Los jueces de la Cámara Penal Nº3 leyeron ayer los argumentos de la sentencia que condenó al "monstruo” de Santa María a la pena de 24 años de prisión tras ser encontrado culpable de dos hechos de "abuso sexual con acceso carnal continuado y agravado por el vínculo" contra sus dos hijas desde que éstas tenían 7 y 11 años. Para los jueces, Jorge Palacios, Marcelo Soria y el subrogante Rodrigo Morabito, el sujeto habría actuado con crueldad y con el objetivo de dañarlas.
Para los jueces quedó demostrado que el sujeto, G.P, abusaba sexualmente de ambas menores; "él era autor de las agresiones sexuales hacia las víctimas, ya que además de los dichos de aquellas, quedó comprobado a través de prueba científica”, dijeron con respecto a la primera hija, quien se habría querido suicidar en una oportunidad ante tanto ultraje y aberración vivida. Manifestaron además que "por los constantes abusos sexuales que sufría queda embaraza en siete ocasiones, de las cuales tuvo seis abortos provocados por el propio imputado y en el séptimo nació el niño D.J.P. Del relato de la víctima se infiere la crueldad en el modo en que desplegaba la conducta delictiva el imputado para cometer las agresiones sexuales, con el claro propósito de ocultar sus actos libidinosos provocaba los abortos”.
"Los episodios sexuales a los que fue sometida durante años provocaron alteraciones psíquicas y emocionales graves, traumáticas y nocivas, que calaron hondo en su estructuración funcional como mujer; no así en el rol y función materna”, explican los letrados.
Para ilustrar, los jueces señalan la narración textual de la denunciante, del momento en que G.P abusa de la hija menor pese a que estaba embarazada y posteriormente le da pastillas para abortar. Este bebé, por el avanzado estado de gravidez no puede ser expulsado, por lo que la menor, entonces de 18 años, llora y grita de tal forma que es escuchada por sus otros hermanos en la casa. "G.P les dijo que yo tenía calambres. Tuve que sacarlo con mis manos, primero la piernitas, por partes, y luego logró salir el resto del cuerpito. Mis hermanos vieron cuando le tiraba el feto a los perros… yo les dije que si había abortado… lo que no les dije en ese momento es que ese bebé era de G.P”.
Con respecto a su otra hermana, quien comenzó a ser abusada desde que tenía 11 años, los jueces también dan por acreditado lo sucedido. Esta niña tuvo dos hijos de su padre. El primero, pese a que él le dio pastillas para abortar, nació vivo aunque prematuro y falleció a los pocos días. La segunda criatura sí vivió. El fiscal instructor Marcelo González ordenó la exhumación del cuerpo de la criatura y los exámenes de ADN dieron positivo.
"La prueba genética con resultado positivo irrefutable permite inferencia válida sobre la imputación, en la que el acusado no ha cuestionado como su defensa técnica en las conclusiones finales. Como lo expresa Eduardo M. Jauchen que "estas impresiones materiales constituyen una firma del culpable”, argumentan los jueces al respecto.
Por último concluyen: "El acusado, padre de las víctimas, aprovechando la relación intrafamiliar, la vulnerabilidad de las víctimas, la violencia física y verbal que ejercía, el temor de las víctimas hacia la figura del padre por esa violencia familiar, le permitió ejecutar los deleznables hechos, con un gran padecimiento por parte de la niñas ahora mujeres adultas".