sábado 28 de enero de 2023

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SIETE AÑOS Y SEIS MESES POR TRATA DE PERSONAS EN TINOGASTA

Se aprovechó de su situación de vulnerabilidad para beneficiarse

Celia Aparecida Moreira Pinheiro cumple la pena en su casa, con tobillera electrónica.

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Por Redacción El Ancasti

El Tribunal Oral Federal (TOF) condenó el pasado 22 de marzo a Celia Aparecida Moreira Pinheiro (39), una mujer brasilera, a la pena de siete años y seis meses de prisión. El juez José Camilo Quiroga Uriburu la halló culpable en el delito de “trata de personas por acogimiento con fines de explotación sexual, agravado por la situación de vulnerabilidad y por el número de víctimas”. No obstante, la mujer cumple la pena con tobillera electrónica en su casa, debido a que tiene a su cargo a su hijo pequeño, que tiene problemas de salud.

Celia Aparecida es una mujer brasilera que desde hace años reside en Argentina y, en los últimos años, fijó domicilio en Tinogasta. El 23 de febrero de 2014 la División Trata de Personas de la Policía de la Provincia, con la colaboración de la Agrupación VIII de Gendarmería Nacional “Catamarca”, allanó el local conocido como “La Torre”, ubicado sobre ruta nacional N° 60, al norte de la cabecera departamental tinogasteña. Dentro del inmueble se encontraban Carlos Aurelio Palacios –quien estuvo imputado pero durante el proceso- y Celia Aparecida, la responsable del local y cuatro mujeres, cuyas identidades fueron reservadas, todas mayores de edad, quienes realizaban trabajos como alternadoras. Se secuestraron un libro de pases y un poder otorgado para Carlos Aurelio Palacios a favor de Celia Aparecida Moreira Pinheiro expedido por ante escribano público y $23.118,50. También se encontraron preservativos utilizados y nuevos y otros elementos. “La Torre” tenía un patio cervecero, focos rojo en su exterior y en el interior una barra de atención al público, tres dormitorios con ventanas con rejas y clausuradas con ladrillos, camas y baños privados.

Los clientes que se encontraban en ese local la noche del allanamiento reconocieron que en ese lugar se ejercía la prostitución, y que las mujeres que allí trabajaban como meretrices-alternadoras realizaban “pases”. Precisaron que pagaban entre $200 y $300 ‘el servicio’ por media hora.

‘La necesidad” fue una de las cuestiones que llevó a las mujeres a “La Torre” habían manifestado éstas. “Por copas les correspondería el 50% y por pases el 60%; el dinero que hacía a la noche se lo entregaba a Laila –nombre que utilizaba Celia Aparecida- y cuando necesitaba se lo pedía; empecé a trabajar como meretriz por una cuestión de necesidad”, había declarado una de las mujeres. Otra también señaló a ‘Laila’ como encargada; cuando llegó “La Torre” le dieron alojamiento y que para comida debía pagar $30 diarios, que se los daba a Laila-Celia Aparecida. “El dinero que hacía de noche se lo entregaba a Laila; trabajaba por propia voluntad por no tener otra cosa que hacer y por no tener dinero”, remarcó. A la vez, recordó que personal de Trata de Personas de Córdoba se había comprometido a ayudarla económicamente pero no cumplió. Aseguró que si la hubiesen ayudado “no estaría trabajando actualmente como prostituta”. Una tercera mujer reconoció a Celia Aparecida como la encargada del local. El dinero que ganaba se lo enviaba a su madre y a sus dos hijos pequeños. Remarcó que quien trabaja como prostituta “lo hace por necesidad”.

“Los primeros tres días arreglaba por noche en cuanto a la plata que me correspondía y el descuento que me hacían, pero cuando observé que era medio inseguro tener el dinero en mi poder decidí que la casa me tenga el dinero. Celia era la encargada de realizar los descuentos por los pases y copas. Había tres habitaciones, en una dormía Celia y en las dos restantes se realizaban los pases y dormían”, detalló una cuarta mujer.

La psicóloga de la Mesa Intersectorial de Asistencia a la Víctima del Gobierno de la Provincia de Catamarca, Claudia Vergara, quien participó en el allanamiento y se entrevistó con las víctimas, advirtió en las cuatro víctimas rescatadas que “lo tenían naturalizado. Noté que de acuerdo a los dichos de las chicas que alguien se había quedado con sus documentos y ellas no lo tenían. Ellas manifestaron que trabajan y enviaban el dinero a sus casas”, precisó.

Para el juez federal, se probó que en “La Torre” se estaba llevando adelante la explotación sexual de mujeres de diferentes edades, las cuales eran trasladadas los fines de semana con supuesta connivencia de personal perteneciente a la fuerza de seguridad local. También quedó comprobado que Celia Aparecida acogió a cuatro mujeres mayores de edad en franca situación de vulnerabilidad con fines de explotación sexual en la “whiskería” que ella misma administraba. En ese lugar, las mujeres eran explotadas aprovechándose de su especial estado de vulnerabilidad, para lograr a través de ello un rédito netamente lucrativo por parte de la acusada.

Buscaba a su madre y la halló en una noticia

Conocida la condena, el pasado de Celia Aparecida volvió con una sorpresa. Su hija, Kaliny Alexia de 18 años la buscaba por internet. La encontró por una nota de la condena.

Madre e hija compartieron muy poco tiempo juntas. Celia Aparecida dejó Brasil cuando Kaliny tenía seis meses de vida. La niña quedó al cuidado de su abuela materna junto a sus hermanos y desde entonces no tuvo noticias de su madre, a quien buscó intensamente, valiéndose de la suerte que pudiera tener en los buscadores de internet. Con el auge de la tecnología y de internet, escribía su nombre en el buscador de Google pero no tenía éxito. Los resultados infructuosos se repetían todas las semanas, hasta hace unas semanas. A finales de marzo, la suerte fue otra. Luego de googlear el nombre de su mamá y de encontrar la noticia, se puso en contacto con El Ancasti.

“Durante todos estos años intenté encontrar a mi mamá, digitando tres veces por semana su nombre en Google. En los últimos días tuve noticias de ella a través de su diario”, expresó.

Dio con el paradero de su madre y con otros datos más. Ahora espera poder reencontrarse con su progenitora.

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