Fueron nueve años de abusos, de golpes y de amenazas. Entre 2006 y 2015 ultrajó a sus sobrinas, niñas pequeñas, que hoy tienen entre 14 y 22 años. El silencio se fue rompiendo de a poco y salió a luz una verdad dolorosa: había un abusador en la familia, un tío (47). Era 2018 y una de las chicas más grandes se animó a contar lo que estaba pasando. Así, sus hermanas juntaron valor y decidieron romper el silencio. La madre, ante la confesión, decidió contarle lo sucedió a su hermana, dado que el agresor, un familiar de ambas, también había tenido contacto con sus hijas. Aunque al principio ellas no se animaron a decirlo, luego pudieron confesarlo.
Tras las denuncias, en agosto del año pasado se confirmó la detención para el acusado. Fue imputado por los delitos de “abuso sexual con acceso carnal”, “abuso sexual gravemente ultrajante por las circunstancias de la realización y “abuso sexual simple”. Todas las imputaciones fueron "doblemente calificadas por resultar en un grave daño a la salud mental de la víctima y por la guarda, continuado, en concurso ideal con corrupción de menores”. Desde entonces se encuentra alojado en el Servicio Penitenciario provincial, en Capayán.
A finales de noviembre se abrió el debate en la Cámara Penal de Tercera Nominación. El Tribunal estuvo integrado por los jueces Marcelo Soria, Patricia Olmi y Jorge Palacios. El Ministerio Público Fiscal estuvo representado por el fiscal Miguel Mauvecín, quien estuvo acompañado por la asesora de Menores Sandra López Gardel. El acusado –quien participó del debate a través de videoconfencia- fue asesorado por la defensora penal oficial de Segunda Nominación, Florencia González Pinto. El 1 de diciembre se dio a conocer el veredicto: por unanimidad fue hallado culpable por los delitos que venía incriminado y condenado a la pena de 24 años de prisión.
El jueves último, el Tribunal dio a conocer los fundamentos y El Ancasti tuvo acceso a éstos. Hasta último momento, el acusado había insistido en su inocencia. Sin embargo, para los jueces sus expresiones resultaban “nada creíbles”. Según indicaron, pretende desvincularse del hecho, manifestando, entre algunas justificaciones, que no tenía trato con las niñas, “que resulta imposible que el hecho se haya cometido en ese lugar porque nunca asistió al domicilio, que no conoce la vivienda, que no quedó al cuidado nunca de las nenas. Esa argumentación ha sido total y absolutamente desvirtuada por las categóricas, precisas y contundentes manifestaciones de la víctima, de sus padres y de sus hermanas”, remarcaron.
Además, el Tribunal destacó que “en este tipo de delitos (que se ejecutan sin testigos), además de ser víctimas del mismo agresor, fueron testigos presenciales en algunos de los momentos que sus hermanas fueron vulneradas sexualmente por el acusado”.
Tras la confesión de las chicas, sus padres decidieron creerles. Ante esta situación, se valoró que el entorno familiar ha colaborado en la investigación, considerando verosímiles las expresiones aportadas por las niñas. “En el marco de confianza que les brindó, pudieron expresar lo vivido tanto a sus familiares como a las profesionales que las entrevistaron, no encontrando razón alguna para que la accionante, su marido, sus hijas y los profesionales intervinientes inventen tan grave acusación”, advirtieron.
Los testimonios
En este sentido, en los fundamentos de destacó que reviste importancia el testimonio de quienes escucharon, “por ejemplo de boca de la víctima haber sido violada y, en general, todos aquellos que testifiquen haber oído cosas, inclusive de boca de la propia víctima aunque fueran sus propios familiares, ello no le resta valor a su testimonio”. Al mismo tiempo, pusieron énfasis en las pericias realizadas sobre las víctimas. Los magistrados indicaron que la reacción de quien es víctima de actos de estas características puede resultar impredecible en circunstancias como las investigadas, cuando el abusador es una persona muy allegada a la familia o tiene un estrecho vínculo y la confianza que se siente por el agresor hasta ese momento mismo del hecho, se confunde con la sorpresa y miedo que súbitamente aparece en la víctima, máxime si se tiene presente la gran diferencia de edad cronológica y mental entre ambos. “Por ello no puede exigirse un comportamiento único y de lógica pura (…)”, se aclaró.
Al respecto, se advirtió que las víctimas tienen un sentimiento de culpa y de miedo, considerando que su relato se presenta como verosímil, como fiel reflejo de lo que les ocurrió, en plena concordancia con el resto de la prueba. “El contexto probatorio no permite avizorar motivo serio para que la niña invente semejante acusación en contra del acusado y se someta al perjuicio que le ocasionó el gran estigma social de haber sido abusada, particularmente entre sus compañeros, amigos e inclusive su familia”, señalaron.
Ante esta situación, advirtieron que negar los hechos sería aceptar la propuesta de una conspiración, de una falsa denuncia o acusación en la que habrían intervenido seis víctimas, el novio de una de ellas, sus padres, las autoridades policiales y los facultativos que examinaron a las damnificadas, “los que formarían parte de una trama para perjudicar a un inocente, lo que es inaceptable”.
En debate, señalaron, se pudo percibir en ellas un relato sincero, a pesar de su deterioro emocional y alto grado de angustia al recordar entre sollozos los padecimientos sufridos, evidenciado a través de sus gestos, actitudes y respuestas (que denotaban que no estaban fingiendo). “Aunque su estado de desazón no les permitiera ser más precisas, demostraron su esfuerzo y decisión para concurrir al Tribunal y narrar lo que les sucedió, ratificando los innumerables abusos sexuales de los que fuera objeto por su tío”, valoraron. Para los magistrados resulta más que obvio que el transcurso del tiempo juega un papel importante desde el punto de vista amnésico de las personas, máxime si se trata de traumáticos acontecimientos que se prefieren olvidar.
“Además, la mayoría de los niños poseen la capacidad cognitiva de dar su testimonio en los tribunales y su dicho debe ser analizado junto con los demás medios de convicción allegados a un proceso, particularmente en los casos de abusos sexuales, en los cuales, para disminuir la revictimización, se acude a psicólogos especialistas que ayuden a expresar lo sucedido”, aclararon.