¿Por qué lo callaste durante tanto tiempo? ¿Por qué no me lo contaste antes? ¿Te guardaste este secreto durante años? ¿Te amenazó para que no dijeras nada? ¿Ahora lo decís? Son algunas de las preguntas que surgen al descubrirse un abuso sexual. Las miradas cuestionadoras se posan sobre la víctima; algunos le creen pero otros dudan. Pareciera que con el correr del tiempo la palabra se devaluara.
Las psicólogas del Departamento de Psicología del Cuerpo Interdisciplinario Forense (CIF) de la Corte de Justicia, Mara Barrionuevo, Nadia Huppi, María Marta Bastos, Karina Cuello y Graciela Moreno de Bergesio, consultadas por El Ancasti sobre el silencio que suelen guardar las víctimas de abusos sexuales, explicaron que existen muchos niveles de silencio que a veces refuerza la dificultad de la víctima o supuesta víctima de no poder verbalizar eso que le habría pasado.
“El silencio en general se traduce como una respuesta inconsciente defensiva de un dolor psíquico. Hay silencios que son ‘intencionales’ como decir ‘el costo de decir puede ser más elevado que el costo de callar’. Eso se define de acuerdo con cada caso y a la edad en que esto pasa. Si es un niño de cinco años, probablemente el silencio no tenga que ver con una cuestión elaborada como la que podría ser en un adulto. Siempre tenemos que definirlo enmarcado en cada caso, a la edad cronológica, al nivel de instrucción y el contexto familiar”, indicaron.
En este sentido, advirtieron que se validan muchos elementos para definir qué pudo haber pasado, sea en la parte judicial cuando llegan los casos de abuso o en la clínica, cuando llegan las consultas de asistencia psicológica: qué pasó en ese caso puntual que sostuvo un silencio. “Siempre tiene que ver con cuestiones defensivas, cuestiones inconscientes y de las conscientes cuáles tienen más o menos costo emocional, entre la palabra y el silencio”, precisaron.
Un contexto socio-político que ampara o no la posibilidad de mayor resguardo en el riesgo de revictimización, en todo el proceso judicial, también influye. Este proceso judicial también es una exposición pública, que la persona y la familia deben acompañar, sosteniendo o boicoteando, dependiendo del contexto en que se haya dado esa experiencia de abuso, aclararon.
Secretos de familia
En ocasiones, los integrantes de una familia pueden tener conocimiento sobre una situación de abuso en la misma casa pero prefieren callar. Las psicólogas explicaron que la familia es un factor fundamental para que la persona pueda viabilizar su demanda personal y su reclamo de lo que tenga que transitar, señalaron. “Por lo general, el abuso sexual es mayormente intrafamiliar, por lo cual hay otros intereses creados. A veces lo económico también es un punto donde, metafóricamente, se sacrificaría a ese miembro, supuesta víctima del delito de abuso, para evitar que ese dador económico y supuesto abusador, como podría ser un padre, vaya a la cárcel y, por lo tanto, el resto de la familia se quede sin el sostén económico. Es un ejemplo, no digo que pase en todos los casos. Cada caso es único pero la familia es un espacio fundamental para abrir o cerrar la posibilidad de la palabra”, advirtieron.
Las profesionales indicaron que este tipo de vivencia suele tener un impacto traumático, que irrumpe de manera inesperada y drástica y cambia por completo la estabilidad emocional de la persona. “Hay personas que tienen un mejor nivel de salud emocional y hablamos de mecanismos de resiliencia, de una posibilidad saludable de adaptación a vivencias traumáticas que le permiten poder conectarse con el hecho y también verbalizar y luego poder hacer una denuncia, sostener y soportar todo lo que ese proceso judicial va a implicar. Hay distintos niveles de experiencia que esa persona, supuesta víctima de abuso, va a tener que transitar”, adelantaron.
Tiempo para poder soltar las palabras
“No cualquiera lo puede transitar en la inmediatez del hecho. A veces, ese tiempo que pasa es el tiempo que psíquicamente necesitó y algunos nunca lo logran para poder elaborar esa vivencia y poder llegar al punto de una denuncia”, precisaron. A veces ese tiempo se traduce en días, en años y algunos nunca pueden verbalizarlo ni siquiera en la intimidad con su actual pareja y formando una familia, en una etapa de adultez, remarcaron.
Al mismo tiempo, advirtieron que no cualquier persona ocupa el lugar de víctima. Entre víctima y victimario hay una relación asimétrica. “El abuso tiene que ver con el trastorno de la persona que ejerce el abuso, no con la condición de la víctima. En la relación intrafamiliar, la relación asimétrica de padres a hijos puede ser como la más general con relación al plano del abuso. También se da entre hermanos o el vecino más cercano. Siempre aquel que tenga mayor incidencia sobre el otro, por amor o por temor, va a tener mayor acceso a poder ejercer ese abuso”, precisaron.