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En julio del año pasado, la pareja asesinó de varias puñaladas Jorge Herrera

Ferreyra y Leguizamón conocerán el veredicto por el "crimen del motel"

El fiscal pidió la pena máxima para los imputados. Los defensores, el cambio de carátula.
18 de octubre de 2017 - 04:10 Por Redacción El Ancasti

Luego de cinco días de espera, finalmente hoy la Cámara Penal de Tercera Nominación dará a conocer el veredicto por la muerte de Jorge Herrera, ultimado a puñaladas, en julio del año pasado, en un motel de la Ruta Provincial Nº 1. Los únicos acusados son Ángel Ariel Leguizamón (32) y Yésica Paola Ferreyra (30), una pareja de Banda de Varela. Ambos están imputados por el delito de “homicidio calificado por alevosía”, que prevé una pena de prisión perpetua, el máximo de la escala penal.  


La semana pasada, en la instancia de alegatos, el fiscal Rubén Carrizo consideró que la prueba obtenida señalaba que ambos son los autores del hecho, por lo que sostuvo de acusación y pidió la pena máxima. Para el fiscal, Ferreyra en todo momento sabía lo que sucedería y no lo evitó o al menos no lo intentó. Carrizo remarcó que fue ella “quien compró el alcohol, vio los guantes y el arma blanca y además es ella también quien atiende la llamada telefónica en la habitación del motel.

Después es la misma Ferreyra quien también  lava la ropa. En la causa se desprende que había dos pares de guantes, o sea los dos los iban a usar para deshacerse del cuerpo”, puntualizó.


Aunque hubo testigos que aseguraron que Ferreyra era una mujer sometida por la violencia de su pareja, para el fiscal “era una mujer que cuando se determinaba a poner coto a la violencia del marido lo hacía. En tres oportunidades lo hizo, las dos veces que hizo la denuncia y cuando viajó a Santiago del Estero. Ellos vivían en un círculo enfermo, en donde se piensa: ‘nuestra familia es normal, los problemas los traen los de afuera’”, detalló. 


Claudio Contreras, abogado de la querella, adhirió al pedido del Ministerio Público Fiscal. En tanto que el defensor de Leguizamón, Vicente Olmos Morales pidió “sentido común” y el cambio de carátula a “homicidio simple”. Su par Mariana Vera, defensora de Ferreyra, pidió la absolución o, en su defecto, el cambio a “homicidio simple”. 


En la primera audiencia, los imputados se abstuvieron de declarar pero se leyó lo que habían declarado en la investigación. Ferreyra es oriunda de Mar del Plata, Buenos Aires, y su padre, su único familiar, reside en Santiago del Estero. La joven conoció a Herrera, en 2015, en la Escuela de Banda de Varela, donde ella trabaja. Una amiga en común los presentó y Ferreyra le contó que tenía una mala relación con su pareja porque la maltrataba. Herrera le había regalado un celular a la joven –quien no tenía teléfono móvil- pero ella no lo pudo aceptar.


Herrera le propuso a Ferreyra llevarla a Santiago del Estero para que estuviera con su papá. Él cumplió y la llevó con sus niños; Ferreyra se quedó tres meses y Herrera la visitaba cada 15 días. Luego, ella volvió a Catamarca y Herrera le alquiló una habitación.


Leguizamón se enteró de lo que sucedía y aunque golpeó a Ferreyra, le propuso reconstruir la familia. Sin embargo, el ‘recuerdo’ de Herrera permanecía en la memoria de Leguizamón.


Ferreyra había contado que su pareja quería que ella se encontrara con Herrera. La joven aseguró que su cónyuge planificó una cita y que la amenazó con matar a sus hijos si no lo hacía. La mujer se contactó con Herrera para verse e ir al motel de la Ruta Provincial Nº 1. Según Ferreyra, fue amenazada por su pareja, quien le indicó que debía abrazar a Herrera. En el estacionamiento del albergue transitorio, al bajar del auto, la mujer abraza a su acompañante y Leguizamón lo apuñaló. “Me las vas a pagar”, habría dicho la pareja de la mujer.


A su turno, se leyó la declaración de Leguizamón. Había contado que Herrera molestaba “a mi señora. Lo quería cruzar para hablar. La obligué a mi mujer para que lo cite”. Había reconocido que lo apuñaló y lo golpeó, herido en el suelo. “Mi señora fue obligada por mí porque era la única forma de encontrarlo”, manifestó.

Testigos
En la segunda audiencia, el dato recurrente entre dos de las testigos fue describir el sometimiento bajo el cual vivía Ferreyra por parte de su pareja.


Indicaron que lloraba mucho, que mientras realizaba su trabajo en la escuela lo hacía llorando, que era una persona muy reservada, sumisa y que no contaba nunca lo que le pasaba. La primera en declarar fue la amiga de Ferreyra, Celeste María Córdoba. La mujer contó que la conoció en la escuela en donde ambas trabajaban. Señaló que la ayudó una vez y la recibió en su casa dos meses porque había dejado la suya por temor a Leguizamón. Puntualizó que era muy buena madre y que siempre lloraba por temor a lo que le pudiera pasar a sus hijos. “Un tiempo dejó de hablarme y le pregunté a uno de sus hijos qué le pasaba a su madre y me respondió que era porque su padre no la dejaba”, recordó la mujer ante el tribunal. Por su parte Silvina Silva, compañera de trabajo y vecina de la imputada, contó que una vez Ferreyra llegó llorando a su casa porque Leguizamón la había corrido y no quería entregarle sus hijos. “Realizaba sus tareas llorando. Nosotros le preguntábamos qué le pasaba pero no respondía, era muy sumisa, callada”, puntualizó.

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