El caso del “baile” en la Escuela de Policías de la vecina provincia de La Rioja (ver página 25) trajo a la memoria una situación similar, vivida en Catamarca hace poco más de un año. Seis jóvenes, aspirantes de la Escuela de Suboficiales, fueron internados dadas altas exigencias en el entrenamiento. Si bien se inició una causa penal, el expediente prácticamente no tuvo ningún avance.
El abogado Lucio Montero, que representa a los jóvenes “bailados”, comentó que la causa se encuentra en la Fiscalía de Instrucción Nº 5, a cargo del fiscal Luis Baracat. Aunque pasó el tiempo, indicó que todavía no hay novedades sobre algún avance en la investigación. El tiempo pasa, el proceso se prolongan y la fecha para que el trámite del expediente expire se acerca. Según contaron los ex aspirantes catamarqueños, pasaron meses recuperándose, tanto física como psicológicamente y la Provincia no les brindó ayuda de ningún tipo.
De acuerdo con las primeras actuaciones, se habían librado oficios para conocer la historia clínica y el estado de salud de los jóvenes, que terminaron hospitalizados por insuficiencia renal. Fuentes judiciales habían confirmado que a la fiscalía fueron giradas tres denuncias y se habían pedido informes al Hospital San Juan Bautista y a un sanatorio privado céntrico, para conocer en forma detallada el estado de salud de los aspirantes internados.
Afortunadamente, y a diferencia de La Rioja, en aquella oportunidad no hubo víctimas fatales y quizás por eso el hecho pasó casi al olvido, como si fuera una anécdota. “En mi caso, sufrí deshidratación, falla renal aguda -los dos riñones no funcionan- pérdida muscular total del tren inferior (ambas piernas). Fui sometido a nueve sesiones de diálisis de 4 horas cada una; estuve tres días en terapia en grave estado. Tengo historia clínica, diagnóstico de psicólogos y también estudios de las secuelas que me dejó en terrible estado de salud por el que pasé”, recordó uno de los jóvenes afectados.
Pese a lo vivido, aseguró que jamás las autoridades provinciales hicieron alguna gestión. “Ni siquiera preguntar por nuestro estado de salud”, expresó. También manifestaron que ingresar a la institución representaba una oportunidad laboral importante. “Cada uno de nosotros tiene familia a cargo y en ese entonces era nuestra única esperanza poder ingresar a la fuerza policial para tener una mejor calidad de vida”, contó.
Sobre las secuelas, recordó que después de salir de la internación, a fines de enero del pasado año, tuvo serios problemas psicológicos post traumáticos, como insomnio y pesadillas, problemas de presión arterial (por la falta de sal en el cuerpo, problemas gástricos e intestinales, entre otros. “Me costó mucho recuperar mí motricidad; volví a correr a los dos meses casi. Hoy en día puedo decir que estoy bien, que puedo trabajar y hacer deporte, nada en exceso, pero lo puedo hacer. Le debo todo a los médicos y especialistas de Hospital San Juan Bautista que hicieron todo para que salgamos del cuadro deplorable en el que caímos y también agradecido a nuestras familias que estuvieron días y noches al lado nuestro”, contó.