Como todas las mañanas, Cecilia se preparó para ir a trabajar. Recién amanecía cuando se dirigía a la parada del colectivo. Eran las 6.45 del lunes y debía caminar por la avenida Latzina y Mauvecín, en el barrio Policial, hacia el oeste capitalino, para tomar el colectivo que la llevaría hasta el Centro Administrativo del Poder Ejecutivo (CAPE), ex Regimiento, donde trabaja.
Sin embargo, la rutina dio un brusco giro. Mientras caminaba por la avenida y cruzaba por un pasaje, vio a un chico. Lo pasó y siguió caminando. Escuchó que alguien se acercaba. Se dio vuelta. Quedaron frente a frente.
“Me agarró de los brazos. No había nadie. Solo había un descampado. Grité”, recordó.
También contó que su agresor se agachó, como buscando algo entre sus calzados. Cecilia pensó que quería sacar algo, como una punta u otro elemento punzocortante. “Me pegó en el brazo para sacarme la bandolera”.
El agresor, al ver la resistencia de la joven, la amenazó. Le aseguró que “otros chicos” estaban llegando para que entre todos, en patota, le dieran una paliza.
En medio del forcejeo, solo recordó que se detuvo un auto blanco. El agresor salió corriendo; no pudo llevarse nada. No pudo quitarle la bandolera ni ningún otro elemento.
El conductor del auto buscó al agresor en el pasaje y luego la acompañó hasta que un familiar se acercara a buscarla. Cecilia recordó que fue la primera vez que vivió un hecho como el del lunes.
Comentó que el colectivo de la Línea 105 C no pasa a tiempo, menos ahora, que hay receso administrativo. “El colectivo no pasa y ahora tengo terror de volver a salir”, expresó.