El 23 de enero del 2014, Gabriel Cabrera había estado con su novia en el barrio Eva Perón y regresaba a su casa en moto, cuando al llegar a la intersección de calles Yokavil y Balcosna, fue impactado por otra, cuyo conductor circulaba haciendo "willy". Como consecuencia del tremendo choque, Cabrera sufrió traumatismo de cráneo severo y quedó con serias secuelas. Semanas después el diagnóstico de los médicos fue demoledor para su familia: hemiplejía y la pérdida casi total del habla a raíz de una traqueotomía.
La semana pasada Cabrera pudo declarar por primera vez en la causa que tiene como imputado a Ricardo Bulacios, a quien el fiscal Javier Herrera le endilgó los delitos de "lesiones culposas agravadas" y "prueba de velocidad o destreza en lugar inapropiado".
El Ancasti se dirigió hasta el barrio Altos de Choya en donde Cabrera vive junto a su abuela Lidia quien relató cómo cambió la vida de la familia tras el accidente.
"Cada quince días estamos viajando a Tucumán para su tratamiento. La familia no tiene vehículo pero gracias a la buena voluntad de un vecino que tiene auto podemos llevarlo", contó la mujer. "Le sacaron un pedazo de cartílago para reconstruirle la tráquea y los médicos nos dijeron que se va deteriorando cada vez más". Y añadió "no tenemos dinero para enviarlo a rehabilitación y sin obra social es muy difícil afrontar los gastos".
Gabriel, el día del fatídico accidente, tenía 17 años y trabajaba "cajoneando" en una distribuidora de bebidas. En su tiempo libre se dedicaba a hacer deporte y tenía predilección por el boxeo.
Investigación
Tras el choque, los testigos sostuvieron que Bulacios intentó escaparse cargando su motocicleta, lo que alteró significativamente la escena del siniestro. Esto motivó que se realizara una reconstrucción del hecho el año pasado.
La semana pasada Bulacios fue citado nuevamente a indagatoria debido a la reformulación del hecho, y se abstuvo a prestar declaración.
"Le cortó la mitad de la vida"
"Lo peor de padecer todo esto es que no llega la justicia. Dicen que no fue intencional, que fue un accidente. Pero yo pienso que si a alguien le doy un arma y sale a los tiros a cualquier hora, es consciente del daño que puede hacer. Nunca se ubicaron del daño que hicieron", dice con bronca Lidia Cabrera, al recordar el accidente.
"No me interesa el dinero, me gustaría que, si le dan 2 años, al menos 1 pase adentro para que sufra y sienta la cuarta parte de lo que le pasó a mi nieto", aseveró la mujer y añadió. "Igual no es lo mismo porque cuando salga será un chico normal, y a él ya le quitó la vida".
Gabriel Cabrera tuvo el accidente una semana antes de cumplir los 18 años.
"Él no habla, tiene pérdida de movilidad prácticamente, tenemos que levantarlo de la cama. Lo único que puede hacer es pararse, girarse y sentarse.
De haber sido un chico tan activo ahora lo ve como está", dice y lo señala a Gabriel. "Todas las mañanas salía a correr. Se preocupaba mucho por hacer actividad física".
"Le cortó la mitad de la vida, a él y a toda la familia porque cambió todo", concluyó la mujer.