“Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra y al que te quite la capa, no le niegues tampoco la túnica”, dice el capítulo 6, versículo 29 del Evangelio de San Lucas. Mercedes Leguizamón, una mujer de fe, siempre lo tuvo presente, incluso ante la que quizá fue su prueba más fuerte: perdonar a quien le había robado. El perdón llegó, se convirtió en noticia y dejó un mensaje.
Esta historia comenzó a escribirse el 16 de febrero, recordó ante la cámara de El Ancasti TV. Mercedes estaba en la parada del colectivo, esperando para poder llegar a su trabajo. Aguardaba sobre la Avenida Santo Domingo, en la zona norte de la Capital. Eran pasadas las 6 de la mañana y había luz. De repente, un muchacho en moto miró hacia los costados. “Pensé este chico me vio sola y me va a venir a robar. Me dijo ‘me das ya la cartera’. Sacó algo de su bolsillo, punzante y lo puso en mi cabeza. Se fue. Quedé paraliza”, detalló.
Pese al angustioso momento, aseguró que Dios apareció, que no la dejó sola. Un vecino pasaba en su auto y Mercedes le hizo señas. Le pidió ayuda y le contó que la habían asaltado. El hombre siguió al malhecho y llamó a la Policía. A los 45 minutos, le informaron que habían agarrado al sospechoso y que se había recuperado su cartera.
Mercedes fue a la Unidad Judicial de la zona y realizó la denuncia.
“Pasó. Primero tenía miedo. Después me olvidé de todo. Ya lo había perdonado”, recordó. Pasaron los meses y aquella denuncia por el robo de su cartera se convirtió en un expediente judicial y la causa llegó a debate, en la Cámara Penal de Segunda Nominación. “Me dijeron que tenía que presentarme a declarar. No sabía qué era. Por primera vez iba a un juicio. Cuando entré, vi que estaba el chico, el juez, los abogados y su abuela”, detalló.
Entonces, comenzó la prueba de fe. Mientras Mercedes ingresaba a la sala de debate se decía a sí misma “Dios mío, vos bendecime. Cúbreme con tu sangre y poné en mi boca lo que quieras que diga”. Mercedes declaró; luego le dijeron que estaba desocupada y que podía retirarse. Su participación en ese proceso había finalizado, pero ella continuó.
“Pedí permiso al juez (Luis Guillamondegui). Quería verle la cara (al acusado). Me di vuelta, lo vi sentado. Era la primera vez que le veía a la cara. Fui y lo abracé. Le dije: ‘M’hijo, Dios lo perdonó, yo también lo perdono. Ya lo había perdonado, que Dios me lo bendiga, que sea un buen chico y que desde hoy en adelante tenga una nueva oportunidad en su vida’”, fueron sus palabras.
El fiscal Gustavo Bergesio, en su alegato, solicitó la pena de tres años de prisión en suspenso. "Me conmovió la actitud de la señora, lo perdonó y lo besó y por lo tanto voy a pedir el mínimo de la pena", señaló. Carlos Damián Villacorta, de 21 años, fue condenado a la pena de 2 años de prisión en suspenso. Pasada la prueba de fe, Mercedes experimentó una grata sensación en su corazón. “Sentí una paz en mi corazón que no tenía precio: ‘Gracias Dios mío por esto que estás haciendo en la vida de este chico y en la mía’”, se dijo, en señal de gratitud.
La noticia ocupó la tapa de los medios gráficos y tuvo repercusión en las redes sociales. Algunos se mostraron a favor y otros en contra.
“El mensaje es perdonar. No saben la paz que se siente en el corazón. Es una paz que no tiene precio, no tiene precio lo que Dios pone en nuestro corazón. Si Dios murió por nosotros porqué no podemos hacer lo mismo. No le conté nada a mi familia. Ahora se deben estar enterando por los medios. Demos trabajo a los jóvenes; démosle oportunidades. Son el futuro del mañana. Hay que darles contención y trabajo, por favor, a todos los gobernantes. No se olviden de los jóvenes”, expresó.
Siempre con Dios en sus palabras, el miércoles, en la Cámara Penal de Segunda Nominación, predicó con el ejercicio del perdón y por sus hechos fue reconocida. n