EL INTENDENTE ENRIQUE AYBAR SUMÓ OTRA DENUNCIA por abuso sexual

“Fue como una mochila, la más pesada de mi vida"

Una mujer presentó la denuncia penal en el Conurbano Bonaerense, donde reside desde hace bastante tiempo. Se animó después de más de 30 años. La causa sería girada a Catamarca.
sábado, 9 de noviembre de 2019 · 02:04

“Estaba en Séptimo grado. Él fue mi maestro”, recordó Mariana, la mujer que durante 35 años lloró por un abuso sexual que había sufrido. El agresor era Enrique Aybar, por entonces, su maestro; ella tenía 14 años. El jueves, después de tanto tiempo, se animó a presentarse en un Juzgado del Conurbano Bonaerense –donde actualmente reside- para asentar la denuncia. 

“Fui al Juzgado. Pedí asesoramiento y no había. Hablé con un abogado y me tomaron la denuncia. Pasó mucho tiempo”, contó. Mariana hoy es una mujer y es madre. Es catamarqueña, oriunda de una pequeña localidad del norte de Belén. Al momento del ultraje, Mariana vivía con una hermana. Cuando le contó lo que había sucedido, no le creyó. Su mamá se encontraba en Buenos Aires y le ordenó que viajara. “No sé qué se le cruzó por la cabeza. En el pueblo no había ni luz. Las niñas éramos inocentes”, dijo.

Desde entonces, reside en esta provincia, donde pudo formar su propia familia.

Mariana sabe que pasó mucho tiempo entre el abuso y la denuncia que pudo realizar pero, como sabe que su agresor tiene otras causas pendientes, esta denuncia puede ayudar a las otras víctimas. “Me lastimó demasiado pero con los años que tengo, sigo. No se va nunca este dolor. La vengo luchando. Desde hace muchos años le grito ‘violador’”, aseguró.

Ella suele viajar con frecuencia a su pueblo. La última vez, estuvo para la Pascua. En esa oportunidad, pudo conocer a la joven que en abril de 2013 lo denunció a Enrique Aybar, intendente de Puerta de Corral Quemado, por haberla ultrajado. El jefe comunal fue imputado por el delito de “abuso sexual simple agravado por la guarda en calidad de autor”. “Fue mi reflejo, volviendo a esa edad. No puede ser que siga pasando esto. Ella dice la verdad”, expresó.

Mariana comentó que pese al paso del tiempo, las lágrimas no se van ni se secan; el daño permanece. Como madre, al dejar a sus niños en la escuela, siempre los esperó en la puerta, para que a la salida, los llevara corriendo a la casa y poder constatar por ella misma que nadie les había hecho daño. Pudo volver a su pueblo con sus hijos pero con miedo a que alguien les pudiera hacer daño. “Sufro, lloro y cuido extremadamente a mis hijos. Aybar fue como una mochila, la más pesada de mi vida… se alivianó”, contó.

Luego de realizar la denuncia en un Juzgado de Buenos Aires, lejos del lugar que la vio nacer, donde la lastimaron y de donde debió irse, Mariana tal vez sintió algo de alivio. “La valentía que tenés no la tiene cualquier mujer”, le había dicho una mujer que escuchó su testimonio.n

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