domingo 8 de noviembre de 2026
Los daños que produce la violencia

"Se produce una inhibición del pensamiento"

La violencia atraviesa por completo a las víctimas y hace mella no sólo a nivel personal, sino también en relación con la familia y la vida social. Consultada por El Ancasti, Elena Rodríguez, psicóloga de la Oficina de Asistencia a la Víctima de Delitos del Ministerio de Gobierno, Justicia y Derechos Humanos, explicó la problemática de la violencia en víctimas atravesadas por situaciones extremas de vulnerabilidad.

“La violencia siempre produce daños y los daños no solamente se manifiestan a nivel individual. También se manifiestan a nivel familiar y a nivel social. En todas las víctimas termina generando sentimientos de vulnerabilidad y de inseguridad. En el caso de la violencia que se vive dentro de la familia es más complejo aún y más grave el daño porque quien lo produce, generalmente, es alguien conocido, que debería brindar cuidado y protección pero es de quien se recibe la violencia. Esto generalmente daña los vínculos de confianza en el otro. Se rompe generalmente el sostén y la confianza de quien debería cuidar y proteger”, detalló.

La profesional indicó que, a nivel individual, uno de los efectos más notorios del daño es la dificultad para poder pensar. “Se produce una parálisis del pensamiento, una inhibición del pensamiento”, advirtió. Respecto a la violencia intrafamiliar, señaló que, muchas veces, hasta se crea una gran confusión porque cuesta entender y poder comprender que quien debería cuidar es la persona que hace daño.

“Muchas veces esto genera que haya dificultades y hasta imposibilidades para poder dimensionar los riesgos, el peligro de muerte. También daña la autoestima, la autovaloración, el sentimiento de seguridad personal. Por lo tanto, se observa la dificultad para poder ver y para poder valorar las propias capacidades de los recursos internos para poder organizar el pensamiento, hablar con coherencia, para poder discriminar qué es lo importante de lo que es secundario para poder organizar su vida”, sostuvo.

Elena citó a una colega de referencia, Hilda Marchiori, creadora del primer centro de asistencia a la víctima en el país. Al respecto, indicó que “el delito fractura la vida de una persona”. La fractura en un antes y un después. “Justamente esta fractura muestra cómo la persona tiene que volver a reorganizar su vida. Por eso los daños aparecen en los distintos niveles, en el individual, en lo personal, familiar y social porque la persona que sufrió el daño generalmente tiene miedo y empieza a tener dificultades o a sentirse incapaz de poder actuar con autonomía, de poder llevar adelante su vida como lo hacía antes, empieza a ensimismarse, a encerrarse, a retraerse, aparecen sentimientos depresivos, marcados sentimientos de inseguridad y de temor constante. También observamos que empieza a aparecer la creencia y hasta el convencimiento de que no van a poder, de que no pueden hacerlo. Esto genera sentimientos depresivos y fuertes sentimientos de desesperanzas frente al futuro, el creer que esto no va a cambiar, que siempre va a ser así. Empiezan a aislarse de familiares, de amistades, de hacer actividades, de interesarse por el mundo exterior y esto agrava el estado de las víctimas”, explicó.

Abordaje especializado

A la vez, Rodríguez informó sobre la Victimología, una ciencia que refiere a la víctima como la persona que padece un daño. “Es importante tenerlo en cuenta. Cuando tenemos que atender a una víctima no debemos olvidarnos de que es una persona que está sufriendo y que se encuentra vulnerable. La reparación de los daños siempre lleva tiempo. Los daños se producen a nivel individual, familiar y social. Hay que reacomodar la vida familiar y, por ende, social, desde los aspectos económicos –que se modifican- hasta los afectivos. También es importante tener en cuenta los aspectos afectivos. Éstos conllevan una necesidad de reparación y de reorganización de daños a nivel afectivo. Las víctimas secundarias de la violencia también sufren daños. Ese estado de vulnerabilidad en el que se encuentran y se van a encontrar durante un tiempo largo, hasta que puedan encontrar y comenzar el camino de reparación de ese daño es importante tenerlo en cuenta, advirtió.

“No pueden por un momento hasta que puedan volver a poder. Éste es un aspecto importante de la vulnerabilidad en la que se encuentran, que es necesario considerar desde nuestro lugar técnico, de profesionales que atendemos a víctimas como desde el lugar familiar y social para quienes acompañan y se encuentran cerca de una persona que fue víctima de un delito. Si no se tiene en cuenta este aspecto, se obliga a las personas que hagan cosas que no pueden hacer. Este ‘no poder hacer’ es solamente por un tiempo, hasta que puedan iniciar el camino de reparación de ese daño”, consideró.

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