Día martes al mediodía, horario pico para transitar por el microcentro. El tiempo apremia y aún quedan muchas obligaciones por cumplir. Las bocinas suenan al unísono. Dos automovilistas se cruzan en un semáforo; discuten y uno amenaza al otro con que le va a romper el auto y lo va a matar. En un barrio, hay una casa que siempre se la ve con las puertas y las ventanas cerradas. A veces se escucha el grito de un hombre que suena como un trueno; en esa casa una mujer vive amenazada por su pareja, quien le jura que va a hacerle tanto daño como le sea posible. Dos vecinas se guardan rencor porque el perro de una pisa el césped de la vereda de la otra; en el medio del reclamo, se escucha una amenaza: “Te voy a quemar la casa”. Todas estas situaciones terminan en una unidad judicial, plasmadas en denuncias penales.
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A diario se reciben más de 10 denuncias por amenazas
De acuerdo con el Código Penal Argentino, la amenaza es un delito que atenta contra la libertad de las personas. En el artículo 149 bis se indica que será reprimido con prisión de seis meses a dos años el que hiciere uso de amenazas para alarmar o amedrentar a una o más personas. “En este caso la pena será de uno a tres años de prisión si se emplearen armas o si las amenazas fueren anónimas”, se advierte.
Dos hermanas imputadas en una misma causa por homicidio agravado
Luis Miguel Décima falleció por una lesión respiratoria producto de las quemaduras. Tenía el 40% del cuerpo quemado. La principal sospechosa era su pareja.
Gendarme intentó evadir un control
El fiscal Ezequiel Walther, consultado por El Ancasti, comentó que por día ingresan más de 10 denuncias por amenazas y, al mismo tiempo, aclaró que no todo dicho amenazante constituye un delito. “Es un canal importante de conflictividad. No desgasta el sistema sino que incrementa notablemente el caudal de causas que requieren atención. Más de una vez, este incremento es estadísticamente significativo en cuanto a denuncias realizadas pero no a hechos penales típicos relevantes”, explicó.
Sin ánimos de generalizar, Walther remarcó que en la mayoría de las amenazas existe un trasfondo de alguna índole que determina una vinculación permanente o circunstancial de las partes. Esta vinculación puede ser entre comerciante y cliente, o en una relación de vecindad. “En la mayoría de los casos, las partes se conocen de antemano y hubo algo que fue exacerbando el estado anímico que llevó a eso o una mala relación vecinal o el maltrato de un comerciante a un cliente o viceversa”, contó.
Según el fiscal, suceden situaciones en que personas comunes se amenazan en un semáforo “y uno le dice al otro que le va a meter una bomba o que se va a conectar con los extraterrestres para que vengan y lo secuestren si sigue portándose de esa manera”.
No obstante, consideró que algunas circunstancias podrían canalizarse por otras vías, que no tiene que ser la penal. Walther comentó que una mediación sería una alternativa absolutamente apta e idónea para tramitar y resolver el conflicto de fondo “que no lo vamos a resolver por la vía penal”. Un espacio para el diálogo sería mucho más efectivo que una denuncia, dado que la vía penal siempre debe ser considerada la última ratio. Si la amenaza surgió entre vecinos por algunas diferencias, éstas podrían solucionarse con una mediación porque el delito de amenaza podría tener una sanción pero no resolvería el conflicto de fondo.
Las amenazas se producen en un contexto y a veces este delito acompaña el desencadenante de otro, como el de lesiones. En el marco de una pelea callejera ocasional, ejemplificó, no tiene mayor relevancia.
in embargo, aclaró que las amenazas que tienen más trascendencia y más rigor se dan en el caso de la violencia de género. Es decir, cuando surge la reiteración de amenazas sucesivas, periódicas o reiterativas sobre una misma víctima. En estos casos, el tratamiento es diferencial. “En ese marco, tiene un abordaje mucho más serio, por el contexto en el que se está dando y la reiteración sucesiva de hechos contra la misma víctima. Más de una vez es un tipo de violencia de género sobre las mujeres, con esa modalidad. Necesariamente, hay que darle mucha más trascendencia y rigor; generalmente se extreman los recaudos en ese tipo de cuestiones puntuales”, destacó.
En este sentido, detalló que en otros casos, donde ya hubo amenazas previas, se presta más atención. En otras situaciones se debe actuar anticipadamente para prevenir. “A veces una amenaza puede terminar en un hecho más grave”, alertó.