“Flaco… ¿Todavía tenés pepa?”; “¿Cuánto el cuarto?”; “Guardame un medio porque voy a la tarde”; “Amigo, la gorra anda cerca de mi canuto, no puedo sacar todavía y me llamaron una banda de changos. Yo te aviso”, fueron algunos de los mensajes que sellaron el destino de Víctor Navarro Miranda. El pasado 5 de diciembre, el Tribunal Oral Federal (TOF) lo halló culpable del delito de “tenencia de estupefacientes con fines de comercialización, agravado por haber sido cometido en perjuicio de menores de edad”. En consecuencia, fue condenado a la pena de seis años de prisión. Había llegado al debate en libertad y, tras el veredicto condenatorio, se ordenó su inmediato traslado al Servicio Penitenciario Provincial, en Miraflores, Capayán.
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"Amigo, la gorra anda cerca de mi canuto, no puedo sacar todavía"
El noviembre de 2015, personal de la Dirección Drogas Peligrosas de la Provincia realizó un allanamiento en su departamento de Avenida Belgrano al 100. Los efectivos revisaron todo el domicilio y encontraron 256 gramos de marihuana, 164 gramos de cocaína, 23 dosis de LSD, teléfonos celulares, una balanza, recortes de nylon, papel de aluminio y dinero en efectivo.
El fiscal Federal Rafael Vehils Ruiz indicó que el acusado se había reconocido adicto a la marihuana y al LSD, pero también tenía cocaína “y vendía con la ultra intención de venderlo. Se acredita también la comercialización con las escuchas telefónicas en donde se hacía publicidad. En un día efectuó una publicidad de su actividad criminal vendiendo lo que solicitaran”, sostuvo en la audiencia. El representante del Ministerio Público Fiscal Federal solicitó una pena de seis años de prisión.
Por su parte, su abogado defensor Pedro Justiniano Vélez destacó que su pupilo, en la etapa de investigación, dijo que era consumidor solo de marihuana y LSD, “pero es adicto además a la cocaína”. Para la defensa, cuando el acusado mencionó la cocaína, al mismo tiempo acreditó el policonsumo.
Los jueces Federales Enrique Lilljedahl, Juan Carlos Reynaga y Adolfo Raúl Guzmán, por unanimidad lo hallaron culpable y lo condenaron de acuerdo con lo solicitado por el fiscal Vehils Ruiz. Los magistrados fundamentaron que, en esta causa, adquiere gran relevancia la pericia telefónica realizada sobre el teléfono celular del imputado Navarro Miranda. “Surgen evidentes mensajes de texto entrantes y salientes que dan cuenta, fehacientemente, que el sindicado se dedicaba a la venta de sustancias estupefacientes”, señalaron.
Al mismo tiempo, valoraron que tanto la postura exculpatoria asumida por el imputado como así también las declaraciones efectuadas por los testigos de parte carecen de sustento, toda vez que la prueba independiente agregada en autos, tareas de inteligencia, secuestro de sustancias estupefacientes y principalmente mensajes de texto extraídos del celular del imputado, echan por tierra dichas manifestaciones. “La prueba agregada es contundente para afirmar que el imputado se dedicaba a la venta de sustancias estupefacientes (marihuana, cocaína y LSD), a toda clase de personas sin importarle la edad de ellos, tal como se pudo comprobar en el procedimiento; es el caso de los adolescentes aprehendidos, luego de haber adquirido la droga en el domicilio del acusado. Queda demostrado que estamos frente una persona de las denominadas ‘trafiadictos’”, remarcaron.
Oferta y demanda
Para el Tribunal, los mensajes telefónicos –junto con testimonios y otras pruebas- son más que claros. De acuerdo con la investigación, entre los mensajes entrantes, algunos decían: “Amigo, ¿Cuánto el 25? Soy el del auto verde”; “Hola amigo. Soy el loco que le fue la otra vez a pagarte $200”; “Flaco… ¿Todavía tenés pepa?”; “¿Cuánto el cuarto?”; “Guardame un medio porque voy a la tarde”; “… Ya va a buscar un 25 para unas minas”. Al margen de los mensajes de los clientes, también había mensajes que respondían a la demanda u ofrecían los productos. “Amigo la gorra anda cerca de mi canuto; no puedo sacar todavía y me llamaron una banda de changos. Yo te aviso”; “… No saqué nada. Si querés, la dejamos para mañana”; “No tengo la balanza, se me la rompió y no tengo nada en mi casa. Te llevo donde están las cosas y vo ve (sic) si la querés. A mí me la dejaron así, ya empaquetadas. Y anda la Brigada a dos manos. Está feo para andar en la calle cargado”; “A la noche, amigo, porque de día no está el que me tiene el canuto”; “Amigo, tengo pepa”; “Amigo hay material detonador, date una vuelta cuando quieras”; “Amigo, tengo un material sarpado (sic). Avísame si necesitás”; “Amigo, esta noche pasá a buscar una piedra porque se me está yendo todo y me voy a quedar sin nada y no quiero quedar de cara. Avisale a…”.
Pena
De acuerdo con la Ley Nacional 23.737 de Estupefacientes, será reprimido con prisión de cuatro a 15 años y multa económica, quien comercialice con estupefacientes, precursores químicos o cualquier otra materia prima para su producción o fabricación o los tenga con fines de comercialización, o los distribuya, o dé en pago, o almacene o transporte. También indica que las penas previstas en los artículos precedentes serán aumentadas si los hechos se cometieren en perjuicio de mujeres embarazadas o de personas disminuidas psíquicamente o sirviéndose de menores de dieciocho años o sin perjuicio de estos.