todo esto es tu condición de adicto. Tenés que comprometerte para salir y tratar de rehabilitarte. Por macanas, podés sufrir una pena como si hubieses matado a una persona”, le dijo.

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