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Editorial

Otra ficción del modelo

23 de abril de 2026 - 01:05

Un estudio revela que la reconversión de empresarios industriales en importadores no está derivando en un mercado más competitivo ni en precios más bajos, sino en la consolidación de posiciones dominantes con márgenes de rentabilidad difícilmente justificables.

La apertura de importaciones no sólo no abarata los productos, sino que puede contribuir a encarecerlos bajo estructuras de mercado concentradas. La apertura de importaciones no sólo no abarata los productos, sino que puede contribuir a encarecerlos bajo estructuras de mercado concentradas.

El trabajo, elaborado por Gustavo García Zanotti y Martín Schorr en el ámbito del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, aporta evidencia que desarma uno de los pilares argumentales del actual modelo económico. Los casos relevados por el estudio son elocuentes: en Lumilagro, un termo con costo de importación de $8.178 se comercializa a $44.000 sin impuestos, es decir, 5,4 veces más. En Essen, una cacerola importada a $50.055 se vende a $384.000, multiplicando su valor por 7,7. En Easy, una simple silla plegable pasa de $4.230 a $32.000, mientras que en Adidas una zapatilla adquirida por alrededor de $26.790 alcanza los $100.000 en góndola.

Empresas que hasta hace poco integraban el entramado productivo local, hoy, al calor de la apertura comercial impulsada por la administración de Javier Milei y su ministro Luis Caputo, han mutado hacia un esquema centrado en la importación y comercialización, con márgenes de ganancias exorbitantes.

La apertura irrestricta de las importaciones, combinada con la contracción del mercado interno, ha precipitado un colapso de la producción industrial que deja como saldo inmediato la pérdida masiva de empleos. Los trabajadores desplazados enfrentan, además, un horizonte particularmente adverso, porque la caída del consumo limita severamente las posibilidades de reinserción laboral.

Frente a este cuadro, el argumento oficial sostiene que, aun cuando la apertura genere costos sociales en el corto plazo, su beneficio radicaría en la reducción de precios a través de la competencia externa. Sin embargo, la evidencia presentada por el IPyPP indica que, lejos de trasladar menores costos al consumidor, muchos de estos empresarios reconvertidos optan por capturar rentas extraordinarias, aprovechando su posición dominante en mercados concentrados. Los precios bajos de los productos que estas empresas importan es otra ficción del modelo.

El informe señala que la desindustrialización es parte de una reconfiguración empresaria que erosiona capacidades tecnológicas y productivas acumuladas durante décadas. El resultado es un mercado interno debilitado, con menor empleo, menores ingresos y, paradójicamente, sin el alivio de precios que se prometía.

Lo que está ocurriendo, en definitiva, desmiente la premisa central del actual enfoque económico. La apertura de importaciones, tal como se está instrumentando, no sólo no abarata los productos, sino que puede contribuir a encarecerlos bajo estructuras de mercado concentradas. A ello se suma un costo social elevado, expresado en desempleo y deterioro del tejido productivo.

Frente a este escenario, resulta imprescindible reconsiderar el rumbo. La reactivación del mercado interno es condición necesaria para reconstruir un esquema económico basado en la producción y la generación de empleo.n

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