El Banco de Catamarca, todo un emblema de la economía provincial durante décadas, se derrumbó como un castillo de naipes a partir de la asunción en el poder provincial del Frente Cívico y Social, en 1991. Sin embargo, a pesar de que existieron una serie de denuncias por el vaciamiento presuntamente fraudulento de la entidad, la Justicia nunca avanzó en la investigación de posibles ilícitos por parte de las ex autoridades del Banco.
Las maniobras realizadas serían las de otorgamiento de créditos a empresarios y particulares a pesar de que no contaban con la garantía necesaria, y que posteriormente fueron declarados incobrables.