En octubre de 2017, Mariana Lallana había denunciado, una vez más, a su ex pareja, Jorge Ariel Romero Reyes, padre de sus dos niños de cinco y de nueve años. Era la décimo tercera vez que presentaba una denuncia en su contra por ejercer violencia sobre ella y en aquella oportunidad fue privado de la libertad.
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Pudo contar la violencia que sufrió durante varios años
Romero Reyes debe responder por los delitos de “robo”, “daños”, “lesiones graves calificadas por el vínculo” y “lesiones graves calificadas por el vínculo y desobediencia a la autoridad”. Mariana, una empleada doméstica, por primera vez después de tantas denuncias en los últimos años, pudo contar en la Cámara Penal de Primera Nominación todo lo que vivió por la violencia que sobre ella ejercía el padre de sus hijos.
Frente al estrado, Mariana comenzó a hablar pero su ex intentó interrumpirla. El juez Carlos Moreno, presidente del Tribunal, le prohibió la palabra al acusado. El abogado defensor Orlando del Señor Barrientos propuso que su cliente saliera de la sala, a fin de que la mujer pudiera declarar tranquila. Sin embargo, Mariana prefirió que se quede “para que escuche como yo lo escuché a él cuando habló”.
Un poco temblorosa por los medios pero dispuesta a hablar, expresó que su único interés “es que se haga justicia” y que se sepa “la verdad”. Contó que tuvo que dejar de trabajar cuando su ex pareja le pegó en la nariz porque no podía trabajar. “Él no me dejaba trabajar tranquila”, aseguró.
Mariana indicó que Romero Reyes le enviaba mensajes y que el pretexto para acercarse era sus hijos. Aunque ella le recordaba que había una restricción de acercamiento, él desobedecía.
“Siempre me vivía pegando. Una mujer no soporta que un hombre le pegue… No es justo que yo haya aguantado todo el tiempo que estuve con él. Vivía trabajando; él trabajaba cuando quería. Peleábamos porque él no quería trabajar. Trabajaba como una negra para que él me trate así. Di todo de mi parte para que a mis hijos no les falte que comer”, expresó Mariana entre sollozos.
Aunque por momentos se quebraba, jamás detuvo su relato. Indicó que debieron realizarle tres puntos de sutura en la boca por un golpe que le propinó su ex. Para poder sobrellevar esta situación, la joven madre realizó un tratamiento psicológico. “Nadie aguante que la molesten”, señaló y, a fin de encontrar contención, llegó a AMAM (Asociación de Mujeres en Ayuda Mutua contra la Violencia). “La seguí remando… Si no trabajo, ¿quién va a dar de comer a mis hijos?”, se cuestionó ella misma. Si bien Mariana lo había denunciado en varias ocasiones, Romero Reyes estaba en el banquillo de los acusados para responder por cuatro hechos. Uno de ellos por el robo de un teléfono celular que le había regalado su papá. Él se lo arrebató de las manos pero no se lo reclamó. Tenía miedo de que le pegara.
“Él vivía molestando”, pese a que ya había pasado un año de la separación. La hostigaba en su trabajo y ella no podía salir a tomar mate con amigas porque él la seguía. “Una vez me pidió volver. Dije que no. ¿Para sufrir? ¿Volver con él para que me mate? ¡No!”, expresó.
En octubre de 2017 recibió la última paliza. Era domingo por la tarde y su ex le quebró el tabique de la nariz. Fue al Hospital, un médico constató la lesión y, otra vez, decidió denunciar. Se presentó en la Unidad Judicial Especializa en Violencia Familiar y de Género pero llegó muy tarde y no le pudieron tomar la denuncia “porque no era horario de trabajo”. Al otro día, temprano, pudo denunciar. Como consecuencia, debe someterse a una cirugía nasal porque “no puedo respirar bien” pero en el Hospital San Juan Bautista, según dijo, no pueden operarla. De acuerdo con un presupuesto efectuado hace unos meses, en el sector privado la cirugía costaría más de $12.000.
El debate continúa hoy con la declaración de los últimos testigos. Posiblemente las partes formulen sus alegatos.
“Nunca me pidió perdón. Ahora se hace la víctima. Quiero que nunca más me moleste. No puedo verle la cara después de lo que me hizo. No quiero sufrir más”, concluyó Mariana.