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Lo bueno, lo malo y lo feo

Tinogasta: la maldición de la Franca

Negro Aroca, artivista catamarcano

2 de octubre de 2026 - 00:05

Me preocupa que desde hace muchos años y muchos gobiernos, le venimos errando fiero a la cosa.

Desde la década del 50 del siglo pasado y hasta 2025, como parte de un plan hídrico para responder a las sequías de la región Este de Catamarca y transformar a esas tierras serranas en productivas, alguien tuvo la genial idea de construir varios diques (Ipizca, La Cañada, Collagasta, Motegasta, Sumampa, Las Tunas, El Bolsón). Todos hermosos, en un entorno natural bellísimo, pero… se olvidaron de hacer las redes primarias, secundarias y terciarias de envergadura tal que les permitiera cumplir su objetivo en calidad y cantidad suficientes.

Pasaron los años, el Estado no acompañó. El dique El Bolsón, para beneficiar al Oeste de Santiago del Estero y Este de Catamarca, según un amigo -viejo zorro serrano- que vive en un puesto cerca de Infanzón, beneficiará a Catamarca “si es que las aguas suban cuestarriba”. En limpio quiso decir que proveemos toda el agua que nace en las cumbres de El Alto-Ancasti, baja al Este y entra a la presa… para beneficio de los santiagueños.

La maldición del agua, diría mi viejo amigo, mientras paleaba una acequia con un hilo de agua.

También en la década del 50, pero en la costa Norte del Salar del Hombre Muerto -puna catamarcana-, se pone en marcha la mina Tincalayu, palabra que deriva de tincal (nombre mineralógico del bórax nativo, compuesto de borato de sodio hidratado) y ayllu (voz quechua, que refiere a una forma tradicional de organización social y comunitaria andina, grupo de personas o conjunto de familias que comparten un territorio, un ancestro común y lazos de reciprocidad).

La maldición del litio, decía don Castillo, sentado en una piedra, junto a la tumba del hombre muerto.

En los 60 se creó, con participación de la Nación, la Corporación del Valle de Catamarca, un megaproyecto para colonizar el Valle central. Entre sus misiones y funciones estaba la de radicar productores para explotar las parcelas. Brillante idea encabezada por el profesor Armando Bazán para transformar en productivas las ricas tierras de Capayán. La realidad nos mostró que la mayoría de los productores eran de San Juan y hoy muchas parcelas no son productivas, incumpliendo el fin para el cual se crearon. Nuevamente, con el paso de los años, el Estado no acompañó y ni hablar de la especulación inmobiliaria.

La maldición de la tierra diría un amigo, flotando en su pileta en una de las parcelas.

Ya en los 70 se pone en marcha un régimen especial de franquicias tributarias para estimular el desarrollo económico, con el fin de atraer la radicación de capitales privados orientado a actividades agropecuarias, industriales y turísticas. Todo era amor y besos hasta que se empezaron a agotar los créditos. Las empresas cargaron sus bártulos y se fueron.

Creo que estamos en una especie de círculo vicioso secular o mejor dicho engualichaus. Otra vez imploro: ¡vuelva doña Inés, vuelva! Creo que estamos en una especie de círculo vicioso secular o mejor dicho engualichaus. Otra vez imploro: ¡vuelva doña Inés, vuelva!

La maldición de las empresas, dice un amigo empresario desde un bar en Palermo Soho.

Por esa misma época cae a nuestra tierrita Minera La Alumbrera tras el oro, plata, cobre, etc.; hicieron desastres en Belén, Andalgalá y el Sur tucumano. Cuando las ganancias mermaron se rajaron -una manera de decir, pues siguen con otros nombres- dejándonos el openpit (upite dixit la cerrorista andalgalina “La Reynamora Azul”) abierto y contaminando. ¿El agua? Bien gracias.

La maldición de la expoliación, se escucha en la mesa donde se reúnen ex intendentes del farwest catamarcano.

Su atención por favor

El 29.08.19 escribí una nota publicada en El Ancasti intitulada “Antofagasta y la maldición del litio” 1º parte y el 08.09.26 (7 años después) “Antofagasta y la maldición del litio” 2º parte (recomiendo leerlas en el digital). Hago esta sugerencia por lo siguiente:

Como si no tuviéramos problemas, cuando la maldición aún no se había extendido y el combate era entre los propios NYC de Antofagasta, la imprecación ligada al litio siguió colonizando nuestra patria (patria en su verdadero sentido: lugar natal o adoptivo al que uno se siente ligado por vínculos afectivos, culturales e históricos).

La cuestión escaló y ahora la guerra es entre antofagastinos (tribu encabezada por el cacique Cusipuma “Puma Feliz”) y belichos (etnia comandada por la cacica Sapa “Soledad”). El lugar del encontronazo o Campo de Marte, sería en los alrededores de El Peñón a 3.500 m s.n.m., donde ya ocurrieron los primeros escarceos.

¿Los motivos? (suenen zampoñas, erkes y cajas): una gran empresa minera extranjera logró el permiso para empezar los laboreos alrededor del volcán Carachipampa, a los pies del mismísimo Campo de Piedra Pomez.

A nadie le importó -ofcourse- que se trata de un área natural protegida, una de las rarezas más imponentes del planeta. Un recurso natural aun no evolucionado a producto turístico, pues antofagastinos y belichos se disputan la distribución de los supuestos beneficios que la compañía australiana Lake Resources, generosamente derramaría en la puna.

La misma piedra

Todo este desbarajuste de la explotación de nuestros minerales parece un chiste por dos motivos:

1º- La hoja nº 1 del Manual del buen administrador, empresario, etc., dice que no debe salir materia prima de su jurisdicción, sino que deben salir productos elaborados, es decir con valor agregado. Uno de nuestros próceres mayores, Manuel Belgrano (1770 - 1820), como un gurú, hace más de 200 años dijo: "Los países civilizados no exportan materia prima sin antes transformarla localmente, de lo contrario estarían creando ocupación en el país comprador y desocupación en el país proveedor. No exportemos cuero, exportemos zapatos".

Pues bien, como lo dijo Ripley's: Believe It or Not!, desde los 60 ¡entregamos materia prima! En el caso del litio es transportado sin control (solo con declaración jurada de parte) a Salta y en el caso del oro, plata, cobre, etc., a Tucumán, puerto de Rosario y al mundo.

2º- Hace más de 50 años seguimos trompezando (catamarqueñismo) con la misma piedra.

La 3º guerra

Si los historiadores dividieron al Gran Alzamiento Calchaquí en 3 etapas, ¿por qué ahora no podemos tener 3 guerras?

Bien, un buen día el flequi de Sebastián se enteró de los beneficios que supuestamente trae una Zona Franca, por lo que don Sebastián le contó al disputado Nóblega. Ni lerdo ni perezoso y sin acomodarse el flequi, consultó a los altos mandos. Al ver el pulgar hacia arriba, se tiró a la pileta y empezó a gestionar la aprobación de una Zona Franca en Tinogasta.

El proyecto, en tratamiento en la Cámara de Disputados de la Nación, seguramente saldrá favorable. Al llegar la noticia a estas tierras y a la voz de ¡ahura! (no aura, que es otra cosa y largo de explicar) se inició nomás la 3º guerra, esta vez entre tinkugasteños, guiados por la troika Nóblega-Pamela-Andrada y fiambalaos, aleccionados por la trinca Usqueda-Quintar-Paulón.

En principio, una Zona Franca es un territorio delimitado donde se goza de algunos beneficios tributarios como la exención del pago de derechos de importación de mercancías, exoneraciones de algunos impuestos o una regulación diferente de estos. Sospecho que nadie sabe a ciencia cierta de qué se trata, cómo funciona, quienes la mueven y se benefician. ¿Advertirán que es un gigantesco negocio para un puñado de empresarios y que la provincia deberá invertir grandes sumas de dinero para construir el predio donde funcionará? Es una zoncera construir dos predios a 48 km de distancia entre uno y otro.

La maldición de la Franca, dice un grupete de conocidos empresarios catamarcanos en un mentidero político de la avenida Illia, los sábados a la mañana.

Pero eso no es todo. Ahora saltó la ¡4º guerra! De nuevo el bendito litio, ahora en el Este catamarcano, en el lugar menos pensado: el cordón El Alto-Ancasti. Tampoco en este caso a nadie le importa -ofcourse- que se trata de un área natural crítica como son las yungas, una ecorregión vulnerable de selvas y bosques subtropicales de montaña.

Impetración

Ciertamente creo que estamos en una especie de círculo vicioso secular o mejor dicho engualichaus. Otra vez imploro: ¡vuelva doña Inés, vuelva!

(Para los más chicos, se trata de “La señora del Portezuelo”, famosa curandera, sanadora, hechicera, chamana, yerbera, aojadora, santera, etc. a la que ninguna maldición se le resistía).

Es nuestra única esperanza.

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