Dos familias vecinas, separadas una de otra por una medianera, tenían sus diferencias que fueron incrementándose con el correr del tiempo. El malestar se debía a ruidos molestos por parte de los Quiroga. Sus vecinos, los Amaya, más de un vez reclamaron. Para ellos era imposible evitarlos porque apenas una medianera los separaban pero el ruido atravesaba esa pared.
La noche del sábado 12 de octubre de 2014, Laura Sofía del Valle Amaya regresaba a su casa y tuvo una discusión con sus vecinos, Nicolás Eduardo “Lalo” Quiroga (padre) y Eduardo Maximiliano “Maxi” Quiroga (hijo). Los gritos alertaron a Simón Amaya, hermano de la joven, y “Lalo” amenazó a la familia Amaya. “Los voy a matar”, le dijo y “Maxi” los amenazó diciendo “los voy a cagar a ‘cuetazos' (sic)”, al mismo tiempo que insinuaba sacar algo de su cintura. Luego, Laura Sofía abrió el portón de su domicilio a fin de que ingresara quien por entonces era su novio, un joven de apellido Vaquel. “Lalo” aprovechó la situación e ingresó de manera violenta. Empujó a Martha Isabel Arroyo, la madre de la familia Amaya. La mujer cayó al suelo y se golpeó la cabeza. Acto seguido, Quiroga (padre) empujó con sus brazos a Simón, quien también fue al suelo y sufrió un fuerte golpe. En tanto que “Maxi” agarró del suelo una baldosa de cemento y la arrojó en contra de Laura Sofía. El proyectil impactó en su cara. Finalmente, Quiroga (hijo) y otros jóvenes agarraron piedras del suelo y las arrojaron contra uno de los autos de sus vecinos.
Por lo sucedido, padre e hijo fueron acusados por los delitos de “lesiones leves”, “lesiones graves”, “amenazas” y “daños”. El mes pasado, se sentaron en el banquillo de los acusados de la Cámara Penal de Segunda Nominación.
El fiscal Gustavo Bergesio, en su alegato, considero que “una pena en suspenso podría ayudar. Sería una oportunidad para parar el conflicto. Con suerte, podrían volver a ser buenos vecinos, como antes”. Recordó que los Quiroga y los Amaya eran vecinos y que el problema surgió por el comercio de arreglo de motos de “Maxi”, que genera ruidos molestos. “Todos los vecinos lo reconocieron”, señaló. Detalló que esa noche, cuando Laura Sofía llegó a su casa, comenzó la discusión entre ella y “Lalo” y luego “Maxi” colaboró con la agresión verbal, desde afuera. “Los médicos constataron las lesiones”, remarcó. Para Bergesio, “Lalo” ingresó aprovechando un descuido “y se llevó por delante a la madre y al hijo. ‘Maxi’, envuelto en un fárrago de locura, ingresó con una piedra y golpeó a Laura Sofía”. Los testigos narraron un hecho similar, señaló. Había diferencias sobre la distancia pero todos coinciden en que fue ‘Maxi’ quien arrojó la piedra, destacó.
“Se trata de un conflicto vecinal y, posiblemente, sean vecinos toda la vida. La prisión efectiva podría echar nafta al fuego. Una pena en suspenso podría ayudar”, sostuvo.
Los jueces Jorge Álvarez Morales, Rodolfo Bustamante y Luis Guillamondegui declararon a Quiroga (padre) dos años y seis meses de prisión, cuya ejecución se deja en suspenso. También declararon culpable a Quiroga (hijo), a la pena de dos años y seis meses de prisión en suspenso. A la vez, se ordenó que Quiroga (padre) abone la suma de $ 30.000 en concepto de daño moral y material y que Quiroga (hijo) pague $ 27.000 en igual concepto.
Los magistrados fundamentaron que se trata de delitos dolosos cometidos por personas vecinas, habiendo afectado tanto el derecho de propiedad como la integridad física de las personas. Advirtieron que hubo “empecinamiento puesto de manifiesto para ingresar a un domicilio ajeno y continuar allí las agresiones físicas, lo que demuestra un cierto grado de peligrosidad, actuando además en patota y contra personas entre las que había de edad avanzada”.
En cuanto al resarcimiento económico, los jueces explicaron que la acción civil, iniciada con una causa por un ilícito penal, tiene como fin subsidiar. “Es decir, que su vida queda sujeta a la culpabilidad declarada en sede penal. Es, sin ninguna duda, el caso que nos ocupa, así se entiende al preverse la prejudicialidad de la acción penal sobre la civil en los delitos “criminales”, como se los denomina”, detallaron.
El fatal antecedente
En una noche de enero de 2013, dos familias se enfrentaron en una gresca. Los Juárez y los Álvarez pelearon. No faltaron insultos ni golpes de puño; se golpearon con fierros, palos y una pala ultimó la vida de Javier Álvarez, más conocido como ‘Javito’. En julio de 2014, la Cámara Penal de Primera Nominación, integrada por los jueces Fernando Esteban, Carlos Roselló y Fabricio Gershani Quesada, resolvió declarar culpable a Juan Carlos Juárez (hijo) por el delito de homicidio en estado de emoción violenta y se lo condenó a tres años de prisión y a Juan Carlos Juárez (padre) por el delito de lesiones graves, tuvo una condena de dos años de prisión en suspenso.
Durante las jornadas de debate quedó demostrado que entre los Juárez y los Álvarez hubo una serie de hechos previos, que de un modo u otro enfrentaban a estas familias. Las rencillas habían comenzado hacía unos años y jamás se habían resuelto.