lunes 22 de julio de 2024
HABÍA MATADO A UNA MUJER PARA ROBARLE $100

Tenía prisión domiciliaria y apuñaló a su pareja

Por Redacción El Ancasti

“Es difícil creer que los imputados puedan producir más daño a la investigación. Estimo procedente la prisión domiciliaria”. La frase pertenece a una resolución del 5 de octubre pasado en la que el juez de garantías de Entre Ríos Eduardo Degano envió a su casa a Jacobo Almada, principal acusado de haber asesinado a la ama de casa Mariela Costen en un intento de robo en Concordia. A pesar de que tenía antecedentes, que la pena en expectativa es de reclusión perpetua y que hay sobradas pruebas en el expediente, el magistrado resolvió la domiciliaria con un fundamento insólito: el retraso de un trámite. Si bien, efectivamente no se comprobó que haya afectado a la investigación, en las últimas horas el acusado hizo algo mucho peor. En la madrugada del sábado, tomó un cuchillo de cocina y se lo incrustó en el pecho a su pareja que ahora pelea por su vida.

“Pasó lo que todos, menos el juez evidentemente, sabíamos que iba a pasar. No había ninguna razón jurídica ni humana para que el tipo esté en su domicilio. No se había cumplido el tiempo máximo de preventiva, las pruebas en su contra son abrumadoras y tenía antecedentes de haber desobedecido a la justicia. Mientras estuvo en el penal se le inició una causa por querer entrar droga a la cárcel y tenía denuncias de violencia de género. Sin mencionar que en la zona donde vive no hay señal para la tobillera electrónica. A pesar de todo eso Degano lo deja poco menos que libre”, explica una fuente de la causa, visiblemente indignada.

En la madrugada del 20 de julio del 2019 Almada y un cómplice llamado Félix Batalla interceptaron a Mariela y una amiga cuando salían de una fiesta por el día del amigo. Primero las pusieron contra la pared y luego les quitaron unos pocos billetes que llegaban a $110 según la acusación en su contra. Uno de los asaltantes les dijo “no se den vuelta carajo, no nos miren”. Probablemente por un acto reflejo, Mariela, ama de casa de 44 años, giró su cabeza y vio a los ojos a Almada, quien se convertiría en su asesino. En pocos segundos tomó de la cintura un revólver calibre 22 y la ejecutó de un disparo en el rostro.

Luego de algunas semanas de haber estado prófugo ambos acusados fueron detenidos. Las pruebas se comenzaron a acumular en el expediente: cámaras de seguridad, el relato de un testigo que vio todo desde lejos, la palabra de la amiga de Mariela que logró sobrevivir y el hecho de que en uno de los allanamientos encontraron la moto con la que escaparon del lugar. Cualquiera pensaría que ante la cantidad de evidencia y la pena en expectativas para ambos, que es de prisión perpetua, los acusados quedarían alojados en un penal, a la sombra durante mucho tiempo. No fue lo que sucedió en este caso porque se toparon en su camino judicial con una cara que les sería amistosa: la del juez Degano. 

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