Los jueces de la Cámara en lo Criminal de Primera nominación dieron a conocer los fundamentos de la condena por corrupción de menores agravada a Alexander Polo Beltrán. Según explicaron, el sujeto actuó con peligrosidad y empecinamiento delictivo, ya que tuvo tiempo de desistir de su acción y no lo hizo. Se pudo saber que si bien Beltrán fue sobreseído por el delito de abuso sexual gravemente ultrajante, se inició una investigación para conocer por qué los padres de dos de las tres víctimas no quisieron radicar la denuncia correspondiente.
Los hechos por los que fue condenado el sujeto, oriundo de Colombia, se originaron el 6 de junio del año pasado. En aquel momento, y utilizando la camioneta de su patrón, Beltrán engañó a un niño de 10 años y a dos niñas de 10 y 13 para llevarlos a un motel, en donde habría abusado carnalmente de una de las nenas y luego corrompió a las dos criaturas de 10 años para que miren y hagan otras cosas pervertidas.
Los jueces determinaron que "resulta evidente que el imputado Beltrán desarrolló sobre la criatura actos materiales idóneos para enviciar y depravar la conducta sexual del niño, para torcer el normal desenvolvimiento sexual del mismo, sometiéndolo a una actividad sexual perversa, por el modo de ejecución, prematura y precoz, apta para generar un despertar sexual en la víctima antes de lo que es natural. Donde incluso le dio a beber bebidas alcohólicas”.
Por esto, y al momento de aplicar la pena de 6 años de prisión, señalaron que Beltrán mantuvo en su contra "la naturaleza de la acción y los medios empleados para cometerla, esto es haber usado una camioneta de su patrón, subir al niño a la misma, trasladarlo hasta un hotel, efectuar las conductas imputadas y salir del hotel dejando al niño cerca de su casa, el reo sin lugar a dudas demostró cierto grado de peligrosidad y empecinamiento delictivo, pudiendo recapacitar en varias oportunidades antes de llegar al hotel pero no lo hizo".
En cuanto a las dos nenas, y basados en el informe de la psicóloga forense, destacaron que "las dos niñas son personas en riesgo, no solamente por el silencio que guardan, sino también los adultos encargados de su seguridad refuerzan ese silencio”, situación que originó una nueva investigación.