martes 14 de julio de 2026
UNA HISTORIA QUE SE REPITIÓ Y DOS MUJERES BRUTALMENTE ASESINADAS

Los Castaño: padre e hijo y un destino trágico sellado por el femicidio

El hijo está arrestado en el Servicio Penitenciario a la espera del juicio. El padre se suicidó luego de cometer el crimen.

Por Redacción El Ancasti

La madrugada del 9 de octubre de 2017 Esteban Domingo Castaño llegó a su casa, en el barrio San Francisco, Valle Viejo. Julieta Celina Herrera, su pareja, a quien cariñosamente llamaban “Cuni”, dormía. En la misma habitación, casi a la par, dormían sus hijos, tres niños de 13, nueve y cinco años. Esteban se acercó a su pareja con intenciones de tener sexo. Según se dijo, “Cuni” lo habría llamado por otro nombre y esto lo enfureció. La tomó del cuello y, como pudo, “Cuni” pidió ayuda. Su hijo mayor se abalanzó hacia su padre para que dejara de atacar a su madre. Esteban le dijo que su mamá se durmió pero, para los investigadores, “Cuni” ya estaba muerta.

Poco más de un año después, otra vez la tragedia. El pasado 26 de diciembre Carolina Bazán, una joven madre de dos niños, apareció muerta en su casa, ubicada en el barrio Alem, en la zona sur de la Capital. El principal sospechoso era su ex pareja, Domingo Argerio “Pelado” Castaño. 

El destino jugó sus cartas en ambos crímenes. Esteban y Domingo son padre e hijo. Los dos casos guardan más similitudes que diferencias, por ello se considera que no se trata de una situación particular sino de un precedente, marcado por la violencia, el femicidio  y el vínculo de sangre. Castaño hijo no pudo contener su ira y estranguló a “Cuni” con tanta ira que  la desnucó. Luego, llevó a sus hijos a la casa de su madre y se entregó a la policía. En septiembre último, su causa fue elevada a debate y deberá responder por el delito de "homicidio doblemente agravado por el vínculo y por femicidio".

El cuerpo de Carolina apareció sobre un charco de sangre. La causa de muerte fue por "asfixia mecánica por estrangulamiento a lazo y traumatismo cráneo facial". Castaño padre huyó de la escena del crimen y su cuerpo apareció, en la madrugada del jueves 27, a pocos metros de la ruta de enlace, entre la zona industrial El Pantanillo, sobre la ruta nacional Nº 38 y el Aeropuerto Felipe Varela, en la ruta provincial Nº 33.

La mecánica fue casi la misma; el desenlace, el femicidio. Fue el padre quien siguió los pasos del hijo. Dada la tragedia y el vínculo filial entre ambos acusados, El Ancasti consultó con Graciela Moreno, psicóloga del Cuerpo Interdisciplinario Forense (CIF) de la Corte de Justicia de Catamarca, sobre las similitudes y diferencias entre ambos femicidios. La profesional remarcó que “femicida” es un término jurídico-legal que tuvo su origen en el término “femicide” y fue creado a comienzo de los años 70. “Desde el área de la salud mental hablamos de personas con características impulsivas, personas que no tienen control de sus impulsos, agresivas, violentas, controladoras, psicopáticas”, detalló. Al mismo tiempo, aclaró que lo que distingue a la psicopatía es el “hacer sufrir” a su entorno, generando trastornos serios en la convivencia, a veces con recurrentes perjuicios morales, psíquicos y materiales para los demás.  “La personalidad psicopática no tiene un registro del ‘otro’, su accionar está regido por el deseo  de satisfacer sus propias necesidades. Es importante destacar que dentro de las personalidades psicopáticas las hay funcionales y disfuncionales. Las funcionales tienen la capacidad de adaptarse al entorno y funcionar dentro de parámetros socialmente aceptados y obvio que las disfuncionales no se adaptan a esos parámetros”, destacó.

Moreno enfatizó que la psicopatía no es un trastorno mental en el cual está enajenada la  salud mental. Si bien habría rasgos no normales dentro de las características de su personalidad, hay plena conciencia de lo que se hace, se quiere hacer o se planifica, siempre regido por la búsqueda de satisfacción de las propias necesidades como así también de deseos. La mecánica utilizada al momento de concretar el crimen es otro detalle a tener en cuenta. La psicóloga indicó que se trata de una cuestión azarosa, si se tiene en cuenta la definición desde lo legal, “ya que la agresión termina en la muerte y siempre está involucrada una figura femenina como víctima”. Sin embargo, desde el área de la Salud Mental, advirtió que la mecánica o el rasgo principal “es el control del otro, el goce propio del hacer sufrir, el satisfacer las propias necesidades o deseos, la motivación de cumplir con las prioridades personales sin tener un registro de los sentimientos, deseos y necesidades del ‘otro’ porque no hay interés en conocer  ese registro”.

Los femicidios se enmarcan en la cultura machista y Catamarca registra varios asesinatos de mujeres, la mayoría con condena. Para la profesional, la mayoría de estos hechos acontecidos en Catamarca “han  sucedido bajo el concepto de naturalización de la violencia y podríamos decir que con elementos o modos considerados primitivos en relación con acontecimientos similares en otras provincias. Es decir, los elementos utilizados han sido primordialmente el uso de la violencia extrema, tales como ahorcamientos, cuchillos, hachas o machete. Personalmente, no recuerdo el uso de armas de fuego”, comentó.
La psicóloga Moreno aclaró que, más allá del vínculo de sangre (padre e hijo en este caso), el femicidio y la mecánica se deben tener en cuenta muchos factores como “las historias de vida, las características psicológicas y de personalidad de todos los actores en cada situación. Cada caso es particular y hay que mirarlos y estudiarlos como casos únicos y propios”.

El palo y la 
astilla; el árbol y el fruto

“Si bien no es muy común, hay antecedentes de padres e hijos femicidas. Existe uno en una provincia patagónica, donde el padre está condenado por el femicidio de sus dos ex parejas y actualmente, todavía sin juzgar, al hijo, de 20 años ,intentó asesinar a su compañera. 
En este caso la violencia atravesó la familia y se produjo la repetición de la historia. 
La personalidad psicopática se construye por la interacción de lo congénito con lo proveniente del ambiente pero lo disposicional es un ingrediente neutro. 
El contenido psíquico atribuido a lo recibido del entorno social es lo que lleva a las manifestaciones conductuales disvaliosas. 
Por ello, en muchos casos vemos la repetición de historias: padre femicida, como así también hermanos e hijos femicidas”, explicó.

Seguí leyendo

Te Puede Interesar