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SI NO SE VE, NO EXISTE

Diversidad sexual en Catamarca, silenciada y violentada

La búsqueda de Tehuel, un joven trans, puso luz sobre un temática sensible y de la que poco de habla.
9 de mayo de 2021 - 01:05 Por Redacción El Ancasti

El pasado 11 de marzo, a Tehuel De la Torre, un joven de 21 años, le habían ofrecido un trabajo como mozo. Salió para presentarse en una entrevista laboral, en la localidad bonaerense de Alejandro Korn, y jamás volvió. A casi dos meses de su desaparición, solo hay dos sospechosos detenidos. Tehuel es un chico trans y esta oferta laboral era muy importante para él porque estaba desocupado.

La búsqueda de un empleo por parte de Tehuel se da en un contexto donde el acceso a un trabajo registrado -y no registrado también- es algo muy difícil de conseguir para la población trans. Un informe de 2020 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), publicado en mayo último, señala que casi todas las personas trans del país viven en la pobreza y la indigencia. Como consecuencia de esto, por ejemplo, el 90% de las mujeres trans subsiste ejerciendo el trabajo sexual. La situación de los varones trans, como Tehuel, no es diferente ya que también son generalmente excluidos de los sistemas laborales e incluso de los establecimientos educativos.

Yoko Ortiz, coordinadora provincial de la Red Nacional ATTTA (Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina) y referente del Consejo Municipal de la Diversidad Afectiva, Sexual y de Género e integrante de la Mesa Intersectorial del Consejo Municipal, es toda una referente del grupo de diversidad sexual LGBTIQ+ (lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transexuales, transgéneros, intersexuales, queers y demás identidades no visibles). Consultada por El Ancasti, aseguró que las diversidades sexuales “somos violentadas y silenciadas”.

Según dijo, el grupo LGBTIQ+ es violentado “tanto por una Justicia que no actúa como debería por el solo hecho de ser de la diversidad. Muchas veces nadie quiere el caso o si lo hacen solo el 1% se resuelve (con mucha suerte). Generalmente, prefieren archivar la causa y casi siempre fundamentando que no hubo pruebas suficientes porque la víctima se relacionaba en un ambiente cerrado o al extremo que tenía una vida intersocial y no pueden llegar a todos los contactos íntimos o particularmente dramas pasionales”.

A la vez, indicó que son silenciados por una sociedad que considera que las personas sexodiversas no debieran tener los mismos derechos. Para Yoko, desconoce que los derechos adquiridos son el resultado de sus luchas. “También tiene que ver la importancia con los medios de comunicación o la información de cómo se transmite o se refieren hacia nuestras identidades. Nos tenemos que poner a pensar  ‘¿cuántos Tehuel hubo, habrá o van a seguir habiendo?’ Esperamos tener las repuestas y que no tengamos que sufrir más violencias”, expresó.

Con años de lucha encima, Yoko valora la entrada en vigencia de la Ley Nacional Integral para Personas Trans, que garantiza los derechos básicos y el acceso a la salud, educación, trabajo, vivienda, al deporte y la seguridad. “Las nuevas generaciones deben ser parte de estos procesos sin discriminación ni exclusión. Cuando somos personas trans es más fácil mirar para otro lado o solo cumplir mediáticamente y no se acciona como se debería. A lo mejor, creo que tiene que ver con la sexualidad, el género, un apellido conocido o el nivel social que tenga. Esperemos que el caso de Tehuel no sea uno más del montón o de tantos que fueron encajonados o archivados por prescripción. Queremos su aparición y justicia. No queremos más casos como éste”, comentó.

Invisibles

Además, la referente aseguró que hay diversidad no visibilizada. Tal es el caso de las personas intersexuales que sufren mucho en silencio y les cuesta visibilizarse, aceptarse y asumir lo que les tocó vivir . “Esta categoría dentro de la diversidad es la más invisibilizada. Antes se las llamaba hermafroditas -un mal nombre por no fundamentar o concordar con el concepto, consideró-. Antes de la Ley Nacional 26.743 de Identidad de Género, decidía un médico qué órganos o genitales estaban más desarrollados para decidir su sexo, hombre o mujer, o también lo decidía la familia. Esta Ley permite que la persona decida en su mayoría de edad qué es lo que desea ser o qué sexo quiere tener o también si desea tener los dos sexos. Por suerte, la ciencia permite avanzar tecnológicamente y descubrir y ayudar a todas las personas intersexuales”, explicó.

Por otro lado, señaló que uno de los grupos etarios más altos son aquellas personas que no desean o, por distintas razones, no se identifican o asumen con su género o sexo que desean ser. En este sentido, advirtió que en muchos casos influye la familia, la religión, la moral o la sociedad. “Como también hay casos que se sienten bien ocultando lo que realmente los hace feliz y lo naturalizan. Lo único que debemos hacer es respetar. Las libertades deben consistir en ser libres si lo desean”, manifestó.

Por último, consideró que este grupo social vulnerable está en riesgo y la lucha colectiva es fundamental para sumar al colectivo LGBTIQ+. “Debemos comprometernos individual y socialmente para tener los cambios sociales que tanto anhelamos por todos aquellos derechos denegados y que nos faltan como ciudadanos en democracia. Hoy tenemos avances soñados que se llevaron muchas vidas de nuestro colectivo; tenemos leyes que nos amparan como la Ley Nacional de Identidad de Género. También debemos reflexionar y concientizar que todas las personas tenemos derechos, obligaciones y compromisos”, expresó.

Mariela Muñoz, un caso emblemático de violencia y lucha

El 17 de mayo de 1993 la Policía apareció en su casa como si fuera a reventar un galpón narco. La detuvieron y la separaron de tres chicos para quienes ella era la madre. De algún modo, eran tres de sus hijos. Se la acusó de secuestrarlos y de ser una transexual perversa que les haría daño. En diciembre de ese año, un juez de Menores de Quilmes decidió retirarle la custodia de tres niños que ella había inscripto y criado como suyos. Después de una batalla legal, fue condenada a un año de prisión en suspenso. Salió a los medios a contar su historia. Sin embargo, el debate generado a causa de esta decisión de justicia, sobre la posibilidad de que una mujer pudiera criar niños, contribuyó la visibilidad de los derechos de las personas transexuales. El 2 de mayo de 1997 la argentina Mariela Muñoz dejó de ser legalmente Leonardo. Tenía 55 años cuando se convirtió en la primera transexual del país en conseguir el cambio de nombre y género en el documento nacional de identidad. 
Crió, a lo largo de su vida, 23 hijos y, sobre el final, 30 nietos. Sus tareas con los chicos eran las de cuidado: los llevaba al colegio, los ayudaba con los exámenes, les hacía de comer. La notoriedad de la causa la ayudó a conseguir ese otro deseo tantos años postergado: aparecer como Mariela Muñoz en el DNI. Lo logró 15 años antes de que Argentina aprobara la Ley de identidad de género, que garantiza ese derecho a cualquier transexual.

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