Los magistrados Jorge Álvarez Morales, Rodolfo Bustamante y Luis Guillamondegui, condenaron esta mañana, por mayoría, a Matías Calderón a ocho años de prisión por el delito de “homicidio simple”, contra Mauricio Enrique Albarracín.
- El Ancasti >
- Policiales >
Ocho años de prisión por matar de una pedrada a un joven
El hecho ocurrió en 2017, cuando ambos sujetos se pelearon y Calderón le habría arrojado piedras a la victima provocándole la muerte.
En un primer momento, Calderón era juzgado por el delito de “homicidio preterintencional”, sin embargo, la caratula se cambió a “homicidio simple”.
El tribunal lo condenó por fallo mayoritario, ya que los jueces Álvarez Morales y Bustamante entendieron que la calificación que le correspondía era homicidio simple. Mientras que Guillamondegui estuvo en disidencia, al señalar que le correspondía la primera calificación por la que era juzgado y por la que solicitaba la pena de 3 años.
En tanto, el Ministerio Público, a través del Dr. Gustavo Bergesio, solicitó 4 años de prisión, mientras que la querella pidió 10.
Por su parte, la defensa del acusado, a cargo del abogado Luciano Rojas, adelantó que aguardará los fundamentos para ir en casación, ya que entienden que Calderón debió ser condenado por la calificación original a la que llegó a debate.
El hecho
Mauricio Enrique Albarracín y Matías Calderón se encontraban en un domicilio de la zona sur, el 15 de enero de 2017, en un juego de sapo. Al amanecer, Albarracín y Calderón tuvieron una discusión y comenzaron a pelear. Albarracín salió del lugar en compañía de un amigo; se subieron a una moto y tomaron rumbo a otro lugar. Calderón comenzó una persecución y le tiró, sin éxito, una pedrada. La persecución continuó y volvió a lanzar una piedra. El proyectil le dio a Calderón, en la cabeza.
Albarracín falleció el 10 de febrero. Tras su deceso, Calderón fue indagado pero se abstuvo de declarar. No obstante, lo imputaron por “homicidio preterintencional”. Para los investigadores existe la sospecha de que el acusado actuó con la intención de provocar lesiones a otra persona, con un medio apto para ello aunque finalmente le provocó la muerte. En la primera audiencia, Calderón también guardó silencio.