la sometía a espantosos castigos

Condena de 31 años por torturar y matar a su hijastra

La nena tenía solo tres años. Fue en 2019, en Río Negro.
viernes, 18 de septiembre de 2020 · 12:28

Abusos sexuales reiterados, quemaduras de cigarrillo, duchas de agua helada, cortes en las plantas de los pies y hasta una oreja desprendida. Estas fueron algunas de las torturas sufridas por Sofía Neira, una nena de solo tres años de edad, que en cuestión de cuatro meses le costaron la vida en febrero de 2019. Los causantes del infierno: su mamá, una mujer identificada como Janet Neira (28), condenada a 24 años de prisión luego de admitir su culpabilidad y Marcos Nicolás González, el padrastro de la víctima, quien el miércoles recibió la pena de 31 años y seis meses de cárcel por el brutal crimen y que a diferencia de su pareja, sostiene que es inocente.

La sentencia contra el hombre fue emitida a través de videoconferencia por el tribunal de juicio de Río Negro, integrado por los jueces Laura Pérez, Oscar Gatti y Verónica Rodríguez. Según se desprende del fallo, dado a conocer por el Poder Judicial de la provincia, el padrastro de la nena de tres años ejerció “variados mecanismos de producción de las lesiones que presentaba la niña” y en ese sentido destacó “la distribución de esas lesiones prácticamente en todo su cuerpo y los actos vejatorios y humillantes que rodeaban a aquellos golpes”.

Sofía fue víctima durante los meses que convivió con su padrastro de una serie de torturas, violencias y vejámenes pocas veces visto en casos de maltrato infantil en la historia penal argentina. En diálogo con Infobae, la fiscal del caso, Belén Calarco, se mostró conforme con la sentencia, aunque ella había pedido que el hombre fuera condenado a 39 años. “Creemos que el fallo está bien fundado, pese a algunas pequeñas diferencias, pero en líneas generales consideramos que está bien y mantuvo muchos de los fundamentos que expresó la Fiscalía durante el juicio de cesura”, dijo la funcionaria.

La imputación contra González es extensa, pero describe, al menos legalmente, la brutalidad del hombre en detrimento de la hija de su pareja. Vale la pena citarla completa: el hombre deberá pasar los próximos 31 años encerrado por los delitos de lesiones leves calificadas por violencia de género, reiteradas en un número indeterminado de veces; abuso sexual gravemente ultrajante, reiterado, doblemente calificado por el vínculo y por la convivencia preexistente; corrupción de menores agravada por la edad de la víctima y por ser el autor persona conviviente y guardador; desobediencia a una orden judicial y abandono de persona seguida de muerte.

Lo único que atenuó la pena -dice el fallo- es que el acusado no tenía antecedentes.

Los jueces también consideraron “como dato insoslayable” la edad de la víctima, a quien consideraron, "totalmente vulnerable y dependiente”. Además, destacaron el rol de poder que jugó el padrastro desde el momento en que llegó al hogar de Sofía. Para los jueces, el hombre se aprovechó del "marco de confianza generado hacia la madre para ejercer claro poder sobre los niños”, y generar un “total aislamiento del grupo familiar, evitando cualquier posibilidad de pedir auxilio y amedrentando a las personas que intentaron defender a la niña en las semanas previas a su muerte”.

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