miércoles 23 de septiembre de 2026
CRIMEN DE LA OFRENDA A SAN LA MUERTE

“Decía que creía en San La Muerte, que se mataba él o mataba a alguien”

Se presentaron cinco testigos, entre ellos, el hijo de la víctima. También declararon algunos amigos.

Por Redacción El Ancasti

En la audiencia de ayer, en la Cámara Penal de Primera Nominación, se escucharon testimonios sobre la creencia popular en San La Muerte y Gauchito Gil, que se entrelazó con el consumo de sustancias como nafta, mezclada con alcohol y, de fondo, un contexto familiar complejo. En el banquillo de los acusados, Lucas Carrizo (19) escuchó a los cinco testigos que se presentaron para dar su versión de los hechos. El joven debe responder por el delito de “homicidio doblemente calificado por criminis causa y ensañamiento”. El 7 de julio del año pasado, en Pomán, Petrona Cristina Centeno fue brutalmente asesinada, con más de 40 puñaladas. 

“Voy de una corridita a ver a mi hija”, recordó el hijo de la víctima, ante los jueces Fernando Esteban, Carlos Moreno y Mauricio Navarro Foressi. Esas palabras la había expresado el 7 de julio, por la tarde. Desde temprano había intentado comunicarse con su madre, pero no lo había logrado. Entonces, decidió ir a su casa. Al llegar, la vio tirada en el suelo y pensó que se había descompensado. “Al acercarme, veo sangre y puntazos en el abdomen. Vi los cortes; era todo sangre en la cama y en el piso. Empecé a gritar. No podía creer lo que estaba pasando. Tantos cortes, con tanta maldad. Ni un animal podía hacer esto”, recordó.

El hijo de Petrona advirtió luego la puerta de ingreso había sido violentada y que faltaron dos monederos con dinero. “Pensaba que esto solo se ve en las grandes ciudades. No imaginé que podía pasar en Pomán”, comentó. Con la palabra “crueldad”, definió al crimen de su madre. Luego, respondió preguntas por parte del Ministerio Público Fiscal, representado por el fiscal de la Cámara Penal de Segunda Nominación Gustavo Bergesio, como así también del abogado defensor Víctor García. 

El segundo testigo era un ‘conocido’ de Carrizo. Contó que la noche anterior al crimen, habían estado compartiendo con amigos en un festejo por el cumpleaños de un amigo en común. “Cerca de la 1:00,  llega Lucas. Se lo veía raro. Dijo que se había drogado con nafta”, detalló. 

Habían comprado más bebidas alcohólicas. También, contó que Carrizo había contado que tenía problemas con su familia, que era discriminado. “Decía que se sentía mal, que solo creía en San La Muerte y en el Gauchito Gil; que tenía una deuda: se mataba él o mataba a alguien”, aseguró. 

El joven comentó que “sabiendo sus antecedentes”, podía ser capaz de un crimen como el que se cometió. “No tengo esas creencias. Para mí, son extremas”, aclaró. Por la ‘mala fama’ de Carrizo, el testigo declaró que al cumpleañero le había advertido de “no juntarse con Lucas porque robaba cosas. Lo hice como amigo. Lucas tenía una relación con la droga. Sé que estuvo arrestado por violencia y por robo. Mi pueblo es chico, el chisme corre”, advirtió.

El tercer testigo fue el joven que había cumplido años, la noche anterior, amigo del acusado, aunque se habían conocido apenas de dos meses, aclaró ante el Tribunal. “Contó que rendía tributo a San La Muerte y al Gauchito Gil. Decía que si iba preso, se iba a matar. A San La Muerte le decía ‘El Bicho’, que le decía que me mate porque lo quería cambiar, que ‘El Bicho’ no lo dejaba tranquilo, que lo atormentaba, que si no mataba a alguien, se mataba él”, detalló. 

La noche previa, al llegar a su casa para el festejo, Carrizo le confesó “aspiré nafta”. Aún así, el cumpleañero lo invitó a pasar. “Pasá, sentate y portate bien”, fueron sus palabras. Según recordó, el acusado “habló de San La Muerte, que su vida no tiene sentido, que si no mataba a alguien, se mataba él… Él hablaba mucho de la muerte”, aseguró. 

Otro testigo también recordó las palabras de Carrizo. “Dijo que había un bicho que le decía que tenía que matar. Le dije que se olvide de esas ideas porque lo iba a hacer cagar. Frente al estrado se presentó un tarotista. Recordó que Carrizo lo había llamado por teléfono. “Quería que le tirara las cartas para saber su suerte. Insistía con que le eche las cartas”, precisó. El testigo le preguntó “qué macana te mandaste”. Era el martes 7 de julio. No sabía que una mujer había sido asesinada. “Pensé que le había pegado a su pareja", dijo. 

Cuarto intermedio
Finalizada la audiencia, se pasó a un cuarto intermedio hasta el viernes próximo, a las 9. Luego, el defensor García pidió permiso al Tribunal para que el joven pudiera ver a su madre, bajo protocolo. Argumentó que desde hacía más de un año no se veían. Se le concedió el permiso, por 10 minutos, bajo la vigencia de personal del Servicio Penitenciario, sin poder abrazarse ni estrechar las manos. A un metro y medio de distancia, madre e hijo pudieron hablar.

 

Devociones populares

Un esqueleto cubierto por una túnica negra y, en su mano derecha, una guadaña de lata que señala la igualdad ante Dios y que a cada uno le llegará "su hora". San La Muerte es una entidad pagana no canonizada por la Iglesia Católica. Cuenta la leyenda que a principios del siglo XVIII, en tierras guaraníes, un monje jesuita se apartó de su misión evangelizadora para curar a los indígenas.

Acusado de realizar actos de brujería por las autoridades, fue encerrado y aislado por un largo período. Un día, cuando sus carceleros abrieron la puerta de la celda para pasarle la comida, se encontraron con una imagen terrorífica: el monje ya era un esqueleto que levantó su brazo y señaló a quien lo había acusado. Pocos días más tarde, todos los que lo habían participado de su encarcelamiento murieron de enfermedades misteriosas.

Antonio Mamerto Gil Nuñez es más conocido como el Gauchito Gil. Cristianos, viajeros y católicos bautizados, sin restricciones le rezan. Se sabe que nació un 12 de agosto de un año que podría ser 1847, en Mercedes, Corrientes. Se dice que era devoto de San La Muerte y que tenía un excelente manejo del facón. Se convirtió en un héroe rural. En una oportunidad, la Policía intentó capturarlo. Dos de sus amigos fueron abatidos. A Gil lo salvó un amuleto de San La Muerte que colgaba de su cuello. Fue degollado un 8 de enero, entre 1874 y 1878. Dicen que su sangre cayó como una catarata que la tierra se bebió de un sorbo. En ese mismo instante nació el mito y su asesino se convirtió en su primer devoto.

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