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Veredicto en la Cámara Penal de Primera Nominación

Absolvieron al único imputado por la muerte de Pachado

Franco Alfredo "Cabezón" Soto recuperó la libertad. También se ordenó que se continúe con la investigación. A la salida, hubo disturbios entre los familiares.
6 de noviembre de 2018 - 04:10 Por Redacción El Ancasti

Franco Alfredo “Cabezón” Soto se encomendó a Dios; puso su vida en sus manos y escuchó el veredicto que sellaba su destino. Estaba acusado por la muerte de Marcelino Pachado y desde hacía un año y cinco meses estaba privado de la libertad en el Servicio Penitenciario Provincial, ubicado en la localidad de Miraflores, Capayán.
El fiscal Jorge Silva Molina lo acusó por el delito de “homicidio simple en calidad de coautor” y pidió una pena de nueve años y seis meses, que se suman a una condena de seis meses en suspenso, dispuesta en 2016 en la Cámara Penal de Tercera Nominación; en total, 10 años.

Para el representante del Ministerio Público Fiscal había fuertes indicios de participación por parte de Soto en este crimen. Al mismo tiempo, advirtió que el robo del equipo de música es un indicio para establecer el móvil. Silva Molina señaló que una testigo consideró la posibilidad de que el ataque haya sido planificado. 

El abogado de la querella y de acción civil, Leonardo Berber, adhirió al representante del Ministerio Público Fiscal pero pidió una pena de 16 años y un resarcimiento económico por $420.000. En tanto que Luis Armando Gandini, abogado de la defensa, había pedido la absolución porque a su entender, su cliente “es juzgado solo por rumores. Nadie sabe nada. Los familiares de la propia víctima dijeron que todo es por rumores”. 
“Hay dos víctimas: Pachado, quien perdió la vida, y Soto, quien perdió la libertad. Hay dos familias que vinieron a pedir justicia. La familia Pachado no quiere vengarse sino saber quién mató a su padre. La acusación está basada en relatos dudosos. El imputado no es el autor del hecho y debe continuar investigándose”, enfatizó en su alegato.
Pasadas las 9, se reanudó el debate pero Soto no quiso expresar su última palabra. Los jueces Fernando Esteban, Carlos Roselló y Rodolfo Moreno de la Cámara Penal de Primera Nominación pasaron a un cuarto intermedio para deliberar. Luego de más de dos horas, habían resuelto el veredicto.

Por unanimidad, los jueces resolvieron absolver a Soto y se ordenó su inmediata libertad. Sin embargo, por mayoría fue absuelto lisa y llanamente y por minoría, por el beneficio de la duda. De esta manera, no se hizo lugar al planteo de la querella y de la acción civil. También se dispuso girar las actuaciones para se continúe con la investigación y se profundice la causa. 
Una vez finalizada la audiencia y tras haber escuchado que recuperaba la libertad, “Cabezón” Soto agradeció a la divina providencia. “Estaba muy nervioso. Estoy re contento, gracias al Señor. Tengo una nueva oportunidad.
Voy a seguir con el trabajo. ¡Gracias al Señor salí en libertad! Me gustaría que se haga justicia por ese hombre y que se sepa la verdad. No tengo nada que ver. Ahora pienso en salir adelante. Perdí a mi madre por culpa de unos dichos que no eran verdad. Tuve que pasar por cada cosa dentro del Penal por unos dichos que no eran verdad”, expresó.
Sobre las personas que habían difundido los rumores por lo que fue acusado, solamente atinó a decir “¡Que Dios lo bendiga!”. Soto contó que siempre confió pero en estos últimos días no podía dormir.

Ahora, tras recuperar la libertad y sin un culpable por esta muerte, Soto pidió que a los familiares de Pachado, la víctima fatal, que “no bajen los brazos, sigan adelante. Van a encontrar al culpable de don Marcelino Pachado. Era una buena persona, muy querido. Donde iba le abrían la puerta. Cuando tenía nos daba y cuando no tenía no nos daba. Era una buena persona. Me dolió tanto que terminara así. No tengo idea quién le pudo haber hecho esto”, contó.
Sobre la fortaleza que tuvo para sobrellevar estos meses, “Cabezón” Soto comentó que hace un año, mientras estaba en el Penal, comenzó a creer más en Dios. “El pastor me dijo ‘mucha fe, que con la fe se mueven montañas’”. Tal vez su fe le devolvió la libertad.

Disconformes
En tanto que a la salida del debate, en la puerta del Tribunal, la esposa y dos hijos de Marcelino Pachado expresaron su dolor y su descontento. Estaban acongojados. Tenían los ojos humedecidos y la voz entrecortada. Aún así, se mantuvieron en pie para manifestarse.

“Veo sufrir a mis hijos así. Les destrozaron la vida. A mi hija le quitaron la mitad de la vida por andar tras esto. Vine a pedir justicia pero salieron riéndose de nosotros. ¿Qué va a ser de la vida? Debe haber otros culpables”, dijo con profunda tristeza la mujer.
Una de sus hijas sumó sus palabras para su malestar: “Los responsables saben… ¿Por qué no hablan? ¡Que se haga justicia! ¡Qué hablen! Ellos son”. Su hijo también manifestó su repudió por el veredicto. “Ahora hay un criminal suelto. Qué Justicia tenemos. ¿Esperamos que mate a otro para que vaya preso?”, cuestionó.
Luego, se vivió un momento de tensión. Los familiares de Pachado y de Soto se cruzaron. Algunos celebraron la libertad del único acusado; otros se lamentaron por un crimen que permanece impune.n

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