La madrugada del 9 de octubre de 2017, Esteban Domingo Castaño llegó a su casa, en el barrio San Francisco, Valle Viejo. Julieta Celina Herrera, su pareja a quien cariñosamente llamaban “Cuni”, dormía. En la misma habitación, casi a la par, dormían sus hijos, tres niños de 13, nueve y cinco años. Esteban se acercó a su pareja, con intenciones de tener sexo. Según se dijo, “Cuni” lo habría llamado por otro nombre y esto lo enfureció. La tomó del cuello y como pudo “Cuni” pidió ayuda. Su hijo mayor se abalanzó hacia su padre para que dejara de atacar a su madre. Esteban le dijo que su mamá se había dormido, pero para los investigadores “Cuni” ya estaba muerta.
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Juzgan a Esteban Castaño por el femicidio de “Cuni” Herrera
Luego del ataque de ira y de calmar a su hijo, los cargó a los tres chicos en la moto y los llevó a la casa de su madre, en el barrio 140 viviendas en Valle Viejo. Pidió que los cuidara, luego se dirigió a la comisaría y se entregó.
El cuerpo de la joven fue encontrado horas después por su padrastro, quien abrió la puerta porque la joven no atendía. Sus cuñadas, hermanas de Castaño, habían ido a la casa porque su madre había quedado preocupada, ya que había notado extraño a su hijo cuando le fue a entregar a los niños.
El fiscal Miguel Mauvecín estuvo a cargo de la investigación y en septiembre del año pasado elevó la causa a juicio. Castaño fue imputado por el delito de "homicidio doblemente agravado por el vínculo y por femicidio". Está previsto que hoy en la Cámara Penal de Primera Nominación inicie el debate.
Durante el proceso de la investigación fue contundente para el fiscal el testimonio de amigas, familiares de la víctima y de uno de sus hijos, quien declaró en Cámara Gesell. Todos relataron los sometimientos de Castaño a su pareja, hechos que la mujer nunca se habría animado a denunciar. Si bien no se encontraron estos antecedentes, los testimonios reunidos en la causa fueron contundentes para determinar la existencia de violencia como antecedente al homicidio. De igual manera, se vio reflejado en los mensajes del teléfono de la víctima. Sus celos desmedidos habrían llevado a hechos de violencia que la mujer por miedo no denunció. Así la figura de "femicidio" quedó configurada en el hecho.
Otra tragedia
Poco más de un año después, otra vez la tragedia. El pasado 26 de diciembre, Carolina Bazán, una joven madre de dos niños, apareció muerta en su casa ubicada en el barrio Alem, en la zona Sur de la Capital. El principal sospechoso era su expareja, Domingo Argerio “Pelado” Castaño. El cuerpo de Carolina apareció sobre un charco de sangre. La causa de muerte fue por "asfixia mecánica por estrangulamiento a lazo y traumatismo cráneo facial".
Castaño padre huyó de la escena del crimen. Su cuerpo apareció en la madrugada del jueves 27, a pocos metros de la ruta de enlace entre la zona industrial El Pantanillo sobre la Ruta Nacional Nº 38 y el Aeropuerto Felipe Varela, en la Ruta Provincial Nº 33.
El destino jugó sus cartas en ambos crímenes. Esteban y Domingo son padre e hijo. Los dos casos guardan más similitudes que diferencias, por ello se considera que no se trata de situación particular sino de un precedente marcado por la violencia y el vínculo de sangre. La mecánica fue casi la misma; el desenlace, el femicidio. Fue el padre quien siguió los pasos del hijo.