“Dios lo perdonó, yo también lo perdono. Ya lo había perdonado, que Dios me lo bendiga, que sea un buen chico y que desde hoy en adelante tenga una nueva oportunidad en su vida”, dijo Mercedes Leguizamón a Carlos Damián Villacorta. La mujer terminaba de declarar en el marco del debate por el robo que a principios de año había sufrido en manos de Villacorta.
El debate se había desarrollado en la Cámara Penal de Segunda Nominación. El fiscal Gustavo Bergesio, tras escuchar el perdón de Mercedes, solicitó una pena en suspenso. El juez Luis Guillamondegui condenó a Villacorta a la pena de dos años de prisión en suspenso. Lo sucedido en este Tribunal tomó repercusión y en distintas provincias se hicieron eco.
De esta manera, la historia del perdón llegó a oídos de Mario Juliano, juez del Tribunal Oral Nº 1 de Necochea, Buenos Aires, y coordinador de la organización Víctimas por la Paz (VxP). Esta asociación nuclea a personas que sufrieron todo tipo de delitos, sea como víctimas o en la persona de algún ser querido, y que entienden que el mejor camino para afrontar esas circunstancias no es el del odio y la venganza, sino la búsqueda de la convivencia y la integración.
“Algunas personas lo hacen desde una profunda fe religiosa (como es el caso de Mercedes), otras desde una concepción ética y humanista que los lleva a reafirmar la bondad como dato distintivo del género humano. Unos pueden perdonar, aún ofensas gravísimas y no les interesa la respuesta que les pueda dar la Justicia. Otras no les resulta accesible la posibilidad del perdón (al menos de momento), pero reclaman juicios justos, sanciones proporcionadas y un trato digno en las cárceles, sin desentenderse de la suerte de sus victimarios. Todos distintos y diferentes, como distintos y diferentes somos los seres humanos”, contó Juliano.
El referente admitió que una propuesta de esta índole puede aparecer como difícil de comprender para muchas personas. VxP dice que no se trata de ingenuidad ni candidez ni que les resulte indiferente lo que haya que hacer frente a los conflictos sociales. “Por el contrario, se sostiene que la promoción de la pacificación social también es una forma de hacer justicia y despojarse de los lastres que, muchas veces, nos impiden seguir adelante con la vida”, aclaró.
Por su parte, el fiscal Bergesio, quien además es jefe de la cátedra de Derecho Penal II de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Catamarca, tras la experiencia de esta audiencia de debate, observó una importante discusión en la ciudadanía acerca de la posibilidad o conveniencia que opere el perdón por parte de la víctima de un delito para con su agresor. El fiscal y docente indicó que la posibilidad del perdón existe en la legislación actual pero
restringida a los delitos de acción privada únicamente, calumnias, injurias, concurrencia desleal, violación de secretos e incumplimiento de los deberes de asistencia familiar.
En relación con otros delitos, explicó que en principio la dirección en la que la legislación actual discurre es, en este campo, hacia diversas soluciones alternativas a la prisión en muchos conflictos penales, tratando en la medida de lo posible de recomponer el tejido social, a solucionar incruentamente el altercado, componer, resarcir o conciliar.
Sobre el perdón puro y simple en los delitos de acción pública, destacó que aún no está previsto en las leyes actuales ni en las estudiadas para el futuro. “Pero esto no significa que en algunas infracciones en contra de personas en particular (no de lesa humanidad o contra la sociedad ni la administración, interés o seguridad pública por ejemplo) no pueda ser tenido en cuenta por el juez. Cuando en penas divisibles, que poseen un mínimo y un máximo aplicable, el juzgador deba meritar la sanción aplicable, ésta no es una cuestión arbitraria o baladí, sino que el mismo Código prevé una serie de parámetros o guías a tener en cuenta para graduarla”, explicó.
En este sentido, indicó, por ejemplo, en el robo la pena puede ser desde un mes a seis años. Otros indicadores son la naturaleza de la acción y de los medios empleados para ejecutarla, la edad, la educación y las costumbres, entre otros. “Aquí es donde aparecería contemplada a nuestro modo de ver la apreciación del perdón del ofendido. Sabido es que el daño causado implica la pérdida material resignada, pero en muchos de los casos el daño moral o psicológico sufrido supera con creces la privación física o dineraria soportada. Si en un caso particular la misma víctima indica al Tribunal que el desmedro concreto no existe o es ínfimo y que la afección es nula, no hay dudas de que el juez al momento de componer la pena a imputar tendrá en cuenta esa circunstancia y la solicitud de indulgencia del damnificado al otorgarle su perdón deberá tenerse en cuenta”, señaló.
Por supuesto que no se deja de aplicar el correctivo previsto por la ley penal, advirtió, como ha ocurrido en este caso. El juez optó (dentro de los parámetros fijados por el código y jurisprudencia reiterada) por una solución equitativa conforme lo vivido en los estrados enfrente mismo de sus ojos, indicó.
Del dolor y la frustración a las acciones positivas
La organización VxP surgió hace dos años y está integrada por personas de distintas provincias argentinas y de Uruguay que sufrieron las consecuencias de hechos delictivos y que tuvieron la posibilidad de convertir el dolor y la frustración en acciones positivas, rechazando la idea que el mejor modo de afrontar los conflictos se encuentre en el endurecimiento de la ley penal. Las personas que la integran están convencidas de que la paz social se construye promoviendo la convivencia y la integración y que el odio o el rencor solo profundizan la violencia.
Su propósito no es incompatible con la acción de la Justicia. Tampoco buscan confrontar con otras víctimas, las que entienden que la solución de los problemas se encuentra en el aumento de la prisión.
El objetivo es instalar en la opinión pública y en el conocimiento de las autoridades que el concepto de víctima no es patrimonio exclusivo de quienes reclaman venganza, que también hay otras personas dispuestas a contribuir en la tarea de disminuir los niveles con que habitualmente se responde a la violencia. No es olvido, no es impunidad, no es candidez. Es la búsqueda de la pacificación social por la vía de la convivencia, la integración y, hasta en algunos casos, el perdón, se explicó.