En la segunda jornada de debate por el denominado “crimen del motel”, cinco testigos declararon ante el tribunal de la Cámara Penal Nº3: dos vecinas de la imputada, una amiga, una empleada del motel en donde ocurrió el hecho y el cuñado de la víctima. El dato recurrente entre dos de las testigos fue describir el sometimiento bajo el cual vivía Ferreyra por parte de su pareja. Indicaron que lloraba mucho, que mientras realizaba su trabajo en la escuela lo hacía llorando. Que era una persona muy reservada, sumisa y que no contaba nunca lo que le pasaba. La empleada del motel se refirió a la noche del hecho, en tanto el cuñado de la víctima dijo que no imaginó que Herrera hubiera mantenido alguna relación extramatrimonial.
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Testigos señalaron que Ferreyra vivía sometida por Leguizamón
La primera en declarar fue la amiga de Ferreyra, Celeste María Córdoba. La mujer contó que la conoció en la escuela en donde ambas trabajaban. Señaló que la ayudó una vez y la recibió en su casa dos meses porque había dejado la suya por temor a Leguizamón. Puntualizó que era muy buena madre y que siempre lloraba por temor a lo que le pudiera pasar a sus hijos. “Un tiempo dejó de hablarme y le pregunté a uno de sus hijos qué le pasaba a su madre y me respondió que era porque su padre no la dejaba”, recordó la mujer ante el tribunal.
Por su parte Silvina Silva, una vecina de la imputada, contó que una vez Ferreyra llegó llorando a su casa porque Leguizamón la había corrido y no quería entregarle sus hijos. “Me pidió que la acompañara a hacer la denuncia y así lo hicimos y se reencontró con los menores después”, señaló. Silva dijo que la invitó a que se quedara en su casa si quería pero que la joven regresó a la suya porque los niños querían volver allí.
Silva también era compañera de trabajo en la escuela. “El hombre (Leguizamón) la llevaba a la escuela y la esperaba afuera siempre”, señaló. “Realizaba sus tareas llorando. Nosotros le preguntábamos qué le pasaba pero no respondía, era muy sumisa, callada”, puntualizó la mujer.
La empleada del motel, María Ibarra, no aportó nuevos datos y relató cómo fue la noche del hecho y cuando encontraron el cuerpo de Herrera. Fue coincidente con los testimonios de las otras empleadas que declararon el martes. Finalmente el cuñado de la víctima contó que era una excelente persona y que nunca supo que tenía otra relación. Nunca se hubiera imaginado algo así.
Finalmente Ana Cristina Rocha, vecina de la pareja, contó que la noche del crimen la policía rondaba el barrio porque un ladrón había intentado entrar a una casa. Que después ella subió en el móvil con la policía para ir a hacer la denuncia y que en ese trayecto observó que al costado de la ruta iba caminando sola Ferreyra. “Venía todo de negro, de brazos cruzados”. Contó que la mujer caminaba con la mirada hacia el piso y que ella mencionó en voz alta “mirala a esa la hora que viene, y el otro tonto habrá quedado con los hijos”.
Tras ese testimonio el tribunal pasó a cuarto intermedio para hoy para los alegatos. Podría haber sentencia.
Los tres hijos de la pareja, en Mar del Plata
Ocurrido el homicidio los tres niños de corta edad de la pareja fueron trasladados a la Sala Cuna y posteriormente llevados a Mar del Plata, en donde vive un familiar, el único que podía hacerse cargo de ellos. La medida los alejó completamente de sus padres, principalmente de su madre. Ferreyra solicitó en vano la prisión domiciliaria para poder estar y cuidar de sus hijos. Le fue denegada. Solo mantendrían comunicación telefónica con los menores.
Según los derechos de las niñas, niños y adolescentes ellos "tienen derecho a la vida privada e intimidad y a la vida familiar. Estos derechos no pueden ser objeto de injerencias arbitrarias o ilegales".
Se desconocen los fundamentos por los cuales se denegó esa posibilidad la progenitora teniendo en cuenta que en otros casos sí se otorgaron esos beneficios.