martes 8 de septiembre de 2026
Aunque LOS JUECES reconocieron que LOS CHICOS “NO MINTIERON”

Absolvieron por el “beneficio de la duda” a un docente acusado de abuso

Seis niños de tres y cuatro años lo señalaron en Cámara Gesell, pero para el Tribunal no hubo prueba suficiente.

Por Redacción El Ancasti

A finales del año 2013 y principios del año 2014, Alejandra notó algunos cambios en N., su hijo de, por entonces, tres años: principalmente que no controlaba esfínteres mucho tiempo después de haber dejado los pañales y que, cada vez que esto le pasaba, se escondía debajo de una mesa y se autoinsultaba con palabras fuertes. Lo veían agresivo, hiperactivo y muy temeroso. Pero sus padres, que aún estaban asentándose en el país con sus dos hijos después de una década de vivir en España, lo atribuyeron en un primer momento a los cambios que había en la casa y la dinámica de la familia.

Algún tiempo después, sin embargo, Alejandra y su marido empezaron a interpretar esas conductas como señales de algo más grave y más de un año después, en 2015, presentaron junto a otras cinco familias una denuncia por abuso sexual contra el “profe T.”, un maestro del jardín de infantes al que asistían los seis niños, todos de 3 y 4 años.

La causa fue elevada a juicio en 2019, que se inició en febrero de este año pero fue interrumpido por la pandemia de coronavirus.

La fiscal Graciela Gils Carbó, a cargo de la Fiscalía General N°26, solicitó su absolución. Finalmente, el 27 de julio pasado por la mañana, en un encuentro vía Zoom, el Tribunal Oral N°30 de Capital Federal -presidido por Guillermo Enrique Friele e integrado por los jueces Luis María Rizzi y Marcela Mónica Rodríguez- coincidió con la fiscal y absolvió por unanimidad al docente bajo el principio de in dubio pro reo, es decir, que en caso de duda o debilidad de las pruebas se debe fallar en favor del acusado.
T. V. O. -que hoy tiene 36 años- era profesor de “granja y huerta” desde 2010 en el nivel inicial del Colegio Integral Caballito. Si bien no tenía título como docente y en ese momento era estudiante de agronomía, “el profe T.” tenía experiencia con niños tras su participación en un grupo misionero y merenderos comunitarios y había dictado clases de guitarra, según contó él mismo en su declaración, y logró acceder al trabajo a través de su mujer, que también había sido maestra de la institución.

A mediados del 2014, antes de que los padres de los niños lo acusaran de abuso, las autoridades del colegio decidieron echarlo y ratificaron ellos mismos ante la Justicia, porque “se ausentaba mucho”. Para ese entonces, la única referencia que Alejandra tenía de este profesor era una anécdota mínima que le había contado su hijo después del colegio. “T. nos presta la calesita”, le había dicho N. a su mamá. “¿No estaba rota?”, le consultó ella, que tenía el recuerdo de que habían sacado ese juego del patio principal. “Si, pero está en un patio atrás del colegio y el profesor nos la presta. No le dice nada a la maestra y, si nos portamos bien, nos la deja usar”, respondió él. 

Fundamentos
“En primer término, debo señalar que, luego de examinada la totalidad de las pruebas recogidas y los alegatos de las partes, durante el largo debate de este juicio, tengo dudas”, expresó el juez Friele en los fundamentos del fallo, de más de 500 páginas. “Sobre esta base entonces, entiendo que los hechos que han formado parte de la plataforma fáctica de este juicio no han sido probados en debida forma”, continuó el magistrado, pero aclaró: “Adelanto que de ninguna manera entiendo que los niños estén mintiendo”.

En resumen, Friele consideró que las descripciones que los niños hicieron de los abusos en Cámara Gesell dos años después (cuando la mayoría tenía ya cinco años) fueron “imprecisas, equívocas, cuando no ambiguas” y que, contrastados sus relatos con las pericias psicológicas de ellos y del agresor, la inspección ocular en el colegio, los testimonios de sus familiares, padres del colegio y otros testigos, se generaron puntos de duda respecto de tres aspectos: el lugar en el que ocurrieron los hechos, cuáles fueron concretamente las acciones abusivas y quién fue el autor. Estos son los ítems de acuerdo a los que, según su criterio y el de la fiscal Gils Carbó, no hacen posible establecer una condena.

En sus declaraciones, los niños mencionaron distintos tipos de vejaciones y tocamientos del profesor hacia ellos (y otros que él los obligaba a hacer) en un contexto de “juegos” con dados y canciones a través de los cuales los niños debían sacarse la ropa de acuerdo a si ganaban o perdían.

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