En abril del año pasado, la Cámara Penal de Primera Nominación condenó a Marcos Beltramello (26) a la pena de prisión perpetua, tras encontrarlo culpable por la muerte del pediatra Ignacio Burchakchi (71). Cumple la pena máxima, prisión perpetua, tras haber sido hallado culpable por los delitos de “homicidio calificado por haber sido cometido criminis causa” y “robo calificado por el uso de armas en concurso real”. Su abogado defensor Víctor García apeló la sentencia, pero la Corte de Justicia no hizo lugar a la casación. Como última instancia, queda un recurso extraordinario.
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La Corte de Justicia no hizo lugar a la casación de Marcos Beltramello
Marcos Beltramello comparte la condena con su prima Sofía Beltramello (30). Él pasa sus días en el Servicio Penitenciario de Miraflores, Capayán, y ella en el Correccional de Mujeres de la Avenida Colón y Mendoza, en la ciudad capital. El crimen sucedió el 7 de abril de 2015, por la tarde. Los primos Beltramello se presentaron en la casa del pediatra; Sofía e Ignacio habían tenido una relación sentimental durante un largo tiempo, con idas y vueltas, regalos, desconfianzas, viajes, celos y peleas.
Sofía fue empleada doméstica de Burchakchi, con quien habría tenido una relación amorosa y que desde niña había sido paciente de Burchakchi. Marcos Bertramello tuvo roces con la Justicia y tenía un consumo problemático de sustancias y había sido enviado a rehabilitación. El día del crimen, Burchakchi le abrió la puerta a Sofía y la dejó entrar. En un descuido, ingresó Marcos y entre los primos acorralaron a Burchakchi indefenso en el baño, mediante golpes y ataques a su cuerpo con un arma blanca uno de los agresores le insertó un cuchillo tipo Tramontina en el cuello y le dio una patada, con la cabeza apoyada en el suelo. A los pocos minutos, Burchakchi murió, pero los primos continuaron con su plan delictivo. Se llevaron elementos propiedad de la victima: un auto Ford Focus, electrodomésticos, una notebook, un aire acondicionado y la billetera, entre otros objetos.
El debate por este crimen comenzó en marzo del año pasado, en la Cámara Penal de Primera Nominación. El tribunal estuvo integrado por los jueces Fernando Esteban, Carlos Roselló y Fabricio Gershani Quesada. El veredicto condenatorio, con disidencia, fue emitido por los magistrados Esteban y Gershani Quesada.
En la fundamentación de la sentencia se indicó que desde el minuto uno de la investigación penal preparatoria el nombre de una de los coautores estuvo a disposición de las autoridades. “Siempre se supo de Sofía Beltramello y es Sofía quien confiesa e involucra a Marcos Beltramello, no al revés como se intentó infructuosamente probar. Sofía siempre estuvo sospechada y su imputación no devino de un acto antojadizo de su drogado primo”, se remarcó.
La sospecha de que algo había pasado aquella tarde surgió cuando la víctima no se presentó a trabajar y su entorno se preocupó, porque se trataba de una persona muy ordenada, estructurada y metódica. “Características, que Sofía conocía a la perfección, por lo que la hora para efectuar el atraco no fue caprichosa ni producto del azar. El robo debía hacerse antes de que la víctima se retire a trabajar, de otro modo no podría entrar a la casa”, se advirtió. Los testigos coincidieron en que la víctima se preocupaba por su seguridad y la de sus bienes, no se descuidaría de dejar la puerta sin llave.
La única forma de ingresar a la casa era si el doctor abría la puerta y, “es precisamente lo que Sofía aprovechó, a sabiendas que ‘el doctor’ a ella le abriría”. Luego de matar a Burchakchi para poder robarle, Marcos y Sofía sustrajeron del domicilio el auto Ford, modelo Focus, el cual usaron como uno de los medios de transporte para sacar parte de las cosas robadas y luego abandonarlo en inmediaciones del Dique “El Jumeal”, previo a trasladar las cosas desde el auto de Burchakchi hasta el auto de Sofía y retirarse del lugar, no sin antes haber borrado parcialmente las huellas con el objeto de procurar su impunidad.
“Matar al doctor solo fue una parte del plan perpetrado para llevar adelante el robo y contar con todo el tiempo para perpetrarlo y procurar su impunidad no solo borrando las huellas, lo que de hecho hicieron, sino también eliminado a la única persona que los podía delatar. En este luctuoso hecho nada fue al azar. Todo estuvo pensado y calculado con los errores propios de los inexpertos, pero sin dejar nada al azar”, se consideró.