sábado 26 de noviembre de 2022

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Fundamentos de la condena de prisión efectiva para in violento

"El testimonio de la víctima debe ser valorado como prueba"

También se advirtió, por pericias y otros elementos, que la víctima se encuentra dentro de una espiral de violencia.

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“Las conductas del imputado configuraron actos de violencia física y psicológica, bajo la modalidad de violencia doméstica, basada en una relación desigual de poder por su posición dominante de masculinidad a contrapelo de su pareja, una mujer extremadamente vulnerable psicológicamente, a la cual sometió a su exclusiva voluntad, negándole su propia personalidad y autodeterminación mediante una vigilancia constante a causa de sus celos excesivos e inseguridades personales”, remarcaron los jueces de la Cámara de Sentencia en lo Criminal de Segunda Nominación. El párrafo pertenece a los fundamentos de una condena de dos años y un mes de prisión efectiva para un violento. La audiencia se había llevado a cabo el pasado 8 de noviembre. El acusado llegó escoltado por personal del Servicio Penitenciario Provincial para responder por los delitos de “privación ilegítima de la libertad por ser cometida con violencia (hecho nominado primero) y desobediencia judicial (hecho nominado segundo) todo ello en concurso real y en calidad de autor”. Tales ocurrieron en febrero de este año y desde entonces se encuentra privado de la libertad en el penal. El condenado había encerrado a su pareja y luego incumplido una restricción de acercamiento.

El Tribunal que lo condenó estuvo integrado por los jueces Silvio Martoccia, Luis Guillamondegui y Miguel Lozano Gilyam. La elaboración del voto estuvo a cargo del juez Martoccia. El magistrado consideró que el caso debía ser valorado con perspectiva de género. A la vez, indicó que se debe “abrir” el hecho hacia el contexto.

“Los hechos tuvieron ocasión fuera del alcance de testigos, en el domicilio que compartían la víctima y victimario, en el que ambos se encontraban solos al momento en que este último privara a la víctima de su libertad ambulatoria. Al ser propio de la naturaleza de esta clase de violencia, el testimonio de la víctima debe ser valorado como única prueba directa del hecho. Junto al testimonio de la víctima obran pruebas que, consideradas indirectas y de contexto, permiten corroborar su relato y acreditar fehacientemente lo ocurrido. En tal sentido, la prueba psicológica sobre la víctima adquiere un valor fundamental para demostrar la violencia ejercida contra ella y la extensión del daño causado por el agresor”, detalló.

El Tribunal precisó que la pericia psiquiátrica efectuada a la víctima determinó, en primer lugar, que posee tendencia a subestimar la causa en cuestión. La mujer justifica las acciones de su agresor y asume la responsabilidad. En este marco, se advierten rasgos de inestabilidad emocional y fragilidad de recursos para afrontar la situación.

“Tal conclusión debe ser abordada junto a las distintas instancias en las que la víctima intentó desistir de su denuncia como a través de distintas misivas presentadas ante la instrucción. Entre otras cosas, solicita la anulación de la orden de alejamiento y exclusión del hogar de su acusado, manifestando renunciar a todas las acciones civiles y penales contra éste, aduciendo que su acusado es su único sostén psicológico, emocional y económico”, remarcaron.

Espiral de violencia

Para los magistrados, las pruebas y las pericias efectuadas ponen de manifiesto “la extrema vulnerabilidad de la víctima” por su dependencia emocional, afectiva y económica hacia su agresor. “Esta dependencia absoluta la coloca en una constante disyuntiva existencial sobre su futuro incierto, en la cual no concibe otros proyectos de vida, que la llevan a sostener que denunciar a su pareja fue una decisión equivocada. Por ello, pidió en reiteradas veces una reconsideración de la situación. A la vez, asumió la responsabilidad por los riesgos que corriera su integridad. Estas conductas no son sino el reflejo del ciclo de violencia por el que se encuentra transitando la denunciante a causa del cual ésta pretende desistir del proceso”, explicaron.

En contraste, indicaron que la pericia psiquiátrica realizada sobre aquél advierten “rasgos manipulatorios”. Durante la pericia psicológica, su relato fue selectivo. Negó el hecho y desprestigió el contexto de la víctima. “Asimismo, señala indicadores compatibles con reacciones defensivas agresivas, no pudiendo éste controlar sus impulsos de manera saludable, expresando situaciones compatibles con el circuito de violencia establecido dentro de la pareja”, precisaron.

Para los magistrados, tales conclusiones permiten inferir que los actos violentos, junto con la manipulación desplegada por el condenado, coinciden plenamente con la dependencia emocional y la naturalización de la víctima respecto al ciclo violento que los tiene como protagonistas en calidad de víctima y victimario. A ello, se suma un informe de evaluación de riesgo proporcionado por la Oficina de Asistencia a la Victima. Éste indica un riesgo alto. “Resulta en un todo coincidente con el informe remitido por la Secretaría de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Provincia, que determina un riesgo alto para la víctima. Dan cuenta de la situación en la que se encuentra inmersa la denunciante y de la necesidad urgente de adoptar todas las medidas necesarias de protección hacia ella, siendo contrario a ello, como puede inferirse, admitir cualquier tipo de renuncia, arrepentimiento o retractación de ésta ante el proceso incoado. Del mismo modo, los distintos testimonios recabados por la instrucción acreditan la existencia del contexto de violencia de género en la cual se encuentra inmersa la víctima”, valoraron.

Expediente

De acuerdo con la investigación de la causa, el 14 de febrero último, alrededor de las 9.30, la pareja se encontraba dentro de su casa, en Valle Viejo. En un momento dado, se generó una discusión entre ambos. La mujer se dirigió a la puerta de la casa –único acceso de entrada y salida al inmueble- con intención de retirarse de lugar. En la oportunidad, el acusado puso sus dos manos sobre los hombros de su pareja. De esta manera, se produjo un forcejeo entre ambos. El acusado tomó su llave que estaba colgada en un clavo, cerró con llave la única puerta de ingreso y egreso del domicilio y se la guardó en el bolsillo. Luego, continuaron con los forcejeos. A la vez, se rompió el celular de la mujer, quien quiso tomar sus llaves de la casa y del auto (las cuales estaban en un mismo llavero) del clavo en el que estaban colgadas pero ya no se encontraban. Después, en varias oportunidades, la mujer se acercaba a la ventana y el acusado la empujaba y la vigilaba. Cuando la mujer salía del domicilio, lo hacía en compañía del acusado. Trascurrieron varios días en la misma situación, hasta el 18 de febrero. Ese día, por la tarde, la mujer salió del domicilio con la excusa de acompañar a una vecina.

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