El abuso sexual en la infancia (ASI) es una de las formas de violencia más extrema que niños, niñas y adolescentes pueden sufrir. En ocasiones, suele mantenerse en el tiempo, hasta que el niño o la niña crezcan y pierdan el miedo a su agresor para denunciar. De acuerdo con información judicial a la que accedió El Ancasti, el viernes último fue detenido un hombre de 53 años acusado de haber abusado sexualmente de una niña.
Según se precisó, la denuncia se realizó el pasado 9 de marzo. El fiscal de Instrucción de Primera Nominación, Federico Maturano, lo imputó por el delito de “abuso sexual gravemente ultrajante doblemente agravado por resultar un grave daño a la salud mental de la víctima y por tratarse de una víctima menor de 18 años aprovechando la situación de convivencia preexistente”.
Según se precisó, en Cámara Gesell, la denunciante, hoy una adolescente, expresó que los ultrajes habrían ocurrido entre 2011 a diciembre de 2018. Tras las pericias realizadas, el fiscal ordenó la detención. El viernes poco después del mediodía, personal de la Comisaría Departamental Ancasti cumplió con la orden impartida por el fiscal Maturano. El sospechoso fue trasladado y alojado en la sección, a disposición de la Justicia interviniente.
Especialistas en la problemática de ASI indicaron que en Argentina algunos estudios estiman que uno de cada cinco niños y niñas son abusados por un familiar directo antes de los 18 años. La edad media de inicio del abuso es de ocho años. En cuanto al abusador, estadísticamente éste será hombre y es una persona que el niño o la niña conoce y en quien confía. Los estudios afirman al respecto que algo más de la mitad de esas agresiones sexuales sucederá en la propia casa del niño o en la de los abuelos.
El silencio es también la principal arma de manipulación. En materia de prevención, los expertos recomiendan que los adultos expliquen que los secretos son información o conocimiento que se reserva, es decir, se guarda de que otros los puedan saber. Los secretos crean un ambiente misterioso alrededor de las personas, pero pueden tener consecuencias positivas o negativas dependiendo de cómo se sienta quien los guarda. Precisamente ésa es la clave para saber diferenciar los secretos buenos de los secretos malos; por ello se recomienda enseñar a los chicos y chicas a identificar las emociones que siente al guardar un secreto. Los especialistas indicaron que los “secretos buenos” generan en el niño o niña quien los guarda una sensación de felicidad y emoción. En oposición, los secretos malos se guardan con intención de que nadie se entere de ellos jamás, aíslan al niño o niña, lo hacen desconfiar de los demás, sentir temor de que el secreto pudiera revelarse, vergüenza y tristeza por sentirse atrapado en una situación que no había previsto.