Con la destitución del director del flamante Cine Teatro, la administración municipal de Valle Viejo se supera a sí misma y alcanza una nueva cota en su disfuncionalidad.
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El lastre chacarero
Lucas Salas es un reconocido referente del teatro y de la cultura en general, que había conseguido darle al espacio una dinámica intensa, contrastante con el desempeño general de la comuna. Una perla de eficiencia que, siguiendo una pulsión al parecer irrefrenable, la intendenta Susana Zenteno no se privó de malograr.
Si bien el caso se anuda a una extensa serie, se distingue porque es difícil atribuirlo a las conjuras que la jefa comunal y su equipo señalan invariablemente para justificar los daños autoinfligidos. Salas no responde a ningún sector político y le dieron de baja sin mayores explicaciones.
Nadie salió a desmentir las aseveraciones que el exfuncionario hizo en su descargo. Entre otras cosas, dijo que lo echaron porque se quejó por cómo trabajaban parientes de funcionarios municipales, uno de ellos de la propia Zenteno. “No iban o trabajaban pésimamente mal. Pedí que a dos de los acomodados los saquen o los eduquen y así me fue", explicó.
Tampoco desacreditó el municipio el informe de gestión que Salas expuso y calificó como “implecable y transparente”: regularización del vínculo con las distribuidoras, la programadora Lumière y los encargados del mantenimiento técnico del Cine Teatro “sin expedientes colgados ni formularios pendientes con el INCAA; habilitación de las salas oficiales comercial y no comercial del edificio; llegada por primera vez del formato 3D a Valle Viejo y picos de más de 3.100 espectadores mensuales en la cartelera regular.
La despedida incluyó una descripción lapidaria del régimen municipal chacarero: “La gestión actual ha hecho de la improvisación su arte principal. Prefieren habitar 'La Colmena': un ecosistema de zumbidos estridentes pero vacíos, donde el esfuerzo colectivo no busca el polen de la transformación, sino el almíbar exclusivo para sostener la corona de su Abeja Reina. En ese rincón, los zánganos del privilegio dormitan al sol, custodiando la inercia. Es una arquitectura perversa: las abejas obreras, quienes cargamos el peso de los días sin pausa y entregamos el cuerpo de lunes a lunes, nos volvemos piezas incómodas. En la lógica del enjambre, cuando la luz de quien trabaja amenaza con eclipsar el brillo impostado del trono, la única respuesta del panal es el destierro".
“La Colmena” es el espacio que Zenteno lanzó para tratar de sostenerse cuando deje la intendencia. La Carta Orgánica le impide ser reelecta, pero espera capturar la senaduría o meterse en la lista de diputados, para no tener que resignarse a los puntos índice que el oficialismo procura a quienes sufren infortunios electorales. Debe además administrar su sucesión entre un equipo de colaboradores donde sobran los ñatos con ganas de oler.
El conflicto municipal
Las exactas recriminaciones del exdirector del Cine Teatro Valle Viejo impactan en una escena convulsionada por el conflicto con el SOEM chacarero.
Una vez más tuvo que intervenir el Gobierno, con una maniobra administrativa que puso en alerta a los dirigentes municipales: la clásica conciliación obligatoria de la Dirección de Inspección Laboral para interrumpir el paro incluyó a la Unión Civil de Empleados de la Nación y ATE, de cuya participación en las medidas de fuerza nadie tenía noticias.
El SOEM rechazó que estas entidades gremiales sean parte de las tratativas. Sospechan que los auxiliares gubernamentales de Zenteno pretenden armarles una mayoría de dos a uno en la mesa de las definiciones.
La controversia trascendió las fronteras municipales. Ofrece estribo a la oposición para tarasconear al Gobierno, obligado a comprar la polémica, pero fue propicia también para la inquietante reaparición del sindicalista capitalino Walter Arévalo, que respalda al SOEM contra la casta de la burocracia sindical. En silencio, por ahora.
Paciencia y misericordia
Zenteno podría alegar que Valle Viejo ha sido siempre una caldera de polémicas e internas fraticidas, pero la razonabilidad de tal atenuante se disuelven en cuanto se advierten los costos políticos afrontados por el oficialismo provincial para tratar de blindarla, infructuosamente.
El Gobierno la liberó de sus adversarios peronistas dándoles cobijo fuera del departamento, pero la impericia de la intendenta torna irresistible la tentación de combatirla.
Esto en el frente interno, que no es poco. En el plano institucional, los sistemáticos rescates del Gobierno no sirvieron para comenzar siquiera a revertir problemas crónicos de la comunidad chacarera.
Un caso ejemplar fue el del traspaso del sistema educativo municipal a la órbita provincial, que se hizo contaminado de sospechas debido a que la administración Zenteno pretendía transferirle al Ministerio de Educación empleados ajenos al ámbito educativo y había indicios de que equipos informáticos y otros insumos nuevos habían sido cambiados por otros obsoletos.
El estado de las calles de Valle Viejo es deplorable y a la intendenta no se le ocurre mejor excusa que atribuir el flagelo de los trenes delanteros a la eterna obra de las cloacas, que promete terminar mientras recomienda a automovilistas y motociclistas que anden despacito.
Sobre la insatisfacción por el déficit urbano y de infraestructura, anota episodios desopilantes y bizarros como el Caribegate, que la catapultó a los titulares de la prensa nacional cuando trató de ocultar un viaje a un resort de República Dominicana.
Con poco para ofrecer tras dos períodos jalonados de escandaletes y perpetuos auxilios del Gobierno provincial, instruye a sus tropas de “La Colmena” para que respondan a las críticas con “amor”, pero se ve que no confía demasiado en tal insumo. Más eficaz podría resultarle el respaldo de Lucía Corpacci, que estuvo presente y habló en el acto de lanzamiento colmenero. La paciencia y la misericordia de la senadora parecen ser infinitas, pero podrían no bastarles para amparar a la legión de inservibles que las demandan para la pechadera del año que viene.
El lastre chacarero no deja de sumar kilos y se proyecta sobre la provincia como un emblema de la inoperancia.