viernes 3 de abril de 2026
Vulnerabilidad extrema

Femicidio de Milagros: siete chicos duermen en una pieza y cuatro adultos en otra

“A veces tenemos para comer, a veces no. Aún no pudimos recuperar los documentos de sus hijos”, dijeron desde la familia de la víctima.

Por Carlos Bulacio

Pasaron más de 45 días del asesinato de Milagros Vázquez (23) y sus tres niños siguen viviendo en absoluto estado de vulnerabilidad, en una casa con dos habitaciones: siete menores duermen en una pieza y cuatro adultos en la otra.

Once personas en dos habitaciones, compartiendo una pequeña cocina comedor y una letrina a punto de derrumbarse.

La casa (ver foto) pertenecía al padre de Milagros y de sus hermanas. Era empleado municipal y con su fallecimiento dejó una pensión que beneficia a la madre de la joven.

En esta vivienda conviven la dueña de casa, sus hijos y sus nietos entre ellos, los tres niños que tuvo Milagros con el único sospechoso del femicidio, Juan Carlos Aguilar (53).

En un primer momento Aguilar fue pareja de la madre de Milagros, cuando ésta y sus hermanos eran pequeños. Todos convivían en una pequeña vivienda que construyeron conjuntamente con Aguilar, en un amplio terreno.

Durante esa convivencia, signada por una relación tóxica, el hacinamiento y la ausencia total del Estado comenzaron los abusos a Milagros, con quien tuvo el primer hijo cuando ella tenía aproximadamente 13 años.

En el cuidado de ese hijo –y los dos que le siguieron siempre con el mismo padre–, fue clave el acompañamiento de la abuela, la madre de Milagros quien al intentar poner fin a su relación con Aguilar recibió como respuesta una brutal golpiza por la cual el hombre fue condenado a varios meses de prisión efectiva.

Cuando Milagros fue mayor de edad continuó la relación con su agresor, y la abuela se fue a vivir con sus otros hijos en la casa de su difunto marido.

Aguilar

Familiares directos de Milagros contaron quién era realmente Juan Carlos Aguilar, conocido por sus amigos como “El Santiago”.

“Apenas si nos ayudaba para comer. Cuando estábamos todos juntos traía algo de alimento para el hijo que tuvo con Milagros y nada más. No nos dejaba salir a ningún lado, para trabajar o tener

contacto con alguien. Y cuando podía ir a la Iglesia, si me demoraba se enojaba y me retaba”, relató la mamá de Milagros.

“Era muy malo. Se enojaba, no me dejaba tener contactos con mi familia o que ellos vengan a la casa. Siempre fue así. Teníamos que esperar que él venga de trabajar para pedirle las cosas que hacían falta porque cuando llegaba la época de cobro, él recibía su sueldo y se quedaba con lo que yo cobraba de pensión. Se quedaba con toda la plata y teníamos que rogarle para que nos compre algo para comer”, aseguró.

En diálogo con El Ancasti, explicó que la pensión corresponde a un monto mínimo que ella cobraba porque Aguilar no sabe manejar cajeros automáticos, que se sumaba al sueldo que él percibía como empleado en una cantera.

“Mi hija Milagros cobraba un salario por su hijo. Él venía y la llevaba al súper para que compre mercadería para él, para su (otra) casa, y le dejaba para el chiquito. Él nunca me ayudó en nada. Yo viví con él y mis hijos y después me fui de ese lugar a la casa que me dejó (mi esposo). Yo le ayudé mucho a cuidar animales, a limpiar un terreno y otras cosas más, pero él nunca me ayudó con nada ni agradeció nada”, remarcó la mujer.

La vida de la abuela tuvo un cambio importante porque Milagros se quedó con Aguilar y sus tres niños, pero el hacinamiento continuó.

El femicidio de Milagros -según las pericias del caso producido por Aguilar-, dejó en la calle a los tres niños quienes quedaron a resguardo de la abuela que llevaba años sobreviviendo junto a sus otros hijos –que mientras tanto le dieron nietos-, con una pensión y la recompensa por ocasionales changas.

Comentó además que dos de los cinco chicos están escolarizados, y que “gracias a los vecinos y otra gente que nos ayudó, tenemos ropas para ponerle a todos”.

“Ahora somos 11 en esta casa de dos dormitorios, cocinita y comedor. A veces tenemos para comer y a veces no. Mis hijos varones hacen changas y con lo que cobro tratamos de darnos vuelta. De los cinco niños, dos van a la escuela. Como me quedé con los tres de ella, fui a la Municipalidad para pedir que me ayuden con lo que sea y me dijeron que no podían porque no tienen plata”, dijo la mujer.

Caballo

A parte de su mensualidad, Aguilar se quedaba con el dinero de la pensión, le quitaba a Milagros el salario que cobraba por su hijo, y la asignación familiar que le pagaban por los otros dos hijos que tuvo con ella.

“Él manejaba la plata y si nos daba algo para comprar, solo se podíamos comprar lo que él ordenaba”, agregaron desde el entorno familiar de la víctima.

Recordaron también que “hace aproximadamente dos años compró un caballo peruano porque manejaba la plata de la familia”, y lo “usaba para desfilar y para ir a las fiestas. Gastaba mucho en ese animal”.

Abandono

“Desde que murió Milagros no tuvimos ni ayuda ni acompañamiento psicológico del Estado, ni siquiera para sus hijos. Del Hogar Warmi nos trajeron algo de mercadería, pero después nadie de la Justicia ni del Juzgado de Familia vino por acá. Solamente vinieron de Acción Social del Hospital Liborio Forte”, remarcaron.

Por otra parte, informaron que “cuando ella murió se cortó todo y ninguno de los tres percibe algún dinero. Estamos haciendo al trámite de tutela porque pasan las semanas y los chicos tienen que alimentarse. Tampoco nos entregaron la documentación, las libretas sanitarias ni su ropa porque no nos autorizan a entrar a donde vivían”.

Aseguraron además que al momento de la detención de Aguilar, tras el crimen, “tenía una bolsa con dinero y el salario de los chicos. De esa plata no nos dieron nada para mantenerlos”.

Para finalizar, advirtieron que por la situación en la que están viviendo, “pedimos que por favor nos ayuden con alguna ampliación o lo que sea para estar un poco mejor”.

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