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El hecho sucedió hace nueve años

Fiscal va a juicio por abuso sexual

23 de febrero de 2019 - 04:00 Por Redacción El Ancasti

Rubén Ariel Rivero (50) es alguien difícil de juzgar por su habilidad para eludir las consecuencias de sus actos y por la complicidad habitual de cierta parte del Poder Judicial bonaerense, siempre lista para asegurar, con total impunidad, la impunidad de algunos privilegiados. Rivero fue oficial sumariante de la Policía Bonaerense en su ciudad natal, La Plata. Trabajó en la Brigada de Investigaciones, luego en Policía Científica, llegó al área de Inteligencia y, entre tanto, estudió Derecho.

Una vez recibido se metió en la Justicia provincial: fue auxiliar en una defensoría, secretario en un juzgado de Ejecución, instructor en una fiscalía y en 2009, por fin, lo nombraron fiscal. Según el portal clarin.com, el 14 de agosto de aquel año, Rubén Rivero juró como fiscal de Olavarría. “Siempre, amén de los esfuerzos que uno hace, está sujeto sobre los hombres el peso del azar.  

Y este reconocimiento llegó finalmente en un ámbito tan importante como la ciudad de Olavarría”, señaló a los periodistas locales tras apoyar su mano derecha sobre una Biblia de tapas verdes para asumir en su cargo.
Tres semanas más tarde había abusado de una adolescente y empezaba su carrera -exitosa, hasta este momento- de evitar una condena por ello.

Rivero quedó a cargo de la UFI N°4 de Olavarría. De inmediato se instaló en una casita blanca de una planta, en la esquina de Bartolomé Mitre y Vicente López. Hombre de necesidades básicas irresueltas, mientras comenzaba a ejercer su cargo de fiscal se puso a buscar a alguien que lo ayudara con las tareas domésticas. Tal como ya relató Clarín, un sargento de la Policía Bonaerense que actuaba como custodio en la Fiscalía le sugirió que contratara a su hija, una adolescente de 16 años que necesitaba un sueldo. Y el funcionario judicial estuvo de acuerdo.

El abuso se produjo rápido. Solo cuatro días llevaba la menor en su casa cuando tuvo que salir a la calle corriendo para eludir la larga mano de Rivero. Fue el martes 8 de septiembre de 2009, cerca de las 18.10, cuando ambos estaban solos. Según la denuncia que presentaría horas después, estaba trabajando en la habitación principal -la misma que el fiscal compartía con su pareja- cuando el funcionario se puso a hablarle en tono paternal y la hizo sentarse sobre su falda.

Rivero tenía fueros y los tiene actualmente. Aún le queda una escapatoria: renunciar a su cargo de fiscal y exigir que se le declare la prescripción por el tiempo transcurrido.

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