Juan Jesús Fernández, alias “El Gitano”, agotó esta semana las posibilidades de defender su inocencia ante los tribunales. Por eso ahora buscó, por primera vez, un micrófono. El condenado a prisión perpetua por el doble crimen del diputado nacional Héctor Olivares (UCR - La Rioja) y su asesor Miguel Yadón, que sacudió a la política argentina en mayo de 2019, habló con Infobae desde la cárcel de Ezeiza: “Me gustaría haber evitado todo porque no se merecían morir”, se sinceró.
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Juan Jesús Fernández, condenado por el crimen de Miguel Yadón y Héctor Olivares: "No merecían morir"
Condenado a prisión perpetua, dio una entrevista desde la cárcel y volvió a sostener que no fue responsable de los disparos.
En todo el proceso judicial, primero el Tribunal Oral Criminal N° 9 y luego la Sala III de la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional dieron por probada su culpabilidad como partícipe necesario de ambos homicidios, agravados por alevosía. La defensa presentó recursos ante el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad y la Corte Suprema de Justicia, pero ambos fueron desestimados. Así el proceso judicial quedó concluido, y la sentencia adquirió firmeza.
Aquella madrugada trágica, Fernández había estacionado su Volkswagen Vento sobre la Avenida de Mayo, a metros del Congreso de la Nación, justo frente al monumento a Mariano Moreno. En el asiento del acompañante estaba su primo, Juan José Navarro Cádiz, confeso autor material de los cinco disparos fatales. Usó una pistola semiautomática calibre .40 S&W, marca Bersa, modelo Thunder 40, con numeración visible y un sistema de mira láser.
El tirador murió en el Complejo Penitenciario Federal de Marcos Paz en 2023, dos años después de ser condenado a 45 años de prisión por los asesinatos. Se llevó a la tumba un secreto: por qué disparó, qué lo motivó a apretar el gatillo.
Durante la investigación se descartaron motivos políticos o personales. El Tribunal Oral Criminal N° 9 desestimó la coartada del asesino, que en el juicio dijo que quería tirarle a un ombú de la plaza y no vio pasar a las víctimas. Tampoco se comprobó la versión de la fiscalía, que sostuvo que el ataque se produjo por el “placer” de experimentar satisfacción o una diversión perversa al utilizar armas y causar daño, y que Olivares y Yandón fueron dos personas inocentes elegidas al azar como “blanco” para probar la pistola y su mira láser.
Otro punto clave que desechó el TOC N° 9 fue el fragmento de la declaración de Navarro Cádiz en el que aseguró que su primo no tenía nada que ver. Afirmó ante los jueces que Juan Jesús Fernández no sabía de la existencia del arma y dijo que aprovechó un momento en el que este se agachó para, disimuladamente, darle un trago a una petaca de whisky. No le creyeron. Para el Tribunal, esta fue una explicación de conveniencia acomodada para diluir responsabilidades.
Desde la cárcel, “El Gitano” recordó aquella noche como una de las tantas en las que se emborrachaba con amigos de la colectividad. Eran habitués de dos bares del centro porteño y de las inmediaciones de la Plaza del Congreso, donde siempre estacionaban sus autos. Allí, una y otra vez, consumían whisky y cocaína hasta enajenarse.
"Yo era una persona que salía muchas veces. Salía un día sí, un día no. O salíamos todos los viernes. Ese día estuvimos juntos más o menos desde las 21:30 hasta las 3. Los monté a todos en el auto, salimos del bar y nos fuimos a la Avenida de Mayo. Navarro nunca estuvo en nuestras reuniones”, empezó Juan Jesús Fernández en su relato desde el pabellón.
No es que se llevaran mal. En la comunidad gitana existe una costumbre casi inquebrantable: “Los niños con los niños y los grandes con los grandes”. Navarro Cádiz en ese entonces tenía 24 años, dos décadas más joven que su primo. Con otros del grupo, la diferencia de edad era aún mayor.
- ¿Cómo llega a su auto Navarro Cádiz?
- Yo me ponía a tomar cocaína dentro de mi auto y me ponía a beber. Terminé de hacer eso, doy la vuelta y me encuentro a Navarro Cádiz. Él me pregunta: “¿Me puedes acompañar a la farmacia, que tengo a mi hija enferma, a comprarle algo para la fiebre?”. Fui y lo acompañé. Se compró las cosas y lo llevé a su casa y volví de vuelta al mismo lugar, a la Avenida de Mayo. Estaba con un amigo mío, que se llama Luis. Es un hombre mayor que tendrá ahora como 75 años. Él me dice: “¿Me acompañas a mi casa, que voy a buscar plata?”. Lo acompañé, que quedaba por la calle Rivadavia, pasando Montevideo, y me aparco en doble fila. Él se baja a su edificio y yo estoy esperando ahí con las balizas puestas. Y en unos segundos escucho la puerta de atrás. Cuando miro, era Navarro Cádiz, que estaba otra vez ahí.
Tanto “El Gitano” como su primo relataron durante el juicio que el haberse encontrado aquella noche fue una coincidencia. Lo cierto es que ambos volvieron a estacionarse al pie de la plaza, en Avenida de Mayo, para seguir consumiendo. Así hasta las 6:50, cuando se escucharon los disparos.
- ¿Usted sabía que él estaba armado? ¿Cuándo vio el arma por primera vez?
- En ningún momento. Ni me había percatado de que él llevaba un arma, ni sabía sus intenciones, porque él vino normal, muy calmado. Y después de que estuvimos hablando, ahí se empezó, pues, a alterar un poco, por problemas con su mujer y con su suegro.
En un momento él perdió la noción y mató a estas dos personas. Yo quise sacarle el arma, por eso aparece mi ADN (N. de R.: también encontraron rastros genéticos en un proyectil). Hice un forcejeo, pero no se dejó. Entonces, como estaba perdido, yo temía por mi vida, creía que también me iba a matar a mí.
Yo me bajo, veo al hombre tirado en el piso y al otro (el diputado Olivares) encorvado, sentado en la calzada. Yo, como no escuchaba porque el disparo me dejó sordo, le decía: “Ya viene la ayuda”. El hombre respondió con todas sus dolencias y con todo lo que tenía que le habían disparado desde el auto.
- En las cámaras de seguridad se ve que usted sale del auto, algo le dice a las víctimas, luego abre la puerta trasera izquierda y mete el cuerpo en el coche. ¿Qué es lo que hace en ese momento?
- Yo me fui para atrás porque Navarro se fue a la parte de atrás y abrió la ventana. Como yo vi la ventana, me percaté de que a lo mejor quería accionar de vuelta el arma o algo de eso. Entonces abrí la puerta de atrás y ahí empezamos otro forcejeo. Le tiré ahí adentro un par de piñas y luego lo bajé del auto.
Entonces, bueno, yo estaba en estado de shock, ¿bien? Por lo que había sucedido. Para mí no era tan fácil como te lo estoy contando ahora. Pasaron casi ocho años.
Entonces yo salí tranquilamente, esperé el semáforo en la esquina y después doblé para ir a buscar a los padres de Navarro. Pero no hubo abandono de persona, porque ya estaban la policía y un ciclista.
Yo me puse a revelar toda la verdad y a disposición de toda la justicia. Le di mi clave del teléfono del iPhone, del iCloud, para que ellos abrieran el teléfono y no encontraron absolutamente nada, ninguna conexión con estas dos personas. Yo no las conocía.
- En el juicio se determinó que usted bajó la ventanilla del lado del conductor y corrió su cuerpo de forma tal que permitió disparar a Navarro Cádiz.
- Yo fumaba en aquella época. El cristal lo tenía siempre abierto. Únicamente el cristal estaba cerrado cuando me iba a drogar, para que la gente del parque no me viera que yo estaba tomando. El cristal yo nunca lo bajé, la ventana siempre estuvo abierta. Cuando salen todas las cámaras, se ve que la ventana del auto está abierta. Lo que pasa es que, como usted sabe, siempre hacen croquis de las cosas y recopilan lo que ellos quieren y lo otro lo guardan.
- ¿Por qué disparó Navarro?
- Hasta hoy en día yo me lo pregunto y no, no lo sé. Está comprobado que no fue premeditado. Lo mismo si hubieran pasado dos personas que tres o que cuatro, igual las hubieran matado. Yo que me encuentro aquí hace ocho años y hasta hoy me pregunto por qué lo hizo, cuál fue su intención. Yo lo único que te puedo decir es que cuando estaba en el auto, yo solamente lo notaba a él, que solamente hablaba de su esposa y hablaba de su suegro. Y que tenía un resentimiento con ellos. Pero ya después, en unos segundos, se quedó ciego y sucedió lo que tuvo que suceder.
Hoy Navarro está muerto y cae todo sobre mí. Eso también es mi preocupación. Él dijo en el juicio que fue él quien mató, pidió perdón a los familiares. Y dijo estas palabras: “Le pido perdón a los familiares porque lo que hice no tengo años con qué pagarlo”. Y también: “Mi primo estuvo ahí conmigo, pero él no tenía nada que ver. Él bebió y todo, pero él no sabía que yo llevaba un arma y tampoco sabía lo que iba a hacer”.
- ¿Cómo se tomó la noticia de que falleció en la cárcel?
- No me lo tomé ni bien ni mal. Me lo tomé como algo, como una justicia. Porque hay algo arriba que lo equilibra todo. Le hizo esto a esta familia, pues bueno, yo creo que hubo justicia en eso, la verdad, porque destrozó tres familias. Me destrozó a mí, a mi familia, destrozó la vida de Yandón y Olivares y a sus familias. Y bueno, para mí se lo merecía. Yo siempre oré por él, siempre lo tuve en mis oraciones porque soy un buen creyente.
- Viendo todo en retrospectiva, ¿haría algo distinto de cómo actuó? Tal vez su conducta después del crimen, porque usted fue detenido en Entre Ríos.
- Es que las cosas fueron tan rápidas y yo no sabía nada. Fueron cinco segundos los que tardó en disparar. Sabiéndolo hoy en día, pues totalmente lo hubiera evitado. Me gustaría haber evitado todo, porque no se merecían morir. Si yo hubiera sabido en ese momento que tenía un arma encima, se la hubiera sacado. Pero solo vi el arma cuando ya estaba disparando.
Me llevaron engañado a una cabaña en Entre Ríos y me secuestraron. Ahí me dejaron encerrado y la señora de la cabaña llamó a la policía, por eso nos encontraron.
- ¿En algún momento habló con las familias de las víctimas? ¿Siente la necesidad de pedirles perdón?
- Si pudiera decirle algo a la familia de Olivares y de Yandón, es que si yo hubiera sabido que él tenía un arma, se la hubiera quitado para que no sucediera nada. Hubiese prevenido en todo momento las cosas. Mi vida no es así. Yo también sé del dolor de la familia y sé lo que siente, pero yo no soy el culpable de esas muertes. Yo no tengo antecedentes, nunca pisé una comisaría.
- ¿Cómo pasa sus días en la cárcel?
- Pues, mis días en la cárcel son malos. No tengo ningún día bueno. Todos son malos. Mucha tristeza, mucho dolor. Sobrevivo porque soy fuerte de mente. Y por el apoyo de mi familia, de mi esposa, mi hijo y mi hija, mi nieto y mis hermanas y todos mis primos y tíos del extranjero, que me apoyan mucho, que me llaman y, bueno, me dan fuerza para seguir adelante, bíblica y espiritual.
Te puedo decir que aquí en la cárcel todos los días para mí son un martirio.
Fuente: Infobae