En la noche del 20 de noviembre del año pasado en una casa de la localidad de El Sauce, en inmediaciones de Ipizca, Ancasti, una pelea entre padre e hijo se convirtió en un parricidio. Hugo Orlando Tula (36) fue atacado por su padre, Nicolás Valentín Tula (67), con una cuchilla y un palo, por la espalda. El padre hirió al hijo en el abdomen y en una mano y el joven, para defenderse, lo golpeó con un elemento contundente. El padre buscó una caja de vino y se acostó a dormir. No volvió a despertarse y murió en su cama.
- El Ancasti >
- Policiales >
Su vida corría peligro y se defendió de la agresión ilegítima de su padre
Tula (h) fue imputado por el delito de “homicidio agravado por el vínculo”. En agosto de este año se sentó en el banquillo de los acusados. Los testigos, conocidos y familiares de la víctima y del victimario, contaron que Tula (p) cuando tomaba bebidas alcohólicas era un hombre violento.
Orlando fue abandonado por su madre a los pocos meses de vida. Su mamá era casi una niña y se escapó de la casa por la violencia que sufría al lado de Tula (p). Su padre lo obligaba desde niño a ingerir bebidas alcohólicas y, por ello, el joven no terminó la escuela primaria. Era temeroso de los cuchillos. Quienes lo conocían lo describieron como un hombre respetuoso y solidario que no quería dejar solo a su padre.
Don Tula era un hombre que cada vez que tomaba se ponía violento y quería pelear. Así lo recordaron los testigos. Desde pequeño maltrató a su hijo, tanto física como psicológicamente. El testigo Walter Ramón Ares dijo que don Tula a su hijo “le pegaba con lo que agarraba”. Otro testigo, Antonio Agüero, contó que cuando Orlando tenía 12 años hubo que salir a buscarlo porque su padre lo había perdido cuando regresaba en estado de ebriedad por el campo y de noche. Al margen de las agresiones verbales, le reprochaba a su hijo que le daba de comer y que le tenía que comprar para su higiene personal.
“Él antes me agredió. Una vuelta salió y ha vuelto de noche y me dice ‘¿querés un trago de café al coñac?’. Le digo que no porque estaba engripado; yo ya estaba acostado. De ahí sacó la cortaplumas y me agredió en la mano. Esa herida me curó la enfermera Roldán. Otra vuelta estaba en un negocio y mi papá estaba enojado y ahí me atacó a mí y a otro muchacho con una cortaplumas. De ahí lo han atajado y pasó todo. A él le gustaba el cuchillo. Él me pegaba y yo le tenía miedo por ese motivo. Me agarraba con un chicote y me castigaba”, recordó Orlando Tula.
Los jueces de la Cámara Penal de Tercera Nominación -Patricia Olmi, Jorge Palacios y Marcelo Soria- absolvieron al joven Orlando Tula. En la fundamentación, consideraron que existió una agresión ilegítima de parte de Valentín Tula. Este ataque fue peligroso, sorpresivo y desmedido. La agresión fue del padre hacia el hijo. “Su vida, en ese momento, corría peligro. ¿Pero pudo evitar la agresión? No porque fue sorpresiva y desde atrás, en momentos en que el acusado Orlando Tula se hallaba sentado de espaldas a la puerta por la que ingresa su padre. Tampoco podía salir de la habitación porque la agresión provino desde el lugar en el que se hallaba la puerta de salida. Entonces como no pudo evitarla y tampoco podía salir de la habitación, debió enfrentarla. Es en esas circunstancias que logra quitarle el palo y con él se defiende, golpeando en la cabeza a su padre, quien luego tira la cuchilla y sale de la habitación”, detallaron.
Entre la violencia y el abandono
La vida de Orlando Tula estuvo marcada por la violencia de su padre, Nicolás Valentín. Esta misma violencia causó el abandono de su propia madre, María Felipa Arias. La mujer contó que don Tula era violento con la familia. “Yo tenía 14 años. Cuando estaba viviendo con él, a mí me maltrataba. Me pegaba; me encerraba en la pieza. Era muy celoso y yo era muy chica. Me tuve que ir a la casa de mi madre. Orlando tenía tres meses cuando yo me fui. Me hizo dormir una noche en el campo, a la intemperie, y la madre de él me iba a visitar en el campo, a llevarme “cositas”, entonces yo me fui a la casa de mi mamá. Valentín era de consumir bebidas alcohólicas. Tomaba vino y ahí era cuando maltrataba y actuaba mal. Mi separación fue por eso. Después que me voy, no vuelvo a tener contacto con Valentín; con Orlando tenía contacto en reuniones. No sé si Valentín le habrá prohibido tener contacto a Orlando conmigo”, recordó.
El antecedente de La Villa, Chumbicha
Luis Eduardo Vitale (26) mató de dos puñaladas a su padre, Armando Eduardo “El Gringo” Vitale (52), la noche del 9 de julio de 2016 en el barrio La Villa de la localidad de Chumbicha, departamento Capayán. “Me entrego, me entrego, ya estoy cansando de ser la oveja negra y que le viva pegando a mi vieja”, había expresado, mientras se entregaba a la Policía. Fue imputado por el delito de ‘homicidio agravado por el vínculo’, al igual que Orlando Tula.
En junio de este año, los jueces de la Cámara Penal de Primera Nominación -Fernando Esteban, Carlos Roselló y Fabricio Gershani Quesada- condenaron a Vitale por ‘homicidio simple’ a ocho años de prisión.
La elaboración del voto estuvo a cargo de Gershani Quesada y adhirieron Esteban y Roselló. Tanto en la etapa de instrucción como en el debate, los testigos coincidieron en que padre e hijo tuvieron una discusión, lo que motivó una pelea, que causó la muerte de “El Gringo”. Sin embargo, en el fundamento de la sentencia se aclaró que Luis Eduardo no fue víctima de una agresión ilegítima.
Ante los camaristas el joven reconoció que con su padre no había una buena relación. “Me trataba mal y me pegaba de chico. Era igual con mis hermanos y mi madre”, contó. Como en Ipizca, en Chumbicha había un contexto de violencia intrafamiliar generado por el padre.
Los testigos, una tía, un amigo de la víctima y dos vecinos –uno de ellos ex comisario del pueblo- contaron su versión de lo sucedido aquella noche de esta tragedia y de a poco salió a luz una historia marcada por la violencia familiar y una infancia infeliz. Luis Eduardo es un joven que no terminó los estudios; solo tenía la primaria. Vivía de changas. El cuchillo era su herramienta de trabajo. “El Gringo” tenía tres hijos. Luis Eduardo es el mayor. Alejandra, la hermana de Luis e hija de Vitale (p) contó en el debate que hace unos años se mudó a la casa de su abuela materna. Su padre le había dado una paliza y casi perdió un ojo. Durante el juicio, mencionó, como testigo, el motivo de su mudanza.
Los golpes por parte de “El Gringo” Vitale eran frecuentes para su hijo Luis Eduardo y también para con los demás integrantes de la familia. Recordó momentos de su niñez, cuando su padre lo golpeaba y lo trataba con crueldad. “De niño me largaba desnudo a la calle o al campo. Se enojaba por las notas de la escuela y me pegaba. Una vez me ahogó en un balde de 20 litros”, dijo.
Para los jueces, la violencia familiar estuvo presente a lo largo de la vida del imputado pero antes como víctima. “El hoy penado reprodujo de manera extrema la violencia familiar que había aprendido en su propia familia sufriendo y viendo sufrir y cuya hoy víctima anteriormente habría sido el victimario”, destacaron.