El jefe de Policía, Orlando Antonio Quevedo, decidió desplazar de su cargo al comisario Mauro Damián Camacho, quien se venía desempeñando hasta el martes como máxima autoridad de la comisaría Séptima, seccional que tiene la custodia de una zona históricamente candente en materia de inseguridad, que desde hace varias semanas está en el ojo de la tormenta.
La noche del lunes, un grupo de vecinos se apostó frente a la comisaría ubicada en el barrio Parque América y exigieron la renuncia de Quevedo y de Camacho. Fue una reunión tensa, en la vereda y quienes pusieron la cara fueron los jefes de la Unidad Regional Nº1, área que nuclea a todas las comisarías de la Capital. Los ofuscados vecinos se movilizaron, ya que a la mañana, una señora había sido apuñalada en un asalto, cuando esperaba el colectivo junto a su nieta, a quien debía acompañar hasta el colegio. La mujer fue internada y por fortuna no corre peligro su vida.
Lo cierto es que una vez más los delincuentes actuaron sin importar el momento (lunes a las 9 de la mañana) y el magro botín con el que se alzaron (un bolso con algo de dinero). Con impunidad. Tal como ocurrió semanas atrás con Sebastián Pereyra, a quien asesinaron de un balazo al no poder arrebatarle su teléfono. ¿El lugar? Barrio 11 de Mayo. Sí, también dentro de los dominios de la vapuleada Séptima. La que tenía a Camacho como máxima autoridad. Su cabeza -y la del subjefe- fue la primera en rodar tras la nueva muestra de impotencia de los vecinos, quienes se las ingenian para cuidarse entre ellos creando grupos de Whatsapp y restringen sus salidas para no ser carne de cañón de los delincuentes.
Fabián Cárdenes es el nombre elegido por la Jefatura de Policía para ocupar esa vacante. Al comisario lo avala su paso por la División Investigaciones y haber estado al frente de la comisaría Octava, que tiene jurisdicción sobre los vecindarios del extremo norte y es uno de los territorios más conflictivos de la ciudad.
La decisión de remover a Camacho es un ejemplo de la mirada estrecha que tiene la Secretaría que conduce Marcos Denett ante el flagelo de la inseguridad. El cambio de piezas como paliativo para aplacar la bronca vecinal evidencia la inexistencia de un plan de prevención estratégico para contrarrestar a la delincuencia, consecuencia directa de la exclusión social, de la que se nutren el delito y las drogas.
La sustitución de nombres no mitigará la ola de arrebatos ni los robos domiciliarios.
El error de Denett es no abordar la problemática en forma integral. Por ejemplo, no se conoce si es que existe un mapa del delito, el cual sería una pieza clave para interiorizarse acerca de cuáles son las áreas críticas en las que la Policía debería reforzar la prevención. También se desconoce si es que existen planes o proyectos para trabajar en forma integral con otros organismos del Estado que tienen la función de brindar asistencia social. Mientras el secretario de Seguridad continúe peleándose con la Justicia en lugar de buscar puntos de encuentro, y la inseguridad no sea abordada en forma global, los cambios en las comisarías serán meros cambios de piezas. Lo que falla es el sistema, no el comisario Camacho.
Pablo Vera
Jefe de la sección Policiales-judiciales de El Ancasti