Los estadounidenses amanecieron conmocionados ayer, divididos entre el dolor y la ira después de que dos tiroteos masivos dejaron 29 muertos en Texas y Ohio. Veinte personas fueron asesinadas el sábado cerca de El Paso, ciudad fronteriza con México predominantemente hispana, y menos de 13 horas después, otras 9 en un animado vecindario de Dayton, Ohio, en el noreste de Estados Unidos. Las autoridades inculparon al atacante de El Paso, un hombre blanco de 21 años que se sospecha actuó por motivaciones racistas, de cargos de asesinato en primer grado, que conlleva la pena capital, e investigan el caso como "terrorismo doméstico". "Dios bendiga a los habitantes" de ambas ciudades, tuiteó el presidente Donald Trump, quien luego dijo en una aparición televisiva que "no hay lugar para el odio en nuestro país".
5 de agosto de 2019 - 02:00