lunes 13 de abril de 2026

Otra vecina habló de los acosos de Manuel Páez

También dijo que escuchó a un hermano del imputado decir que Páez había estado con Rocío. Declaró también Liliana Sana, madrina de la víctima, quien quedó al borde de ser imputada por falso testimonio.

El testimonio de otra mujer que también manifestó haber sido blanco de los acosos por parte del ex policía Manuel Páez, lo que le produjo inconvenientes con su esposo, fue una de las declaraciones sobresalientes de la jornada de ayer en el juicio oral en el que se trata de esclarecer el asesinato de la adolescente Rocío Ubilla. Además, entre los ocho testigos que se presentaron ayer, dos quedaron en el límite del falso testimonio, uno de ellos es el cuñado del imputado quien pecó de desmemoriado y Liliana Sana, quien manifestó que mintió en una declaración.

Eugenia González fue la mujer que habló sobre los mensajes de texto que recibía insistentemente de parte del imputado. Ella vive a dos casas del domicilio de la víctima y en diagonal de la casa del imputado, y comentó que ella se enteró de que Rocío había desaparecido el 26 de octubre, dos días después del hecho, y que se lo comentó María Reynoso, la esposa del imputado.

La vecina dijo también que Páez solía enviarle mensajes de texto a través de su celular piropeándola y haciéndole invitaciones que la incomodaban, y aseguró que lo rechazó. En una oportunidad, narró que había viajado a Córdoba y que su esposo recibió los mensajes, por lo que ello le generó problemas en su relación.

También contó que un día que su esposo había salido a trabajar a las 6 de la mañana, Páez fue a su casa a golpearle la puerta 15 minutos más tarde, pero que ella no lo recibió. Yo sabía que era el número de él y borraba los mensajes, pero me hartaba graficó la mujer. Uno de esos mensajes, Páez lo envió el día sábados 28 de octubre de 2006, cuatro días después del hecho, y tal circunstancia quedó acreditada en los listados de comunicaciones que proveyó la empresa de telefonía celular.

Al menos tres testimonios se escucharon en la sala de audiencias que dan cuenta de esta cualidad del imputado, que no tenía reparos en molestar a las mujeres del barrio insistentemente, y sin importarle si estaban en pareja o no. Ello va de la mano de los informes psiquiátricos que lo describen como una persona narcisista y que tiene el síndrome de borderline, es decir que vive al límite.

González también narró una secuencia que presenció el día que allanaron la casa del imputado. Según contó, esa noche, mientras se realizaba el procedimiento, un grupo de familiares se había reunido cerca de su casa y comentaban sobre las sospechas que había de que Páez estaba involucrado en el caso. Y aseguró que uno de los hermanos, al que identificó como Chupino, dijo que Manuel la había llevado a no sé donde, refiriéndose a Rocío. No me acuerdo

Uno de los testigos que peor la pasó ayer fue Marcos Esteban Reynoso, cuñado del imputado, quien quedó al límite de ser imputado por el delito de falso testimonio, y fue reprendido por los jueces. Evidentemente nervioso, casi balbuceando las monosilábicas respuestas, poco pudo aportar con su testimonio, pero llamó la atención cuando se le preguntó si conocía a los hermanos del imputado -con quien convivía-, en particular al que llamaban Chupino. Dijo no recordar quién era y que tampoco recordaba los nombres de ninguno. Sin embargo, luego de ser apurado por los jueces, comenzaron a brotar las respuestas de su memoria.

Ramón Antonio Quiroga, un hombre que cría animales en una granja a 300 metros del lugar del crimen, dijo que el lugar solía ser frecuentado por gente que juntaba leña y por parejas.

La jornada comenzó con el testimonio de un policía de Investigaciones, Marcelo Bernabé Ávila, quien tuvo a su cargo el análisis de los informes de las empresas de telefonía celular sobre las comunicaciones efectuadas con los móviles secuestrados. Y explicó cómo se realizó esa tarea y los resultados a los que arribó, entre ellos que Páez recibió una comunicación estando dentro de un área de cobertura que abarca al lugar del crimen.

El listado de testigos de ayer se completó con una docente del colegio al que concurría la víctima, Adela Matilde Leiva; un concuñado de Páez, Juan Marcelo Fregenal, y Vanesa Rodríguez, otra vecina del lugar. En términos generales, confirmaron sus declaraciones anteriores.

Mentí para ayudar

La última testigo en pasar ante el estrado ayer fue la madrina de la víctima, Liliana Sana, quien tenía una estrecha relación de amistad tanto con la menor como con su madre, quien a su vez trabajaba para ella. Aunque su relato no aportó mucho en cuanto al homicidio, llamó la atención que aseguró que mintió en una declaración, lo cual la dejó también al borde de ser acusada por falso testimonio.

Sana había declarado durante la investigación del caso, antes de que apareciera el cuerpo de la víctima, que mientras era buscada recibió llamados en su celular en los que le decían que Rocío iba a ser llevada a Tucumán. Esta versión fue ratificada por Ivana Ubilla en su declaración. Sin embargo, la madrina de la víctima dijo ayer que eso fue mentira, que nunca recibió un llamado de esas características y que lo hizo porque había desinterés de la policía y quería que se movilizara la investigación; lo hice para ayudar. Pero en estos dos años, nunca aclaró esa situación.

Liliana Sana rompió vínculos con Ivana Ubilla luego de que saliera a la luz, durante la investigación del crimen, que supuestamente su esposo, el bombero Daniel Machado, mantenía una relación con Rocío -por ese hecho Machado está imputado por abuso sexual-.

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