A casi un año de la trágica muerte de Luis Eduardo Ibáñez (62), ocurrida en el barrio Parque Norte, mañana los únicos sospechosos, Diego Gabriel Navarro y Luis Claudio Barrionuevo Chumbita, se sentarán en el banquillo de los acusados de la Cámara Penal de Tercera Nominación. Ambos están imputados por los delitos de “homicidio calificado por haber sido cometido criminis causa” y “robo simple”.
Fuentes consultadas indicaron que el debate cuenta con la participación de unos 20 testigos. El fiscal Ezequiel Walther será el representante del Ministerio Público Fiscal. Barrionuevo Chumbita será representado por el defensor oficial Nolasco Contreras y Navarro contará con el patrocinio del abogado Orlando del Señor Barrientos.
En la madrugada del 30 de julio del año pasado, Diego Gabriel “Dieguito” Navarro y Luis Claudio “Ñato” Barrionuevo Chumbita habrían ingresado a la casa de Ibáñez, en el barrio Parque Norte de la Capital. Aparentemente, la intención era apropiarse de algunos elementos del dueño de casa. A fin de concretar su propósito, “Dieguito” y “Ñato” habrían golpeado a Ibáñez de manera brutal, hasta provocarle la muerte. Lo golpearon en la cabeza, en la cara y en el cuerpo con al menos un elemento contundente; se estima que habría sido atacado con un trozo de madera de 78 centímetros de largo. También lo habrían golpeado con los puños y un arma blanca. Tal agresión le causó lesiones en el cráneo, hematomas en el rostro, fractura de nariz, golpes y fracturas en la región torácica y, finalmente, un traumatismo encéfalo craneal severo. Luego de la golpiza, “Dieguito” y “Ñato” habrían llevado de la casa de Ibáñez un teléfono celular, un par de anteojos recetados, un par de anteojos de sol, un reloj pulsera y un perfume de Avon.
Ibáñez vivía solo, era pensionado y tenía algunos problemas de salud. "Ya había tenido eventos parecidos. Siempre existía ese riesgo. Quería estar solo. Siempre vivió solo", había contado un sobrino. Horas después, cuando ya se había hecho de día, uno de sus hermanos fue a visitarlo. Al entrar en su dormitorio lo encontró acostado con el rostro ensangrentado y toda la casa estaba revuelta.
Ibáñez tenía una parálisis parcial, que le había afectado una de sus piernas, a causa de un ACV sufrido hace más de diez años cuando vivía en Los Molles, localidad del departamento Santa Rosa. Fue un trabajador rural durante gran parte de su vida y se radicó en ese barrio del norte capitalino por pedido de sus hermanos para poder ayudarlo y cuidar de él. En esa localidad quedó su única hija. El hombre cobraba una pensión mínima por su discapacidad y en su pequeña casa vivía solamente con sus perros pitbull, que los habría criado para protegerse.